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Rescatemos a los autónomos

Rescatemos a los autónomos

Con una tasa de desempleo juvenil que alcanza el 53,8%, un servicio público que continúa colapsado y las grandes empresas escudándose en la crisis para seguir precarizando a sus trabajadores, el autoempleo se perfila como una de las pocas opciones profesionales para buena parte de los jóvenes españoles. Sin embargo, adentrarse en la aventura emprendedora en este país puede convertirse en una verdadera carrera de obstáculos que el trabajador por cuenta propia tendrá que sortear solo para empezar, lo cual no garantiza -ni mucho menos- la viabilidad económica de la empresa a largo plazo.

Ante todo, el autónomo debe enfrentarse a los trámites burocráticos que requiere la creación de una nueva empresa o la declaración de inicio de una actividad económica profesional. A pesar de que España ascendió el año pasado desde el paupérrimo puesto 142 hasta el 33 en facilidad para crear empresa según un informe del Banco Mundial, todavía estamos por debajo de la mayoría de los países de la zona euro, y son necesarios seis procedimientos y 13 días de media para que una empresa eche a andar. Unos trámites que a menudo deben realizarse presencialmente y a los que hay que sumar, una vez iniciada la actividad, la farragosa burocracia periódica y las lamentables condiciones impuestas por la Administración, según las cuales los errores o los descuidos solo se pagan caros cuando los comete el autónomo.

Sin embargo, la verdadera odisea emprendedora comienza al afrontar las elevadas cuotas de cotización a la Seguridad Social en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos: unos 265 € mensuales sobre la base mínima. Esto es: más de 3000 € de gastos fijos anuales solo en cotizaciones, que no incluyen, entre otras, la prestación por desempleo. Ante esta realidad, las medidas propuestas por el Gobierno en su habitual política parchista pecan de precipitadas y están pensadas únicamente a corto plazo, y demoran y tapan con lodo el problema de fondo en lugar de solucionarlo. A la cacareada tarifa plana de 50 € para fomentar el autoempleo es difícil acogerse debido a las numerosas limitaciones e incompatibilidades, y en todo caso se aplica solo durante seis meses, tiempo a todas luces insuficiente para asentar la actividad económica de cualquier empresa. Mientras tanto, en países vecinos como Francia o Portugal, las cotizaciones se calculan en función de los ingresos reales, una fórmula proporcional que permite afrontar con más facilidad los primeros años de establecimiento del negocio. Recientemente, la revista Forbes ha publicado una lista comparativa con las condiciones, cuotas y pagos que corresponden a los autónomos en distintos países europeos que deja en evidencia las carencias -y la tremenda desproporción- del sistema de cotización en España.

Además de abonar la cuota mensual de 265 €, el autónomo debe hacer frente a las declaraciones trimestrales del IVA y retenerse un porcentaje mínimo del 15% a cuenta del IRPF en las facturas, lo que merma considerablemente su liquidez. Por una parte,el rotundo fracaso del IVA de caja, un criterio de pago reclamado por los autónomos durante muchos años, arroja aún más luz a la estremecedora realidad económica de un Estado en gran medida financiado -a coste cero y en condiciones envidiables- por sus trabajadores por cuenta propia. Por otra parte, el sistema tributario español actual está diseñado para favorecer a las grandes fortunas mediante una estructura impositiva regresiva gracias a las sucesivas reformas del IRPF impulsadas durante los últimos años, que han ido reduciendo la presión fiscal sobre las rentas más elevadas a expensas de la ejercida sobre la clase media. Por si fuera poco, no contentas con las ventajas fiscales que benefician a las grandes compañías, ciertas multinacionales -entre ellas el 95% de las empresas del Ibex 35facturan en España pero pagan sus impuestos en paraísos fiscales, y lo hacen amparadas por la ley. Como se recuerda en el episodio «Emperdedores» de Salvados, Google tributa el 40% en Estados Unidos y el 4% en el resto de los países. Así, mientras las pequeñas economías se asfixian y muchas de ellas se ven obligadas a sumergirse para subsistir, las grandes empresas nadan a sus anchas como tiburones en la superficie y presionan para imponer sus propias condiciones amenazando con trasladar sus capitales a otros países.

Las dificultades burocráticas, las desproporcionadas cuotas de cotización de los autónomos y las injustas contribuciones fiscales suponen una inmensa barrera para los jóvenes -y no tan jóvenes- que quieren emprender en este país. Cada día aparecen nuevas peticiones para exigir cuotas más asequibles y proporcionales a la facturación efectuada o una legislación fiscal empresarial que sea justa y equilibrada. Si queremos fomentar la cultura emprendedora y la creación de nuevas empresas para reactivar la economía española, habrá que empezar por plantearse si las condiciones para ello resultan las más adecuadas. O cambiamos las reglas del juego o los autónomos están condenados a perder antes siquiera de empezar la partida. Rescatemos a los autónomos. Todavía estamos a tiempo.

Entrada en El Huffington Post

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Contrato de prácticas

Acabas la carrera, o estás a punto de terminarla. Te planteas la idea de iniciarte en el mundo laboral de lo que has estudiado. Envías algún currículum sin demasiado éxito, por no decir ninguno. Vale, todos sabemos que “la cosa está mal”, pero no deja de resultar un poco frustrante. Te empiezas a informar, decides preguntar a conocidos de la facultad cómo les ha ido al terminar la carrera. Algunos te cuentan que, cansados de buscar trabajo, decidieron seguir estudiando, ya sea un máster o similares. Otros sí que trabajan, pero en empleos sin ninguna relación con sus estudios; de hecho, no necesitan esa preparación para el trabajo que desempeñan, y se sienten algo decepcionados: “Sigo buscando de lo mío, pero de momento no sale nada y continúo aquí”, dicen. Y los sueldos no son para tirar cohetes, por supuesto.

Las gran mayoría de las personas que conozco que desempeñan trabajos relacionados directamente con sus estudios tienen un contrato de prácticas o de becario. No hace mucho, por ejemplo, supe de la situación de una compañera de la facultad que estaba muy contenta porque acababa de terminar la carrera y ya tenía “trabajo” gracias a que había podido firmar un convenio de prácticas con la universidad y la empresa, y más contenta aún porque le pagaban un sueldo —que no le llega ni para ser mileurista— por ocho horas diarias. ¿A qué situación hemos tenido que llegar para que un recién licenciado, que ha pasado más de cuatro años entre libros queriéndose labrar un futuro digno, se alegre, y mucho, de tener un empleo tan precario?

En España, esta práctica está muy extendida. Sin ir más lejos, algunos de los integrantes de este blog han trabajado con este tipo de contrato. El del becario a menudo se podría describir como un trabajo con pocas responsabilidades en el que se cobra bastante poco; sin embargo, no por eso trabaja menos. Muchas veces estos contratos son tan abusivos que sus “beneficiarios” trabajan prácticamente tanto como otro empleado más de la empresa; eso sí, cobrando mucho menos. A veces incluso les dan la esperanza, no muy clara, de un futuro contrato fijo. Es obvio que para las empresas la jugada es ideal.

El problema es que a menudo (aunque no siempre) se cometen graves abusos, especialmente en España, como demostraron los resultados de una encuesta publicada por la Comisión Europea, y la consecuente advertencia por parte de dicha organización, en los que se reflejaba la precariedad de estas condiciones laborales.

Aunque sin duda lo peor de todo es la dinámica a la que nos ha arrastrado esta situación. Porque ¿qué ocurre si te ofrecen un contrato de prácticas de seis meses, a una hora de transporte de tu domicilio, por ocho horas al día sin cobrar remuneración alguna? Que si tú lo rechazas, alguien lo aceptará. Como ocurre con otras muchas prácticas abusivas, todo terminaría si nadie las tolerase.

En cambio, lo que más se oye decir es: “Ahora, si quieres entrar en el mundo laboral, es así, con un contrato miserable de prácticas y hasta que te quieran hacer fijo”. ¿Cómo hemos podido llegar a encontrar normal trabajar un número considerable de horas en unas condiciones tan precarias?

Entrada en El Periódico de Catalunya

Los jóvenes estamos en crisis

Abandonar el nido, salir del cascarón, terminar los estudios, independizarse: todo aquello que configura el considerado orden normal de la evolución personal del ser humano parece destinado, en los últimos años, a verse truncado por una crisis que nos han impuesto. Una recesión económica, social y laboral de una situación en la que disfrutaron unos pocos (y lo siguen haciendo) y por la que hoy en día la mayoría nos vemos perjudicados. Un perjuicio que se ve reflejado en las dificultades que tenemos los jóvenes en la búsqueda de un trabajo digno, con su correspondiente sueldo equitativo y un hogar donde poder desarrollarnos como personas, formar una familia, crecer interiormente.

Esto, básicamente, es lo que busco yo, un joven en el que quizá te veas reflejado, tú o alguno de tus familiares o amigos. Un joven de veintiséis años que ha trabajado duro desde que tenía dieciséis. Como muchos otros de mi edad, he ido combinando varios empleos, todos temporales, con los estudios de bachillerato para poder ayudar en casa; hoy me puedo sentir afortunado por estudiar un grado superior de aquello a lo que me gustaría dedicarme y por tener un trabajo estable en el que, además, me siento muy a gusto. Y, como a tantos otros, me gustaría independizarme; algo que, en vista del precio de la vivienda y de la falta de estabilidad del mercado laboral, me da miedo. Un miedo que comparto con miles de jóvenes en nuestro país que, además, no pueden beneficiarse de ayudas para el alquiler porque los pisos que buscan, de menos de 36 metros cuadrados, por no tener cédula de habitabilidad, no cumplen los requisitos. Sin ir más lejos, tengo un conocido que, con un empleo de camarero de fin de semana, ¿cómo se podría pagar ni que fuera una habitación, con sus gastos básicos, además de los estudios? Hoy en día, muchos jóvenes, sin la ayuda de sus padres, poco pueden hacer, y todos sabemos que, aunque los padres lo dan todo por sus hijos, no estarán ahí siempre.

Esto es lo que pido desde aquí, desde espacio creado por EL PERIÓDICO DE CATALUNYA desde el que se me brinda la excelente oportunidad de expresarme tal como pienso, a las autoridades responsables de esta situación: que busquen la practicidad y la aplicación moral de unas ayudas que excluyen a gran parte de la población, en especial a los jóvenes que buscan independizarse. Déjense de habladurías y reproches desde el hemiciclo y modernicen sus mínimos para poder ayudar así al máximo de personas a realizarse. Que el pago del alquiler no se lleve más de la mitad de un salario mientras el resto está destinado al pago de los estudios, con crédito o sin él. Y es que salir del cascarón cada vez es más caro y más difícil, pero hay un precio que no estamos dispuestos a pagar: nuestra dignidad.

Entrada en El Periódico de Catalunya