Archivo de la etiqueta: Unión Europea

El derecho al asilo y la marca Europa

Lo que está ocurriendo estas últimas semanas en las fronteras húngaras es sencillamente una vergüenza. Dudo que haya una palabra que lo pueda calificar mejor. Después de que el mar Mediterráneo se haya convertido, estos últimos meses, en un cementerio para miles de personas que escapaban de todo tipo de desgracias, la búsqueda de asilo en territorio europeo presenta una de sus peores caras: la práctica pasividad de los países europeos frente a la violación masiva de derechos humanos por parte del Gobierno húngaro. La decisión de la Unión Europea o de los países europeos de acoger a miles de refugiados no es ―y, por tanto, no debe ser considerado― ningún acto de caridad. Acoger a estas personas atrapadas en un éxodo totalmente entendible y justificado por la situación de guerra insostenible en Siria es cumplir con una obligación internacional: la de hacer efectivo un derecho reconocido en muchos instrumentos internacionales, a saber, el derecho al asilo. Por lo tanto, estas personas tienen derecho a ser tratadas con dignidad en el ejercicio de su derecho: el de poder encontrar amparo en otro territorio en situaciones, como esta, en que sus vidas peligran en sus países de origen.

La Europa abanderada de los derechos humanos debe demostrar que no son un negocio que solo hay que tener en cuenta de forma estratégica, y ha de unirse para proporcionar una solución efectiva a la situación actual. En este sentido, mientras sigue con la famosa política de las cuotas obligatorias y las discusiones con quienes se quieran desentender, totalmente o en parte, de esta crisis humanitaria, debe pararle los pies al cinismo del Gobierno húngaro, cuya máxima preocupación parecen ser las bases cristianas de Europa. Unas bases que considera en la cuerda floja si no se reprimen o se cierran las barreras a este colectivo, castigado por una inestabilidad política que la misma Europa, quizás, entienda mejor que los propios refugiados. La hemeroteca no perdona y es el mejor aliado de estos refugiados; es asimismo el peor enemigo de muchos de estos países que ahora consideran o abordan esta situación como una lacra. Lo cierto es que hay quienes estaban dispuestos a armar a grupos rebeldes para derrocar a al-Asad, y hasta los hay que se planteaban atacar en solitario en Siria.

La doble moral de Europa sigue siendo la norma: condenar a algunos países por no ser democráticos y mantener luego toda clase de relaciones con los que no lo son. La crisis de refugiados en Europa es el resultado de este tipo de políticas, que tarde o temprano pasan factura. La doble vara con la que se mide en Europa me hace dudar que se pida resolutivamente a Hungría lo mismo que a Venezuela: que respete los derechos humanos; que, en su caso, respete el derecho al asilo de los refugiados reconocido tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, entre otros. Hay que exigir, sin más consideraciones, el respeto por los derechos humanos en las fronteras húngaras en el más breve plazo posible. Por otra parte, es curioso constatar que el titular de la única institución democrática de la Unión Europea, Martin Schulz, no ha contestado a la última carta abierta, publicada en dos medios de comunicación y a la que seguramente ha tenido acceso, que le ha sido dirigida por ocho jóvenes preocupados por el funcionamiento de la Unión Europea en temas tan serios como este.

Que conste que si hay un favor que hacer a los refugiados no es, en todo caso, el de acogerlos por cierto sentido de caridad o humanidad, sino más bien el de respetar sus derechos; entre ellos, el inminente al asilo. De la pasividad frente a la vergonzosa escena de innumerables muertes en el Mediterráneo a la militarización de las fronteras en Hungría para reprimir «delincuentes», me quedo aún con más ganas de seguir leyendo estos «papeles mojados» en que se reconocen derechos y derechos y que, en la práctica, parecen depender de cada gallo, del capricho de cada Estado.

Entrada en El Huffington Post

Carta abierta a Martin Schulz: por un verdadero Estado Europeo

Estimado Sr. Schulz:

Hace dos años tuvimos la oportunidad de participar con usted en un debate organizado por El Periódico de Catalunyaque tuvo lugar en Barcelona unos meses antes de las elecciones europeas. Durante aquel encuentro, usted supo responder a todas nuestras preguntas sobre la crisis, la relación entre los distintos países europeos y la función de la Unión Europea. Después, tras las elecciones de mayo de 2014, decidió, paradójicamente, pactar con el Partido Popular Europeo para apoyar el nombramiento de Juncker -claro defensor de la austeridad en el sur de Europa- como presidente de la Comisión Europea y el suyo como presidente del Parlamento Europeo. Ahora, tras dos años de su nombramiento, nos surgen nuevas dudas acerca del funcionamiento de la Unión Europea.

En estos últimos cinco años, hemos presenciado cómo los dos primeros rescates a Grecia, que han ido acompañados de medidas de austeridad impuestas por la Troika, no han servido sino para incrementar todavía más el grueso de la deuda soberana griega y estancar, al mismo tiempo, su productividad económica, repercutiendo de forma directa en el aumento de la tasa de desempleo hasta cifras más que preocupantes. Este mismo año hemos visto de cerca la posible salida de Grecia del euro (Grexit) y la presión por parte del Eurogrupo al Gobierno heleno para que aceptase finalmente una tercera ayuda que ha ido acompañada nuevamente por un paquete de reformas. Este nuevo programa, que pareció un duro castigo tras la celebración del referéndum, incluye la subida del IVA, un aumento de privatizaciones y reformas en sus pensiones. Le hemos escuchado instantes antes del referéndumamenazar a Grecia con su salida del euro y posteriormente le hemos leído en El Huffington Post felicitándose por lograr el acuerdo de este tercer programa de ayuda a Grecia. Pero ¿qué tiene de diferente este tercer programa de rescate para no fracasar como lo han hecho los dos anteriores y asfixiar todavía más la economía griega? ¿Cómo puede un país pagar una deuda, reconocida como insostenible por el FMI, si destina la mayor parte del rescate a pagar las deudas con bancos extranjeros en lugar de invertir en su propio modelo productivo? ¿No sería más lógico que aquellos países con superávit como Alemania destinasen sus excedentes para estimular la economía en los países deficitarios como Grecia, España o Portugal, como propone el economista Varoufakis, sin la necesidad de asfixiar su economía con las duras reformas impuestas? ¿Qué función tiene el Banco Europeo de Inversiones (BEI)?

Es muy preocupante que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP).

Siempre que tratamos de comparar el funcionamiento de la Unión Europea con el de Estados Unidos llegamos a la conclusión de que no existe una verdadera unión política en Europa que gobierne por encima de los intereses propios de los Estados de forma independiente. Da la impresión de que la canciller Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble disponen de más poder que el propio Parlamento Europeo, institución que goza de una legitimación democrática directa, en la toma de decisiones financieras europeas. Esto preocupa, pues parece que Alemania se ha beneficiado gracias a la crisis griega con una bajada de los intereses de su deuda segúnun reciente informe del Instituto Halle para la Investigación Económica o con la concesión de catorce aeropuertos griegos privatizados, rentables económicamente, a empresas alemanas como condición del tercer rescate. Al final, todo acaba resumiéndose en el dominio de los poderes financieros en forma de bancos inversores que prevalecen frente al bienestar de los ciudadanos europeos. ¿No da la sensación de que se ha comenzado la casa por el tejado con la unión monetaria en la construcción de este gran Estado Europeo? ¿Acaso no se debería haber comenzado por asentar primero unos valores de solidaridad y fraternidad europea, cimentar las bases de una estrategia política y económica común? ¿No es hora de hacer autocrítica, asumir los errores estructurales en la Unión Europea y tratar de corregirlos?

También es más que preocupante el hecho de que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP). ¿Acaso no tenemos derecho a estar informados y debatir públicamente un tratado tan relevante en la vida de los europeos?

Por último, nos inquieta la falta de reacción de la Unión Europea ante la masiva llegada de refugiados que piden asilo en Europa. Mientras en Europa se debate sobre las cuotas de refugiados asignadas a cada uno de los Estados europeos, a las costas del Mediterráneo siguen llegando cuerpos sin vida. ¿Qué planes tiene la Unión Europea ante esta situación de emergencia? ¿No debería ofrecer más asistencia de ayuda humanitaria a las personas que llegan de forma masiva a las fronteras europeas?

Como puede ver, en estos dos años nos han surgido nuevas preguntas que nos gustaría que nos contestase. Esperamos su respuesta.

Un cordial saludo.

Esta carta ha sido escrita conjuntamente y firmada por Manuel Souto, Eli Dimitry Zetrenne, Paola Lloret, Daniel Pérez, Laura Berbel, Nil Bertran, Ayrin Islam y Azahara Cavanillas.

Carta en El Periódico de Catalunya

Carta en El Huffington Post

Los poderes financieros y el postureo ciudadano (Grecia y España)

TSIPRAS-COCHE-GREC--644x362

La noticia del tercer rescate de Grecia, a raíz de una teatralización de las negociaciones con el Eurogrupo y la posterior aceptación de las condiciones impuestas, así como la fractura interna del partido político heleno, Syriza, nos debe llevar directamente al rincón de pensar. Es obvio que la fractura interna de Syriza no hace sino evidenciar la lucha, tan intensa como contradictoria, de un partido político portador de un conjunto de exigencias de una ciudadanía harta de pagar todos los platos rotos de una crisis que parece tener como blanco solo a los ciudadanos, convertidos en responsables de una situación económico-social totalmente insostenible. Dicha fractura dentro de este partido es síntoma de la situación de quienes dicen apostar por el cambio, pero no están, decididamente, dispuestos a pagar el precio: hay quienes quieren hacer una tortilla habiéndose impuesto, paradójicamente, la línea roja de no romper ni un huevo. La verdad es que el cambio tiene un precio y solo lo merecen y experimentarán quienes estén dispuestos a asumir su coste, los que osen librar la batalla, que no deja de ser una de sentido común, ya que no podemos persistir en una misma política en un determinado país si resulta ser claramente incapaz de proporcionar soluciones satisfactorias a la situación que preocupa.

Si bien casi todos los acontecimientos de nuestro entorno político de estos últimos meses parecen refrendar la famosa cita «Dadme la moneda de un país y no me importará quién hace las leyes», ya va siendo hora de reconocer que los poderes financieros están sobrevalorados. En este sentido, no estaría de más una suerte de revisionismo pragmático para arrojar luz sobre lo que parece estar encaminado a ser considerado no ya una opinión, cuando menos verosímil, sino un hecho, resignadamente irrefutable. No obstante, si hay algo totalmente cierto es que el poder político no es ni tampoco se puede permitir la desgracia de ser esclavo de la máquina financiera. De hecho, no tiene por qué temerla, ni mucho menos aceptar sus diktats, ya que en ningún momento ha dejado de ser lo que es: el poder institucional que decide a todos los niveles.

Los poderes financieros utilizan el poder político como herramienta para preservar y proteger sus intereses, y hacen de las instituciones el espacio que permite a la clase económicamente dominante convertirse en la políticamente dominante. Hoy en día, la dimensión donde esta premisa tiene más contundencia es la Unión Europea, organización internacional de integración en la que los Estados ceden aspectos propios de su soberanía para una gestión común. Así, por lo tanto, queda definido el campo donde el establishment compone un espacio idóneo para el ejercicio de sus intereses.

Los poderes financieros utilizan el poder político como herramienta para preservar y proteger sus intereses, y hacen de las instituciones el espacio que permite a la clase económicamente dominante convertirse en la políticamente dominante…

Frente a la osadía y el chantaje de los poderes financieros no solo hay que resistir, sino también dejar en evidencia su cinismo, su desprecio por la dignidad de colectivos enteros y su carencia del más mínimo sentido de justicia. A este respecto, la mejor resistencia es la alternativa construida, promovida e impulsada desde, por y para los ciudadanos. La idea de que siempre hemos jugado ingenuamente al juego de estos magos financieros esperando una paradójica victoria mientras respetamos torpe y escrupulosamente todas y cada una de sus reglas es un hecho: nos hemos animado a entrar en un sinfín de partidas amañadas a conciencia, con las reglas ya definidas y en las que todo está ya atado y bien atado. Los trucos siguen siendo los mismos: hacernos creer que no hay alternativas posibles a la situación actual. Pero ¿quién dijo que tenemos que jugar todos a lo mismo, y que no podemos, bajo ningún concepto, redefinir las reglas?

Cuando la necesidad de cambio nos rezuma por cada poro de la piel y se seca con el primer viento que sopla en contrasentido; cuando la comodidad de lo inseguro bien seguro nos ata a los pies del inmovilismo político y social, es justo cuando el poder financiero descansa y se impone sin piedad. Por lo cual, solo un mandato político lo suficientemente claro a llevar una política de reafirmación de la soberanía de los pueblos es capaz de provocar un cambio estructural real. En esta dura lucha que requiere constancia sobra el postureo ciudadano, porque no tiene cabida en ningún plan serio de cambio. Hace falta apostar, de forma resolutiva y sin más consideraciones, por unas políticas claras de justicia, igualdad y bienestar ciudadano.

Cuando la necesidad de cambio nos rezuma por cada poro de la piel y se seca con el primer viento que sopla en contrasentido, es justo cuando el poder financiero descansa y se impone sin piedad

Actualmente, gracias a las redes sociales, los ciudadanos –a la vez que usuarios– gozamos de mayor capacidad comunicativa y organizativa, y disponemos de un entramado comunicativo inmediato, a distancia y con características expansivas ilimitadas. La disponibilidad de medios comunicativos por parte de la ciudadanía debilita el poder de imposición discursiva que ha formado parte de la actuación tradicional de los poderes económicos y, por lo tanto, crea espacios de empoderamiento para la lucha social. Dentro de la censura actual, aún queda cierto margen para la movilización ciudadana. Las próximas elecciones deben ser el toque de partida del cambio, un punto de inflexión en la corrupción que carcome el poder político y la afirmación de que apostamos por una nueva forma de hacer política, por y para los ciudadanos: sin diktats. Estamos todavía a tiempo de reaccionar, y de evitar así hacer lo mismo mientras esperamos, paradójicamente, resultados diferentes.

Este artículo ha sido escrito conjuntamente con José Miguel Resina

Entrada en El Huffington Post

Francia: el voto del miedo

Con más de cuatro millones de votos, la extrema derecha francesa, liderada por Marine Le Pen, se ha impuesto en las elecciones europeas como la primera fuerza política de Francia. Dicho en otros términos, se cuentan por millones los ciudadanos franceses que han visto en la xenofobia, el populismo y el ultranacionalismo una solución para salir de la crisis en la que se encuentra estancado el país. La instrumentalización tendenciosa de ciertos colectivos por determinados sectores y la manipulación de informaciones tanto por políticos como por ciertos medios de comunicación son factores claves para entender esta victoria más bien histórica del Frente Nacional francés.

Lamentablemente, parece imposible evitar que la historia se repita, incluso en sus etapas más trágicas. No olvidemos que una situación similar se vivió en Alemania hace menos de un siglo, cuando Adolf Hitler llegó a la presidencia mediante unas elecciones democráticas. No obstante, nadie en su sano juicio discute hoy el alto precio que la humanidad tuvo que pagar por sus ideas: ni más ni menos que un holocausto, uno de los acontecimientos más abominables de nuestra historia. La decepción de que se vuelvan a cometer los mismos errores es aún mayor cuando proviene de un país como Francia, con un perfil más bien respetado históricamente, cierto; aunque manchado con la sangre de millones de seres humanos esclavizados, sobrexplotados y tratados como meros objetos. Oh, la France ! ¡Qué recuerdos los de aquellos tiempos!

El discurso del miedo ha acabado imponiéndose en un contexto de desesperación de la ciudadanía francesa, desilusionada por la inoperancia práctica de sus partidos más representativos. François Hollande no ha estado a la altura de su presidencia, y ha roto innumerables promesas e ilusiones de un país cansado de la política de austeridad de su antecesor, Nicolas Sarkozy. Hollande, que en su campaña defendió contrarrestar la política de austeridad impulsada principalmente por Alemania, una vez en el Elíseo cedió casi automáticamente ante los designios de Berlín y hoy apoya las mismas políticas que tan enérgicamente rechazó en su campaña, base de los votos y el apoyo recibidos. Así fue como cayó rendido a los pies de quien realmente decide: Angela Merkel (y compañía).

La victoria de la extrema derecha en Francia es una de las consecuencias más graves de las promesas rotas por políticos que engañan a su población o que no han sabido defenderla debidamente y, por ende, plantarle cara a un sistema que casi reduce a los jefes de Estado a meros títeres. Sinfonía total en la política impuesta. El riesgo es que la población desesperada y frustrada se refugie pidiendo ayuda a lobos disfrazados de defensores, totalmente dispuestos a vulnerar sistemáticamente los derechos humanos. El hecho de buscar un chivo expiatorio en un colectivo que no sabe especular para eludir a los verdaderos responsables de la crisis económica ya se ha convertido en una constante, cuando todos sabemos quiénes son los verdaderos responsables.

Frente a esta realidad, creo oportuno reivindicar —y reivindico— una nueva separación de poderes y una nueva forma de organización del Estado moderno, para evitar que situaciones como esta se reproduzcan. La prensa, siempre que sea libre, debe constituirse como un cuarto poder, junto con el ejecutivo, el legislativo y el judicial, encargado este último de controlar la transparencia en materia de informaciones comunicadas para evitar que se distorsionen y lleven a situaciones de engaño de la sociedad entera. La prensa debe poder investigar a los responsables de los demás poderes e incluso a otros actores políticos, que están obligados a comunicar información veraz bajo pena de incurrir en la comisión de algún delito. Una prensa cuyos miembros sean votados por los ciudadanos, independientemente de la actividad de los medios privados existentes tanto nacionales como internacionales.

La desesperación, la venta de promesas a bajo precio y el discurso del miedo son fundamentales para entender la victoria de la extrema derecha en Francia. Esta victoria es un revés a la sensatez, y significa la culminación del engaño a gran escala. Hay que alertar del riesgo de que la extrema derecha se imponga en los países del entorno porque, al menospreciar la dignidad de colectivos enteros, es imposible que pueda contribuir al desarrollo de una sociedad moderna y libre.

Todo apunta a que la próxima Francia de Marine Le Pen será muy atractiva, a juzgar por las recientes declaraciones de su presidente de honor, Jean-Marie Le Pen, sobre la enfermedad del Ébola en África. A seguir, pues, construyendo este proyecto haciendo acopio, a la vez, de toda la tinta necesaria para escribir nuevas páginas de la historia pasando por encima de quien haga falta. Y dentro de algunos años, con un poco de conciencia, a pedir perdón por las barbaridades cometidas, como hizo Nicolas Sarkozy sobre las atrocidades perpetradas por la Francia esclavista durante siglos. La France! Cada día más atrayente.

Entrada en El Periódico de Catalunya

¿Primero los de casa?

A raíz de la crisis, se están imponiendo en España nuevas reglas de juego entre los inmigrantes, la población autóctona, el mercado de trabajo y las políticas sociales. Lo cierto es que, cuando las cosas iban bien, los extranjeros eran bienvenidos para trabajar en los sectores que los españoles descartaban, como la agricultura, la construcción y el servicio doméstico. En este sentido, los extranjeros contribuyeron claramente al crecimiento de la economía española, con lo que se incrementó también el tamaño del mercado de bienes y servicios. Esto fue posible porque antes de la crisis existía cierta tolerancia al empleo sumergido de los inmigrantes irregulares, debido a la insuficiencia de la mano de obra española para trabajar en empleos mal remunerados.

Ahora, con la recesión, parece que los inmigrantes ya no sirvan ni sean útiles para la economía. La misma salvación se ha convertido en un problema, y los inmigrantes estorban a la economía y a la sociedad. Después de haberles sacado todo el provecho se los ataca como causantes de la desgracia económica, y se los castiga con la discriminación y la marginación social.

Esta discriminación va en aumento: el auge de ideologías y partidos de extrema derecha con una clara tendencia xenófoba es hoy patente en muchos países de Europa. Hay varios ejemplos, como el del Frente Nacional de Marine Le Pen, en Francia, que se perfila ya como la segunda fuerza política en el país para los próximos comicios europeos. También Grecia constituye el paradigma de los partidos neonazis en la Unión Europea, con el partido Amanecer Dorado, que actualmente se erige como la tercera fuerza política del país. Este partido ha multiplicado por 18 su número de votantes en solo tres años gracias a la distribución de alimentos y la prestación de ayudas y atención sanitaria exclusivamente a los ciudadanos griegos. La representación de este tipo de partidos en Europa ha aumentado asimismo en otros países como Noruega, Letonia, Austria, Chipre, Bulgaria, Croacia, Finlandia, Dinamarca, Italia, Suiza y el Reino Unido.

Algo similar ocurre en España, concretamente en Valencia, con el reparto de alimentos solo para españoles en paro el pasado 29 de marzo en el barrio de Orriols. Este reparto claramente discriminatorio fue organizado por la oenégé Hogar Patriota María Luisa Navarro, vinculada al partido España 2000. Dicha formación política está siguiendo las pautas de Amanecer Dorado al prestar ayuda solo a españoles para ganar más adeptos. Conviene no olvidar tampoco a Plataforma per Catalunya (PxC), que en las elecciones generales de 2011 obtuvo el apoyo de 59 000 electores pese a los discursos racistas, antimusulmanes y populistas de Josep Anglada. Este tipo de partidos e iniciativas no hacen más que incentivar el odio entre la población, ya que defienden el racismo, la xenofobia y la discriminación como solución a la crisis.

Actualmente, muchos españoles han emigrado y están emigrando para encontrar trabajo. Surge entonces la pregunta de si a los partidarios de la ultraderecha les parecería bien que a los españoles los discriminaran en los países a los que llegan. ¿Cómo se sentiría un español al ver que le niegan las ayudas, la sanidad y el trabajo solo por ser extranjero?

No olvidemos que, antes que ciudadanos de un país, somos humanos y personas dignas e iguales. Discriminar a alguien por su origen étnico o por su lugar de procedencia, y negarle por ello la satisfacción de necesidades básicas como la alimentación y la sanidad, es inhumano. La solución al paro no consiste en expulsar a los no autóctonos. Es necesario buscar alternativas, solucionar el problema de raíz y acabar con el hambre y la miseria en el Tercer Mundo (por mucho que a la elite económica no le interese). Podrían endurecerse las políticas de inmigración europea como se hace en algunos países como Australia, sin que eso se traduzca en colocar cuchillas o trampas mortales en las vallas fronterizas. Porque, ante todo, hay que tener presentes los derechos humanos, la tolerancia y el respeto hacia todas las personas independientemente de su origen.

Entrada en El Periódico de Catalunya

Votar es fácil con los ojos cerrados

Votar es fácil con los ojos cerrados

El próximo 25 de mayo se celebrarán las elecciones europeas, en las que podremos elegir a los cincuenta y cuatro eurodiputados españoles y, de forma indirecta, al presidente del Parlamento Europeo. Votar en estas elecciones puede ser una buena oportunidad de manifestar cuál es el camino que queremos que tome Europa, además de una tarea sencilla si tenemos en cuenta el esfuerzo físico que supone: basta con desplazarse hasta el colegio electoral correspondiente, escoger una de las papeletas e introducirla en la urna. Ejercer nuestro derecho a voto solo puede resultar un poco más complicado si queremos ser conscientes de qué es lo que estamos votando y cuáles serán las consecuencias de nuestra elección, aunque la realidad demuestra que el esfuerzo no solo merece la pena, sino que además es necesario.

Sin ir más lejos, en España, muchos de los votantes del Partido Popular se sorprendieron y se indignaron al darse cuenta de que la reforma de la ley del aborto se incluía, aunque tratada de manera muy imprecisa, en el programa electoral presentado para las elecciones generales de 2011. Muy probablemente, la mayoría de estos votantes indignados desconocían en su momento la propuesta de reformar la ley porque no habían leído siquiera el resumen del programa. Al descartar como motivo de nuestra elección la información proporcionada por el partido, únicamente podemos votar basándonos en la imagen e impresión que tengamos de los políticos, influidos por lo que nos digan familiares y amigos o por lo que escuchemos en radio y televisión.

Si nos dejamos guiar por lo que vemos y oímos en los medios de comunicación corremos el riesgo de votar por inercia a los partidos mayoritarios, que son los que gozan de mayor visibilidad mediática y disponen de más recursos para gastar en las campañas electorales. Es por ello por lo que los partidos políticos destinan elevadas cantidades de dinero a propaganda, publicidad y marketing durante las campañas electorales, conscientes del gran efecto que causan en los potenciales electores y de los montones de votos que pueden conseguir mediante una buena estrategia publicitaria. En este sentido, llama la atención que los partidos que han celebrado primarias abiertas para presentarse a las próximas elecciones europeas, como EquoPartido-X o Podemos, apenas hayan tenido repercusión mediática, mientras que aquellos que recurren al famoso ‘dedazo’ para elegir a sus candidatos son los que ocupan diariamente las portadas de los periódicos.

“Votar sin informarse es como cruzar la calle sin mirar”. Este fue el mensaje transmitido por el Jurado Nacional de Elecciones en Perú en una campaña para concienciar a la ciudadanía y pedir a los limeños que votaran responsablemente. Que un camión nos atropelle por votar a un partido cuyo programa electoral no hemos leído es bastante improbable, pero si no nos preocupamos ni nos esforzamos por informarnos sobre lo que votamos puede que acabe por arrollarnos el presente que estamos viviendo. Debemos ser conscientes de que votar sin estar bien informados puede ser tan improductivo (y, por qué no, contraproducente) como intentar montar un mueble sin consultar el manual de instrucciones, o tan peligroso como tomar un medicamento sin leer antes el prospecto. Ahora que disponemos de una herramienta tan útil como internet es sencillo saber un poco más acerca de las elecciones europeas y de cuál es nuestra situación respecto a otros países europeos, contrastar las diferentes alternativas políticas y elegir la que mejor se adecue a nuestras preferencias. No esperemos a que la información venga a nosotros, demos nosotros el paso hacia ella. En nuestras manos está la responsabilidad de elegir el rumbo que queremos para esta nave llamada Europa. La opción de lanzarnos por la borda ya quedó atrás. Ahora nos toca evitar que este barco continúe navegando a la deriva indefinidamente.

Bipartidismo

Entrada en El Periódico de Catalunya 

Europa: o todo o nada

Las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina, pero bien poca resonancia parecen tener entre gran parte de la ciudadanía que las relega a un segundo plano como si en absolutamente nada la concerniesen. La desafección política está consumada; es un hecho. La impasibilidad de que dan muestra los ciudadanos frente a las próximas elecciones parece encontrar su explicación en la creencia de que son prácticamente incapaces de cambiar el rumbo de la atestada nave en la que viajan millones de europeos. Los protagonistas indiscutibles de las elecciones europeas son los políticos, que se nos presentan como los únicos que realmente tienen algo que ganar. La indiferencia de gran número de ciudadanos es una clara manifestación de este sentimiento. Ante esta realidad, se impone una pregunta urgente: ¿hacia dónde vamos? O mejor dicho: ¿hacia dónde queremos ir?

La elevadísima tasa de paro en España, que afecta sustancialmente a los jóvenes, sigue dando escalofríos, y la inmediatez de las perspectivas de mejora no está a la altura de las necesidades de la mayoría de los ciudadanos. ¿De qué ha servido Europa en esta situación de crisis que con tanta dureza golpea a ciertos países de la Unión, entre ellos España? El deber de solidaridad se ha esfumado y ha dejado lugar a intereses nacionales encubiertos en aras de un interés colectivo cada día más desbaratado. Las políticas de austeridad supuestamente aplicadas por y para Europa están empujando a los ciudadanos al borde del peligroso abismo del peor de los desamparos. La solución —dicen— pasa por no gastar, y ello implica recortar gastos a cualquier precio. Sí, a cualquier precio. Y la moral de los ciudadanos se desmorona ante las acuciantes e insostenibles medidas impuestas, que los dejan al margen de las decisiones adoptadas y los someten a las soluciones más drásticas, habida cuenta de las consecuencias sociales que llevan aparejadas.

Muestra de esta falta de solidaridad son las recientes propuestas del Gobierno de Angela Merkel consistentes en expulsar de Alemania a todos los ciudadanos comunitarios que no encuentren trabajo en un plazo de seis meses, que resultan indignantes, o cuando menos preocupantes, por cuanto vulneran los principios fundamentales de la Unión Europea. Restringir estos derechos a los inmigrantes comunitarios, que no buscan sino mejorar sus condiciones de vida, es un claro síntoma de que, a estas alturas, la solidaridad en la Unión no es más que una ficción al servicio de unos pocos según les conviene. Al fin y al cabo, ¿quiénes dirigen desde Europa?, y ¿para quiénes? Por todo ello, permanecer impasible ante las próximas elecciones es un error. Es necesario apostar por aquellas opciones que velan de verdad por la mejora de la situación de los ciudadanos y, si no las hay, crear la alternativa necesaria.

Por otra parte, el riesgo de desmantelamiento de la Unión Europea desde dentro, de resultas del resurgimiento de ciertos partidos políticos claramente antieuropeístas, debe llevar a la ciudadanía a participar en las elecciones para ceder el timón a los que creen en un proyecto común para Europa, pero sobre todo a quienes dan prioridad a los ciudadanos, no solo antes de las elecciones sino también después; un trabajo que, pese a requerir tiempo, es perfectamente factible además de altamente aconsejable. ¿Quiénes están dispuestos a pelear por los derechos de la ciudadanía, a fomentar y, en su caso, a exigir solidaridad y reciprocidad dentro de la Unión? ¿Quiénes no toleran que los ciudadanos, las principales víctimas, sean los que realmente paguen el precio de la crisis? ¿Quiénes son capaces de luchar por una verdadera justicia social en Europa? Los ciudadanos deben exigir mecanismos de control más efectivos, que consisten en poder intervenir en las decisiones o, en su caso, en supervisar la gestión de los dirigentes con mayor frecuencia, tanto en los ámbitos nacionales como en el comunitario.

Así pues, los representantes de la Unión Europea deben asumir ciertos sacrificios en beneficio de la solidaridad y entender que los intereses colectivos europeos tienen que prevalecer sobre los suyos propios, porque esta Europa a varias velocidades solo es dignamente viable si está compensada por una buena dosis de fraternidad. Y es que la instrumentalización de la Unión Europea para enmascarar los verdaderos intereses de unos cuantos en detrimento de los colectivos es inadmisible. En este sentido, los ciudadanos europeos tienen en las elecciones una oportunidad única de hacer oír sus voces y de marcar el paso hacia la Europa que quieren; de lo contrario, corren el riesgo de seguir siendo víctimas de tantas y tan graves contradicciones como la que irónicamente aventura el periodista Iñaki Gabilondo: “terminarán obligándonos a fumar”.

Europa: o todo o nada. La regla es sencilla, y tiene que ser esta.

Entrada en El Periódico de Catalunya