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Ada Colau, alcaldable con Barcelona en Comú: “Si aspiras a controlar los recursos públicos de toda una ciudad hay que dar máxima transparencia y ejemplaridad”

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Ada Colau Ballano (Barcelona, 1974) se convirtió en una de las caras más conocidas del activismo social en España como portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, con la que consiguió durante cinco años hacer frente a los desahucios y reivindicar la dación en pago. Un año después de haber dejado la portavocía de la PAH, Colau ha dado el salto a la política encabezando la plataforma ciudadana Barcelona en Comú, con la que se presentará como candidata a la alcaldía de Barcelona en las próximas municipales del 24 de mayo. Algunas encuestas la sitúan como favorita para ganar las elecciones.

Barcelona en Comú nace para rescatar las instituciones y hacer frente a la situación de emergencia social que sufren muchos colectivos en Barcelona. ¿Cuáles son las prioridades y los mayores retos a la hora de recuperar Barcelona?

Nosotros hemos distinguido tres bloques prioritarios. En primer lugar, nosotros surgimos porque en Barcelona existe una clara situación de emergencia económica que pone en peligro la vida de la gente. El hecho de que Barcelona sea una ciudad con muchos recursos pero mal distribuidos debido a las políticas actuales ha originado que se dispare la desigualdad y ha propiciado que existan barrios mucho más ricos que otros. Por tanto, queremos hacer una política que permita hacer frente a esa desigualdad y que garantice al mismo tiempo los derechos básicos (vivienda, alimentación, sanidad, educación). Este sería el primero de los tres bloques. El segundo sería generar ocupación y luchar contra la precariedad reorientando el modelo productivo. Es decir, hasta ahora Barcelona ha hecho una apuesta muy fuerte por el monocultivo del turismo fomentando un modelo económico insostenible a largo plazo. Por tanto, habría que apostar por el comercio de proximidad o por la rehabilitación energética y urbana en general, sectores estratégicos que puedan generar ocupación de calidad y no precaria, además de un modelo económico de futuro y sostenible. El tercer bloque sería mejorar la calidad democrática de nuestras instituciones, luchar contra la corrupción y las malas praxis, para lo que hemos aprobado un código ético mediante un proceso participativo.

¿Cuáles son las principales premisas de este código ético?

Hemos limitado el número de mandatos a dos ―excepcionalmente tres si se valida mediante una consulta ciudadana― y el sueldo de los cargos electos a 2200 euros como máximo, además de eliminar las dietas por asistir a reuniones o los coches oficiales. Por otra parte, también proponemos algunos mecanismos de rendición de cuentas como, por ejemplo, la publicación de la agenda, que incluya no solo los actos públicos, sino también todas las reuniones que se lleven a cabo. Además, incluimos la posibilidad de revocar los cargos en caso de que haya incumplimiento de los compromisos.

Hace poco has publicado en tu blog personal tu declaración de bienes y tu declaración de la renta. ¿Crees que la única forma de combatir la corrupción es mejorando los mecanismos de transparencia?

No es la única manera, pero creo que la publicación es una cuestión de mínimos. Si aspiras a controlar los recursos públicos de toda una ciudad hay que dar máxima transparencia y ejemplaridad. Después de todos los casos de corrupción que ha habido debería ser obligatorio y no voluntario publicar tanto la declaración de bienes como la agenda con los actos públicos y reuniones. Hay que reivindicar transparencia para que la ciudadanía pueda vigilar, pero al mismo tiempo también se deben mejorar las leyes para combatir la corrupción, como por ejemplo acabar con las puertas giratorias. Es decir, hay que hacer todo lo posible para prevenir los casos de corrupción mediante mecanismos de transparencia, pero también hay que penalizar la corrupción para terminar con la impunidad.

Entonces, el hecho de que haya más corrupción en los países del sur de Europa que en los del norte ¿es debido a que tienen mejores mecanismos de transparencia en sus instituciones, o hay que tener en cuenta otros aspectos socioculturales?

En cualquier caso, si existe una cultura de tolerancia o impunidad es porque se ha creado o fomentado. Clarísimamente, en España esta cultura de la impunidad nos llega del franquismo, cuando las mismas élites que habían controlado la economía durante la dictadura con unas malas praxis propias del caciquismo se mantuvieron prácticamente intactas tras la transición. Por tanto, la cultura democrática es algo que se construye y que se puede cambiar mediante incentivos. Hay que preguntarse a quién le interesa este discurso de que España es un país de pillos o pícaros donde todos somos potenciales corruptos. Este discurso solo les interesa a los grandes corruptos que quieren que nada cambie.

Barcelona en Comú ha sido la primera candidatura municipal que ha sometido la elección de consejeros de distrito a primarias abiertas. ¿Cómo se llevo a cabo este proceso?

Hasta ahora los partidos políticos siempre han designado a dedo a los responsables de cada distrito. Por tanto, la elección directa de los consejeros de distrito es una demanda histórica del movimiento vecinal en Barcelona con la que se pretende incrementar la vinculación entre representantes y representados. Como el número total de consejeros que vamos a tener no se sabrá hasta después del resultado electoral, hemos realizado una elección simbólica de un consejero por cada distrito. Cuando sepamos el número total se elegirá al resto de la misma manera, mediante unas primarias abiertas donde puede presentarse quien quiera y votar cualquier vecino de Barcelona.

Y ahora se acaba de elaborar el programa del partido, en el que los ciudadanos han aportado sus propuestas mediante la tecnología de DemocracyOS. ¿Cómo evalúas el uso de las nuevas tecnologías como herramientas democráticas?

Evidentemente, lo presencial sigue siendo imprescindible, pero es verdad que las nuevas tecnologías proporcionan herramientas baratas para que todos los ciudadanos puedan participar en la toma de decisiones. Es increíble que las administraciones no las estén utilizando en pleno siglo XXI. Por nuestra parte, hemos conseguido que participen miles de personas aportando ideas para elaborar el programa.

¿A qué crees que es debido que Barcelona sea el cuarto destino que más defrauda al turista?

Todos estamos a favor del turismo, pero de una manera sostenible. Actualmente tenemos en Barcelona un turismo que está totalmente fuera de control en manos de los grandes lobbies, que sacan beneficios a través de la sobrexplotación del turismo de masas. Por una parte, este modelo es injusto para los vecinos que viven en los barrios más afectados, donde sufren problemas de convivencia y de especulación, ya que encarece el alquiler de las viviendas y el comercio de proximidad acaba cerrando. Y por otra parte, si dejamos que el turismo sea explotado por los mercados que solo piensan en sacar beneficios a corto plazo, la identidad de la ciudad acabará por ser arrasada. Esto se puede ver en Ciutat Vella, donde cada vez quedan menos vecinos y van quedando únicamente las mismas tiendas que hay en cualquier otra ciudad. Esto acaba por destruir el alma e identidad de la ciudad y acaba defraudando al turista.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades que habéis tenido a la hora de cerrar la confluencia con Podem, ICV-EUiA, Procés Constituent, Equo?

Me gustaría dejar claro que Barcelona en Comú es ante todo una confluencia con la gente, no una simple coalición de partidos. Por otra parte, hemos querido sumar el esfuerzo de todas aquellas organizaciones políticas que crean que hay que cambiar las maneras de hacer política hacia un modelo democrático donde los ciudadanos sean los verdaderos protagonistas y donde los objetivos que tenemos en común vayan por delante de las siglas. Este proceso de confluencia no fue una tarea sencilla ya que se debieron conjugar las diferentes culturas de cada partido. Finalmente se trabajó para formar una lista electoral donde todo el mundo se sintiera representado pero sin que funcionase por cuotas.

¿Y las discrepancias con las CUP?

Nosotros les invitamos a participar en el proyecto ya que entendíamos que coincidíamos en lo básico y estuvieron participando al principio en la elaboración del código ético. Sin embargo, finalmente se distanciaron ya que discrepaban en algunos aspectos como la limitación del sueldo. También fueron críticos con la presencia de ICV por haber participado en gobiernos anteriores de la ciudad. Nosotros entendemos que si quieres formar un proceso amplio para ganar hay que sumar el máximo de esfuerzos, donde cada uno debe ceder un poco. Pero es totalmente legítimo que la CUP vaya sola y nosotros siempre tenemos la puerta abierta a cualquiera que comparta los objetivos.

¿A qué se debió el cambio de nombre de Guanyem Barcelona a Barcelona en Comú?

Cuando presentas una candidatura con opciones de ganar te empiezan a pasar muchas cosas raras. Primero, un asesor del PP valenciano solicitó registrar el logo de la marca, y luego, más tarde, un personaje bastante siniestro, Julià de Fabián, registró dos días antes que nosotros el nombre de Guanyem como partido a nivel estatal. Lo hemos impugnado jurídicamente, pero todo esto tarda en resolverse y cambiamos a este nombre, que nos gusta.

¿Has recibido algún tipo de censura en los medios de comunicación?

Digamos que he recibido un trato desigual. En algunas ocasiones ciertos grandes medios, aquellos que tienen una relación de dependencia con los bancos, me han censurado, ridiculizado o incluso tratado de criminalizar. Creo que es importante que tratemos de explorar los diferentes medios que existen. También ahora, por suerte, disponemos de internet y las redes sociales, que nos permiten proporcionar información propia y directa que antes no teníamos.

Hace poco te pudimos ver junto a Wyoming apoyando tu candidatura. ¿Es siempre importante la presencia de algún personaje mediático para dar visibilidad a la candidatura?

Sí, pero no se trata simplemente del apoyo de alguien mediático; gente mediática hay mucha. Wyoming es alguien que se ha comprometido con determinados valores y ha defendido posturas incómodas que muchas veces le han podido costar su puesto de trabajo.

Entrevista en El Huffington Post

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Sueños, deseos y compromisos

Guanyem Valencia

 

Xosé M. Souto González. Profesor de didáctica de las ciencias sociales en la Universitat de València y participante en Guanyem València.

Cuando las situaciones de vida más precarias desaparecen de las noticias o se vuelven tales convertidas en elementos dramáticos y espectaculares sospechamos que hay algo bajo la apariencia de normalidad. Sabemos que existen desigualdades sociales basadas en el dominio de unas pocas personas sobre una gran mayoría que vende su esfuerzo, su trabajo, por un escaso salario. E incluso intuimos que otras personas ni siquiera tienen derecho a un trabajo, ni a vivienda, ni pueden acceder a una buena alimentación y cultura. Sencillamente vagan como sombras invisibles en un mundo de apariencias.

En estos momentos, nos rebelamos o consentimos la dominación. Hace cuatro años, en un mes de mayo agitado por las emociones compartidas de la búsqueda de la dignidad perdida, se denunciaron injusticias que nos acosaban. Encontramos a otras personas que compartían con nosotros la rebelión contra un poder que se decía anónimo: los mercados. Y personificamos la ira y la rabia en sus mandarines políticos, esos que gobiernan para que otros manden. Pasada la inicial respuesta vivida y sentida, la mayoría se fue adaptando otra vez a la sumisión y obediencia ante lo irremediable: nada se podía cambiar. Cada uno era responsable de sus actos y habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, como se repetía una y otra vez desde las instituciones del poder político.

Sin embargo, en estos primeros meses de 2015 resurge la esperanza de poder cambiar la situación. Pero cambiar ¿qué? Se hace alusión a un sueño, al anhelo de una emancipación popular y de echar a los corruptos. Para que podamos mudar la situación de injusticias es preciso que seamos conscientes de los problemas cotidianos. Estos no se originan en los sueños ni en estados del inconsciente; son reales y nos acechan en forma de paro, de condiciones laborales precarias, de tener que pagar para disponer de un cuidado sanitario, de la ausencia de becas que compensen las desigualdades sociales, de vernos empujados a emigrar para buscar trabajo y derechos sociales fuera del lugar donde hemos nacido. Necesitamos mudar los sueños en deseos colectivos. Pensar sin miedo y con confianza en nuestros amigos, compañeras, vecinos. Y eso empieza por uno mismo en sociedad.

Empieza por organizarse en sociedad sin tabúes ni prejuicios, pero también denunciando a quienes manipulan para solo alcanzar el poder simbólico: el poder político-administrativo. Los deseos colectivos son algo más que juegos de palabras, por muy bonitas que sean las metáforas. Crecen desde el interior de los sentimientos y las reflexiones individuales y toman cuerpo en una ciudadanía compartida. Y ello supone romper con las barreras del individualismo, algo difícil de alcanzar cuando la comunicación se halla en un limbo espacial y no miramos a los ojos, sino a una pantalla publicitaria.

Los deseos colectivos se construyen desde la escucha de las voces de las emociones personales, que consiste en saber percibir las miradas de otras personas, los ecos de los problemas que surgen en los barrios, en los centros sanitarios, en las escuelas… Y para esto hay que conocer cómo funciona la sociedad y cómo viven las personas. Se trata de superar el sueño individual para alcanzar el compromiso ciudadano. La ciudadanía se basa en compartir derechos y deberes en una sociedad construida desde el diálogo y el debate. Supone saber convivir con los diferentes, con los que no tienen las mismas emociones, ideas y habilidades, pero comparten la dignidad de ser ciudadanos; personas con derechos y deberes.

Esta manera de enfocar la ciudadanía es la que han desarrollado algunas personas y colectivos desde aquel 15M y ya antes en otros movimientos asociativos, y, por qué no, algunos sindicatos y partidos. Movimientos sociales de distinta índole que permitieron alcanzar importantes cuotas de bienestar en la defensa de los derechos cívicos. Urge recuperar la organización colectiva para no sucumbir en la idealidad de la saturación de palabras, mensajes y otras jergas que se ocultan bajo las voces en las que hay negocio y emoción. Deslindar ambas no siempre es fácil en la sociedad actual. Mi experiencia en la construcción del movimiento político Guanyem-Volem de Valencia me anima a participar en foros como este para animar a otras personas a ofrecer sus puntos de vista sobre actuaciones semejantes.

No obstante, los foros sirven para eso: compartir ilusiones, proyectos. Después es preciso trabajar con constancia para que dichos proyectos se transformen en acciones emancipadoras. En primer lugar, para romper las cadenas de la invisibilidad de quienes viven ocultos en la espesa niebla de las noticias que no se publican. Después, en hacernos conscientes de los elementos que definen un espacio público, aquel donde los beneficios financieros quedan relegados a la consecución de un bien ético, que sepa definir las condiciones materiales de la comunidad social. Y eso se construye cara a cara. Tengo mis dudas de que con el botón de «Me gusta» se pueda elaborar una acción concreta que modifique la existencia de una persona y un colectivo. Porque cuando miramos a la cara a otra persona buscamos su complicidad en la comunicación, o bien la descartamos por ser contraria a nuestros intereses.

No quiero impugnar las ventajas de una comunicación telemática e instantánea, pero sí cuestionar las falacias de una democracia comunicativa que se ciñe a palabras frías en las pantallas de productos empresariales. Me agrada la comunicación sincera y honesta, esa que no se oculta bajo un nick o alias. Para ello es preciso participar políticamente en contacto con las personas allí donde están y sienten. Eso sí es una política nueva.

Recuperar Barcelona: crónica de una revolución democrática

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«Quien tiene el poder nos ha declarado la guerra, por eso hoy vamos a unas elecciones, para echarlos, para ganar Barcelona y para hacer política entre todos y todas». Con estas palabras concluyó Ada Colau el acto de presentación de la plataforma ciudadana Guanyem Barcelona en el barrio del Raval, celebrado el pasado 24 de enero en la plaza Vázquez Montalbán. Con el objetivo de que los propios vecinos puedan debatir y decidir sobre el futuro de sus barrios, Guanyem Barcelona propone rescatar la democracia y recuperar la ciudad mediante un proceso de empoderamiento ciudadano y de confluencia que ha tomado forma tras llegar a un acuerdo con ICV-EUiA, Podemos, Procés Constituent y Equo para converger en una candidatura conjunta en las próximas elecciones municipales.

Al inicio de la sesión, una de las portavoces de Guanyem, Gala Pin, introdujo algunos de los aspectos que más preocupan en el barrio del Raval, como los recortes en educación que sufren los niños o la desatención de los ancianos por falta de recursos, y se hizo eco de otros problemas como los derivados de los lobbies turísticos o los casos recientes de violencia policial. A continuación, Rosa Cañadell recordó que, ante una ley de educación catalana que sigue apostando por los conciertos educativos ―«Una anomalía dentro de la Unión Europea que solo sucede en España y Bélgica»―, es necesario promover una iniciativa legislativa popular que garantice la educación gratuita a todo el mundo.

Durante el acto también tuvieron voz algunos de los colectivos que más discriminación sufren en el barrio del Raval. Mar Pulido, en representación de la asociación El Espacio del Inmigrante, se refirió al apartheid sanitario, a las persecuciones permanentes que acechan a los inmigrantes y a la necesidad de establecer lazos desde abajo. También dos representantes del colectivo Prostitutas indignadas hablaron sobre la dificultad de ejercer su oficio cuando son criminalizadas y marginadas por la sociedad y reivindicaron políticas públicas que garanticen sus derechos y la seguridad de aquellas mujeres que están en contexto de trata con fines de prostitución forzada.

Respecto al abuso policial, se pudo escuchar el testimonio de Gerardo Ariza, antiguo ciudadano del barrio y amigo de Juan Andrés Benítez ―que murió en 2013 tras ser violentamente detenido por los Mossos d’Esquadra―, quien recordó la facilidad con la que se absuelve a los agentes y alabó la valentía de los vecinos que grabaron en vídeo las agresiones policiales. También intervino Silvia García, defensora de la reapertura del conocido caso 4F tras la emisión del documental Ciutat Morta y amiga de la fallecida Patricia Heras, que puso de relieve las preocupantes dudas que suscita el documental sobre el sistema judicial y los casos de tortura policial denunciados en los últimos años. En 2013, la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura registró en España a 527 personas que denunciaron tortura, 83 solo en Catalunya. Además, Amnistía Internacional ya alertó al Gobierno catalán de que tomase medidas con los agentes condenados por tortura. Hace tan solo unos días, cuatro mossos apalearon a un chico que les pidió identificación.

Ada Colau cerró el turno de intervenciones denunciando las políticas del Ayuntamiento, que únicamente favorecen a los lobbies hoteleros, inmobiliarios y especuladores y que no han revertido en el bienestar de los vecinos barceloneses. Como recuerda el documental Bye Bye Barcelona, la ciudad se ha convertido en un parque temático considerado el cuarto destino que más defrauda al turista a causa del turismo de masas. Por último, antes de responder a las inquietudes de los vecinos, Colau insistió en la necesidad de combatir la violencia, desde la inmobiliaria hasta la policial, y homenajeó a Itziar González, la exregidora de Ciutat Vella amenazada de muerte por enfrentarse a las mafias del sector hotelero, declarando que le gustaría que regresase a la política. Porque si queremos poder decidir en las cuestiones que nos afectan como la educación o sanidad, recobrar la confianza en los cuerpos de seguridad y no ser expulsados de nuestros barrios ante un turismo invasivo, únicamente dando un paso enfrente podremos recuperar Barcelona para transformarla en aquella ciudad con la que todos soñamos.

Vídeo resumen de la presentación de Guanyem Barcelona en el barrio del Raval:

Entrada en El Huffington Post

La política como necesidad

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Si los ciudadanos aspiramos a cambios reales y duraderos en la sociedad, la política deja de ser automáticamente una opción cualquiera. Por más que lo parezca, la política no es el arte de marear la perdiz. Hacer política es decidir: apostar por anteponer determinados intereses a otros cuando son claramente incompatibles, o cuando los consideramos sencillamente ilegítimos. En este sentido, la desafección política en una sociedad es un suicidio ciudadano colectivo, por lo que el divorcio de esta con aquella -bajo el riesgo de que seamos constantemente víctimas del «cambiémoslo todo para que todo siga igual»- no debe tardar en consumarse a fin de que podamos aspirar a una sociedad mejor: aquella en la que caben todos los colectivos con sus reivindicaciones en condiciones de igualdad.

Si creemos que el Estado debería invertir más en sanidad, educación, I+D y cultura; que los derechos de los ciudadanos peligran en muchos ámbitos, como el laboral, y deberían ser blindados; que los recortes en sanidad son ataques frontales al derecho a la vida de numerosísimas personas; que es insultante que el rescate de la banca se haga con dinero público mientras sus beneficios son exclusivamente privados; que los jueces no son suficientemente independientes; que la televisión pública está supeditada a intereses particulares; que los bancos han estafado impunemente y de forma descarada con las preferentes; que la corrupción es una plaga que hay que erradicar, y contra la cual hay que legislar sin concesiones; que el indulto es uno de los instrumentos más antidemocráticos en las sociedades democráticas de hoy en día, y hay que suprimirlo o, cuando menos, limitarlo a contadas circunstancias, y que, a estas alturas, es imprescindible una reforma constitucional, entonces necesitamos hacer política.

Si pensamos que la desigualdad social en España es preocupante; que los derechos de las personas con discapacidad física son innegociables; que hay todavía mucho por hacer para conseguir la igualdad efectiva entre hombres y mujeres; que la política no puede servir para promocionar intereses privados en detrimento de los públicos; que es un total sinsentido que los intereses de la deuda prevalezcan sobre cualquier derecho o interés de los ciudadanos; que un Gobierno en una situación de crisis económica como la actual debería, para garantizar el derecho a la vivienda digna, restringir las condiciones para desahuciar a familias enteras; que la dignidad humana es el primer límite al poder político…; y si nos negamos a aceptar que España no es país para jóvenes; si sostenemos que la libertad de prensa no debería ser coartada; que la ley mordaza es una ofensiva contra los derechos de los ciudadanos a defender libre y legítimamente sus reivindicaciones; en definitiva, si creemos que la política debe estar al servicio de la ciudadanía, debemos hacer política.

La política es indisociable de todos los cambios estructurales necesarios para la construcción de la sociedad a la que aspiramos. Es la herramienta idónea para redefinir una sociedad capaz de garantizar los derechos de los ciudadanos y resistir la tiranía de los poderes financieros, que esclavizan cada vez más a los Estados. Es más que obvio que la renovación de la clase política y estos cambios no se conseguirán únicamente a golpe de tuit, sino que hace falta una implicación ciudadana directa. O somos los ciudadanos quienes decidimos, u otros decidirán hasta lo impensable por nosotros. Queramos admitirlo o no, la política es una necesidad. Más aún: es el verdadero campo de batalla.

Entrada en El Huffington Post

Guía práctica de ‘lobby’ ciudadano

Global communications

Cuesta asimilar las escalofriantes cifras de la corrupción en España durante los últimos años: 1700 causas abiertas en diferentes órganos judiciales y más de 500 imputados, tan solo veinte de los cuales cumplen condena en prisión. Más difíciles de digerir todavía, como clavos ardiendo, son los casi 7000 millones de euros defraudados a las arcas públicas desde el año 2000, si solamente sumamos las cantidades defraudadas en el caso Malaya (2400 millones), el caso de los ERE (1200 millones), el caso Edu (2000 millones), el caso Gürtel (120 millones) y otros fraudes como el del caso Palma Arena. Un número que podría ser mucho mayor si tuviésemos en cuenta, por ejemplo, los 3000 millones de euros derivados del posible blanqueo de dinero de Oleguer Pujol. Según un estudio realizado por la Universidad de Las Palmas en 2013 que tiene en cuenta una dimensión mucho mayor que la que reflejan las estadísticas oficiales, el coste social de la corrupción en este país se estima en 40 000 millones de euros anuales.

No es de extrañar, pues, tras repasar todos estos datos, que la corrupción siga siendo el segundo problema que más preocupa a la sociedad española, según el Barómetro del CIS. De hecho, España fue el segundo país tras Siria donde más aumentó la percepción de la corrupción en 2013 y descendió diez posiciones en el Índice de Percepción de Corrupción, de acuerdo con un informe de la ONG Transparencia Internacional. Además, la Comisión Europea aún ve insuficiente la futura Ley de Transparencia propuesta por el Gobierno porque carece de mecanismos independientes de control, y pide que se realice una auditoría externa anual de cada formación política y que se publique en línea su cuenta de resultados. Un sistema de transparencia que podría parecerse, por ejemplo, al establecido actualmente en el Reino Unido, donde el ciudadano goza de mayor acceso al diputado y de información detallada sobre su trabajo, controlado mediante la web TheyWorkForYou, como se recuerda en el episodio Sin Transparencia del programa Salvados. En cambio, aquí las declaraciones de bienes que nuestros diputados presentaron en el Congreso en agosto estaban llenas de imprecisiones, hasta tal punto que hay quienes declararon poseer vehículos de la marca coche.

Si analizamos los principales motivos de la corrupción, destacan la avaricia de los dirigentes políticos, la falta de principios éticos para desempeñar los cargos públicos y la opacidad en la gestión de los recursos estatales. Como ciudadanos comprometidos, podemos intervenir en las dos primeras causas tratando de fomentar la sensibilidad ante la corrupción, concienciando sobre los daños que ocasiona y educando en la honradez. Respecto al tercer motivo, podemos promover una mayor transparencia en las gestiones estatales para garantizar un control más estricto de las instituciones públicas.

Últimamente han salido a la luz nuevas herramientas que proponen mecanismos de control sobre el gasto público para fomentar la transparencia y el empoderamiento ciudadano. Por ejemplo, la Fundación Ciudadana Civio está desarrollando diversas plataformas que facilitan a los ciudadanos información sobre la gestión pública y sobre la rendición de cuentas de las instituciones. En Quién Manda se configura un mapa de poder en España con el objetivo de revelar esos vínculos, regular los lobbies y demandar que se publiquen las agendas de trabajo completas de los cargos públicos. El proyecto ¿Dónde van mis impuestos?, también impulsado por Civio, muestra claramente cómo se distribuye nuestro presupuesto, de dónde vienen nuestros ingresos y a qué se destinan. Con el mismo objetivo de fomentar la transparencia y la participación ciudadana, la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda ha creado los Observatorios Ciudadanos Municipales (OCM), formados por personas de un mismo municipio que tienen como finalidad explicar de manera sencilla cómo se gestionan los presupuestos aprobados por los Ayuntamientos y cuáles son los derechos que, como ciudadanos, podemos exigir. La página web Sueldos Públicos es el primer medio digital que da a conocer de forma libre y contrastada los salarios de los cargos públicos a fin de informar sobre la gestión de nuestros políticos. En la misma línea, la iniciativa Qué hacen los diputados informa sobre la trayectoria profesional y política de los 350 diputados del Congreso, así como sobre sus declaraciones de bienes, comparecencias y votaciones en pleno.

La lucha contra la corrupción y la opacidad en las gestiones públicas sigue siendo la máxima prioridad en un país en el que se acaba de conocer que consejeros y directivos de Caja Madrid gastaron 15 millones de euros mediante el uso de tarjetas de crédito facilitadas por la entidad y ocultas al fisco. Ni que decir tiene que el remedio más fiable para erradicar la corrupción y la defraudación solo puede componerse de transparencia, más transparencia y mucha más transparencia.

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Entrada en El Huffington Post

Resignados y antisistema

“Si según vosotros vuestra época merece ser salvada, entonces mejor comenzad a nadar u os hundiréis como una piedra.” Bob Dylan, The Times They Are A-Changin’.

Últimamente parece que algunos políticos y medios de comunicación se empeñan en seguir utilizando el término antisistema, en general con un sentido peyorativo, para tratar de calificar a todos aquellos jóvenes que se muestran disconformes con el sistema en el que viven y a quienes se atribuye la autoría de la mayoría de los incidentes violentos ocurridos en las manifestaciones. Pero ¿por qué seguir recurriendo en estos casos al términoantisistema, que debería referirse a cualquier persona con una ideología contraria al orden sociopolítico establecido, y no utilizar otros adjetivos más apropiados como pirómano, violento o salvaje para definir a aquellos que queman contenedores en las calles?

Quizás esta asociación de ideas (antisistema = peligroso) no tenga otro objetivo que el de reprimir un pensamiento libre e independiente, oprimir el espíritu crítico y querer hacernos creer que este sistema es inamovible, inmutable y el único posible, y que, por tanto, todo aquel que se oponga a él e intente cambiarlo es violento y peligroso. Sin embargo, cuesta imaginar a una persona con convicciones morales que no pretenda mejorar el sistema del que forma parte si este no funciona o es insostenible. Como decía Salvador Allende, ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi hasta biológica.

En contraposición a los antisistema (nos referimos aquí a quienes buscan promover un cambio, sin connotaciones negativas) se encuentran los indignados resignados, para quienes la desafección política, generada sobre todo por la avalancha de casos de corrupción, se ha acabado convirtiendo en frustración, conformismo y escepticismo ante cualquier tipo de cambio. Este pensamiento general de que no se puede hacer nada por cambiar las cosas ha sido aprovechado por quienes están interesados en que todo siga igual, utilizando la incertidumbre que provoca lo desconocido para inducir el miedo a que cualquier tipo de cambio resulte un desastre o nos lleve a una situación mucho peor. Un ejemplo ilustrativo lo podemos encontrar en los políticos que se aferran a la Constitución como si se tratase de un libro sagrado que no se puede modificar (a menos que exista un interés mayor), cuando la historia nos ha enseñado que la evolución es imparable y nada permanece inalterable con el paso del tiempo.

Desde mayo de 2011 hasta ahora hemos visto como buena parte de la sociedad indignada ha convertido su resignación en activismo, participación e involucración en diversas plataformas políticas o movimientos ciudadanos. Si bien el 15M no produjo un cambio real a escala política, sí consiguió despertar nuevas conciencias, y mentalizó y convenció a toda una generación de que no podemos desentendernos de la política y de que es necesario intervenir si no queremos volver a cometer los mismos errores. Esta necesidad de reaccionar y organizarse ante una situación de crisis política, económica y social se ha visto materializada en la formación de nuevas organizaciones políticas creadas a partir de redes ciudadanas, como Podemos, Partido-X o, más recientemente, la iniciativa municipal Guanyem Barcelona.

Mutaciones, Proyecciones 15M
Ahora nos movemos sobre un punto de inflexión, para algunos una posible segunda transición, en el que la irrupción de la ciudadanía en la arena política genera un nuevo debate que virará no tanto en torno al eje de abscisas, donde siempre tendemos a situar a los partidos a la izquierda o a la derecha, como en el eje de ordenadas, donde se tendrá que medir la separación entre los de arriba y los de abajo, es decir, entre la clase política y los ciudadanos. Este aumento de participación, compromiso e implicación de la sociedad será necesario y fundamental, y deberá permanecer constante si queremos que derive en una verdadera regeneración democrática, una mayor transparencia en todas las instituciones y un mayor control por nuestra parte en la toma de decisiones importantes.

La sociedad española actual parece destinada a seguir dividida, ahora entre quienes intentan cambiar el sistema y quienes permanecen resignados al que hay. En estos últimos tiempos, hemos visto cómo la situación de crisis actual, la desorbitada tasa de desempleo y los continuos casos de corrupción han originado la apertura de la política a una ciudadanía cada vez más concienciada, implicada y participativa. De ahora en adelante, el compromiso, la perseverancia y el nivel de organización en las redes ciudadanas (en las que las nuevas tecnologías son de gran utilidad) serán los retos que tener en cuenta para que finalmente se consolide un verdadero cambio en el sistema democrático actual. Mientras tanto, habrá que esperar a ver si cada vez son más los indignados que convierten su resignación en compromiso e involucración, y no al revés. Pues, como dijo Albert Einstein, el mundo no será destruido por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que lo miran sin hacer nada. O dicho de otro modo, si uno no es parte de la solución, es parte del problema. Y para terminar, una última reflexión para los amantes del término antisistema: ¿no será que el sistema ya está cambiando debajo de sus pies y ustedes, sin ni siquiera darse cuenta, se han convertido en los verdaderos antisistema?

Ciudadano Normal

Entrada en El Periódico de Catalunya

¿Por qué no votamos?

Aunque por el título pueda parecer que voy a hablar del referéndum convocado por el Gobierno catalán el próximo 9 de noviembre, no es así. Con este artículo pretendo ir un poco más allá y compartir algo que para mí es casi un sueño, una de las primeras propuestas que aprobaría si fuese presidente del Gobierno.

¿Qué os parecería votar antes de que fuesen aprobadas las leyes que se debaten en el Congreso o en el Parlamento autonómico? ¿No os gustaría poder participar más activamente en el sistema democrático? Esta es la solución que daría a la desafección política que tanto afecta a España y que tan poco parece importar a quienes gobiernan. ¿Realmente les interesa hacer algo para remediarla o ya les va bien que la cosa siga como está? ¿Apostarían por un sistema más transparente en el que se votasen las leyes que aprueban o prefieren este, en el que solo se tiene en cuenta a la ciudadanía cada cuatro años y después hacen y deshacen a su antojo?

Llevamos casi dos años y medio de gobierno con mayoría absoluta del Partido Popular y los sondeos de opinión sobre el presidente y sus ministros no pueden ser peores, las manifestaciones y los movimientos en contra de la política del Gobierno son una constante y muchas de las leyes que se han aprobado no tienen el apoyo de los votantes. Aun así, el Ejecutivo sigue haciendo oídos sordos a las demandas de la población. ¿Por qué? Pues porque puede y el sistema actual lo legitima.

Desde mi punto de vista, el problema no es el Gobierno, sino el sistema electoral. El hecho de que solo se nos llame a las urnas cada cuatro años basta para hacernos dudar acerca del nivel de democracia que caracteriza a nuestro sistema. Recordemos —pues parece que lo olvidemos demasiado a menudo— que la palabra democracia viene del griego démos, «pueblo» y krátos, «gobierno»: el gobierno del pueblo. Pero ¿realmente manda el pueblo en un sistema en el que solo se le pide opinión cada cuatro años?

¿Qué hay de malo en preguntar a los ciudadanos sobre las leyes que se van a aprobar? ¿No es buena la retirada de una ley que el pueblo no quiere? De este modo se limitaría el poder de decisión de los políticos y ganarían importancia las decisiones de la población, los ciudadanos se implicarían mucho más en el sistema de gobierno y la desafección política pasaría a la historia.

Descrita así, la democracia directa puede parecer una panacea; sin embargo, habría que estudiar detalladamente los pros y los contras de este sistema y de su implantación en nuestro país. En mi opinión, los puntos a favor superan ampliamente a los aspectos en contra. Otros países han establecido sistemas similares y parece que no les va mal; Suiza es el mejor ejemplo del modelo de participación democrática directa con el que yo sueño.

Me pregunto si en España tenemos hoy algún partido político que proponga una reforma tan drástica como esta y, en tal caso, si se implantaría con éxito en nuestro país. En este blog ya hablamos sobre herramientas de participación democrática, y, desde aquí, creemos que un cambio en el sistema democrático es posible. Sea como sea, por proponer que no quede, y, volviendo al tema de Cataluña, si finalmente se independizara, creo que la participación ciudadana en la democracia debería ir en este sentido; si construimos un nuevo estado, que sea para mejor. ¿Qué os parece mi propuesta de participación democrática? ¿La votamos?

Entrada en El Periódico de Catalunya