Archivo de la etiqueta: Martin Schulz

El derecho al asilo y la marca Europa

Lo que está ocurriendo estas últimas semanas en las fronteras húngaras es sencillamente una vergüenza. Dudo que haya una palabra que lo pueda calificar mejor. Después de que el mar Mediterráneo se haya convertido, estos últimos meses, en un cementerio para miles de personas que escapaban de todo tipo de desgracias, la búsqueda de asilo en territorio europeo presenta una de sus peores caras: la práctica pasividad de los países europeos frente a la violación masiva de derechos humanos por parte del Gobierno húngaro. La decisión de la Unión Europea o de los países europeos de acoger a miles de refugiados no es ―y, por tanto, no debe ser considerado― ningún acto de caridad. Acoger a estas personas atrapadas en un éxodo totalmente entendible y justificado por la situación de guerra insostenible en Siria es cumplir con una obligación internacional: la de hacer efectivo un derecho reconocido en muchos instrumentos internacionales, a saber, el derecho al asilo. Por lo tanto, estas personas tienen derecho a ser tratadas con dignidad en el ejercicio de su derecho: el de poder encontrar amparo en otro territorio en situaciones, como esta, en que sus vidas peligran en sus países de origen.

La Europa abanderada de los derechos humanos debe demostrar que no son un negocio que solo hay que tener en cuenta de forma estratégica, y ha de unirse para proporcionar una solución efectiva a la situación actual. En este sentido, mientras sigue con la famosa política de las cuotas obligatorias y las discusiones con quienes se quieran desentender, totalmente o en parte, de esta crisis humanitaria, debe pararle los pies al cinismo del Gobierno húngaro, cuya máxima preocupación parecen ser las bases cristianas de Europa. Unas bases que considera en la cuerda floja si no se reprimen o se cierran las barreras a este colectivo, castigado por una inestabilidad política que la misma Europa, quizás, entienda mejor que los propios refugiados. La hemeroteca no perdona y es el mejor aliado de estos refugiados; es asimismo el peor enemigo de muchos de estos países que ahora consideran o abordan esta situación como una lacra. Lo cierto es que hay quienes estaban dispuestos a armar a grupos rebeldes para derrocar a al-Asad, y hasta los hay que se planteaban atacar en solitario en Siria.

La doble moral de Europa sigue siendo la norma: condenar a algunos países por no ser democráticos y mantener luego toda clase de relaciones con los que no lo son. La crisis de refugiados en Europa es el resultado de este tipo de políticas, que tarde o temprano pasan factura. La doble vara con la que se mide en Europa me hace dudar que se pida resolutivamente a Hungría lo mismo que a Venezuela: que respete los derechos humanos; que, en su caso, respete el derecho al asilo de los refugiados reconocido tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, entre otros. Hay que exigir, sin más consideraciones, el respeto por los derechos humanos en las fronteras húngaras en el más breve plazo posible. Por otra parte, es curioso constatar que el titular de la única institución democrática de la Unión Europea, Martin Schulz, no ha contestado a la última carta abierta, publicada en dos medios de comunicación y a la que seguramente ha tenido acceso, que le ha sido dirigida por ocho jóvenes preocupados por el funcionamiento de la Unión Europea en temas tan serios como este.

Que conste que si hay un favor que hacer a los refugiados no es, en todo caso, el de acogerlos por cierto sentido de caridad o humanidad, sino más bien el de respetar sus derechos; entre ellos, el inminente al asilo. De la pasividad frente a la vergonzosa escena de innumerables muertes en el Mediterráneo a la militarización de las fronteras en Hungría para reprimir «delincuentes», me quedo aún con más ganas de seguir leyendo estos «papeles mojados» en que se reconocen derechos y derechos y que, en la práctica, parecen depender de cada gallo, del capricho de cada Estado.

Entrada en El Huffington Post

Anuncios

Carta abierta a Martin Schulz: por un verdadero Estado Europeo

Estimado Sr. Schulz:

Hace dos años tuvimos la oportunidad de participar con usted en un debate organizado por El Periódico de Catalunyaque tuvo lugar en Barcelona unos meses antes de las elecciones europeas. Durante aquel encuentro, usted supo responder a todas nuestras preguntas sobre la crisis, la relación entre los distintos países europeos y la función de la Unión Europea. Después, tras las elecciones de mayo de 2014, decidió, paradójicamente, pactar con el Partido Popular Europeo para apoyar el nombramiento de Juncker -claro defensor de la austeridad en el sur de Europa- como presidente de la Comisión Europea y el suyo como presidente del Parlamento Europeo. Ahora, tras dos años de su nombramiento, nos surgen nuevas dudas acerca del funcionamiento de la Unión Europea.

En estos últimos cinco años, hemos presenciado cómo los dos primeros rescates a Grecia, que han ido acompañados de medidas de austeridad impuestas por la Troika, no han servido sino para incrementar todavía más el grueso de la deuda soberana griega y estancar, al mismo tiempo, su productividad económica, repercutiendo de forma directa en el aumento de la tasa de desempleo hasta cifras más que preocupantes. Este mismo año hemos visto de cerca la posible salida de Grecia del euro (Grexit) y la presión por parte del Eurogrupo al Gobierno heleno para que aceptase finalmente una tercera ayuda que ha ido acompañada nuevamente por un paquete de reformas. Este nuevo programa, que pareció un duro castigo tras la celebración del referéndum, incluye la subida del IVA, un aumento de privatizaciones y reformas en sus pensiones. Le hemos escuchado instantes antes del referéndumamenazar a Grecia con su salida del euro y posteriormente le hemos leído en El Huffington Post felicitándose por lograr el acuerdo de este tercer programa de ayuda a Grecia. Pero ¿qué tiene de diferente este tercer programa de rescate para no fracasar como lo han hecho los dos anteriores y asfixiar todavía más la economía griega? ¿Cómo puede un país pagar una deuda, reconocida como insostenible por el FMI, si destina la mayor parte del rescate a pagar las deudas con bancos extranjeros en lugar de invertir en su propio modelo productivo? ¿No sería más lógico que aquellos países con superávit como Alemania destinasen sus excedentes para estimular la economía en los países deficitarios como Grecia, España o Portugal, como propone el economista Varoufakis, sin la necesidad de asfixiar su economía con las duras reformas impuestas? ¿Qué función tiene el Banco Europeo de Inversiones (BEI)?

Es muy preocupante que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP).

Siempre que tratamos de comparar el funcionamiento de la Unión Europea con el de Estados Unidos llegamos a la conclusión de que no existe una verdadera unión política en Europa que gobierne por encima de los intereses propios de los Estados de forma independiente. Da la impresión de que la canciller Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble disponen de más poder que el propio Parlamento Europeo, institución que goza de una legitimación democrática directa, en la toma de decisiones financieras europeas. Esto preocupa, pues parece que Alemania se ha beneficiado gracias a la crisis griega con una bajada de los intereses de su deuda segúnun reciente informe del Instituto Halle para la Investigación Económica o con la concesión de catorce aeropuertos griegos privatizados, rentables económicamente, a empresas alemanas como condición del tercer rescate. Al final, todo acaba resumiéndose en el dominio de los poderes financieros en forma de bancos inversores que prevalecen frente al bienestar de los ciudadanos europeos. ¿No da la sensación de que se ha comenzado la casa por el tejado con la unión monetaria en la construcción de este gran Estado Europeo? ¿Acaso no se debería haber comenzado por asentar primero unos valores de solidaridad y fraternidad europea, cimentar las bases de una estrategia política y económica común? ¿No es hora de hacer autocrítica, asumir los errores estructurales en la Unión Europea y tratar de corregirlos?

También es más que preocupante el hecho de que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP). ¿Acaso no tenemos derecho a estar informados y debatir públicamente un tratado tan relevante en la vida de los europeos?

Por último, nos inquieta la falta de reacción de la Unión Europea ante la masiva llegada de refugiados que piden asilo en Europa. Mientras en Europa se debate sobre las cuotas de refugiados asignadas a cada uno de los Estados europeos, a las costas del Mediterráneo siguen llegando cuerpos sin vida. ¿Qué planes tiene la Unión Europea ante esta situación de emergencia? ¿No debería ofrecer más asistencia de ayuda humanitaria a las personas que llegan de forma masiva a las fronteras europeas?

Como puede ver, en estos dos años nos han surgido nuevas preguntas que nos gustaría que nos contestase. Esperamos su respuesta.

Un cordial saludo.

Esta carta ha sido escrita conjuntamente y firmada por Manuel Souto, Eli Dimitry Zetrenne, Paola Lloret, Daniel Pérez, Laura Berbel, Nil Bertran, Ayrin Islam y Azahara Cavanillas.

Carta en El Periódico de Catalunya

Carta en El Huffington Post