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Francia: el voto del miedo

Con más de cuatro millones de votos, la extrema derecha francesa, liderada por Marine Le Pen, se ha impuesto en las elecciones europeas como la primera fuerza política de Francia. Dicho en otros términos, se cuentan por millones los ciudadanos franceses que han visto en la xenofobia, el populismo y el ultranacionalismo una solución para salir de la crisis en la que se encuentra estancado el país. La instrumentalización tendenciosa de ciertos colectivos por determinados sectores y la manipulación de informaciones tanto por políticos como por ciertos medios de comunicación son factores claves para entender esta victoria más bien histórica del Frente Nacional francés.

Lamentablemente, parece imposible evitar que la historia se repita, incluso en sus etapas más trágicas. No olvidemos que una situación similar se vivió en Alemania hace menos de un siglo, cuando Adolf Hitler llegó a la presidencia mediante unas elecciones democráticas. No obstante, nadie en su sano juicio discute hoy el alto precio que la humanidad tuvo que pagar por sus ideas: ni más ni menos que un holocausto, uno de los acontecimientos más abominables de nuestra historia. La decepción de que se vuelvan a cometer los mismos errores es aún mayor cuando proviene de un país como Francia, con un perfil más bien respetado históricamente, cierto; aunque manchado con la sangre de millones de seres humanos esclavizados, sobrexplotados y tratados como meros objetos. Oh, la France ! ¡Qué recuerdos los de aquellos tiempos!

El discurso del miedo ha acabado imponiéndose en un contexto de desesperación de la ciudadanía francesa, desilusionada por la inoperancia práctica de sus partidos más representativos. François Hollande no ha estado a la altura de su presidencia, y ha roto innumerables promesas e ilusiones de un país cansado de la política de austeridad de su antecesor, Nicolas Sarkozy. Hollande, que en su campaña defendió contrarrestar la política de austeridad impulsada principalmente por Alemania, una vez en el Elíseo cedió casi automáticamente ante los designios de Berlín y hoy apoya las mismas políticas que tan enérgicamente rechazó en su campaña, base de los votos y el apoyo recibidos. Así fue como cayó rendido a los pies de quien realmente decide: Angela Merkel (y compañía).

La victoria de la extrema derecha en Francia es una de las consecuencias más graves de las promesas rotas por políticos que engañan a su población o que no han sabido defenderla debidamente y, por ende, plantarle cara a un sistema que casi reduce a los jefes de Estado a meros títeres. Sinfonía total en la política impuesta. El riesgo es que la población desesperada y frustrada se refugie pidiendo ayuda a lobos disfrazados de defensores, totalmente dispuestos a vulnerar sistemáticamente los derechos humanos. El hecho de buscar un chivo expiatorio en un colectivo que no sabe especular para eludir a los verdaderos responsables de la crisis económica ya se ha convertido en una constante, cuando todos sabemos quiénes son los verdaderos responsables.

Frente a esta realidad, creo oportuno reivindicar —y reivindico— una nueva separación de poderes y una nueva forma de organización del Estado moderno, para evitar que situaciones como esta se reproduzcan. La prensa, siempre que sea libre, debe constituirse como un cuarto poder, junto con el ejecutivo, el legislativo y el judicial, encargado este último de controlar la transparencia en materia de informaciones comunicadas para evitar que se distorsionen y lleven a situaciones de engaño de la sociedad entera. La prensa debe poder investigar a los responsables de los demás poderes e incluso a otros actores políticos, que están obligados a comunicar información veraz bajo pena de incurrir en la comisión de algún delito. Una prensa cuyos miembros sean votados por los ciudadanos, independientemente de la actividad de los medios privados existentes tanto nacionales como internacionales.

La desesperación, la venta de promesas a bajo precio y el discurso del miedo son fundamentales para entender la victoria de la extrema derecha en Francia. Esta victoria es un revés a la sensatez, y significa la culminación del engaño a gran escala. Hay que alertar del riesgo de que la extrema derecha se imponga en los países del entorno porque, al menospreciar la dignidad de colectivos enteros, es imposible que pueda contribuir al desarrollo de una sociedad moderna y libre.

Todo apunta a que la próxima Francia de Marine Le Pen será muy atractiva, a juzgar por las recientes declaraciones de su presidente de honor, Jean-Marie Le Pen, sobre la enfermedad del Ébola en África. A seguir, pues, construyendo este proyecto haciendo acopio, a la vez, de toda la tinta necesaria para escribir nuevas páginas de la historia pasando por encima de quien haga falta. Y dentro de algunos años, con un poco de conciencia, a pedir perdón por las barbaridades cometidas, como hizo Nicolas Sarkozy sobre las atrocidades perpetradas por la Francia esclavista durante siglos. La France! Cada día más atrayente.

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Votar es fácil con los ojos cerrados

Votar es fácil con los ojos cerrados

El próximo 25 de mayo se celebrarán las elecciones europeas, en las que podremos elegir a los cincuenta y cuatro eurodiputados españoles y, de forma indirecta, al presidente del Parlamento Europeo. Votar en estas elecciones puede ser una buena oportunidad de manifestar cuál es el camino que queremos que tome Europa, además de una tarea sencilla si tenemos en cuenta el esfuerzo físico que supone: basta con desplazarse hasta el colegio electoral correspondiente, escoger una de las papeletas e introducirla en la urna. Ejercer nuestro derecho a voto solo puede resultar un poco más complicado si queremos ser conscientes de qué es lo que estamos votando y cuáles serán las consecuencias de nuestra elección, aunque la realidad demuestra que el esfuerzo no solo merece la pena, sino que además es necesario.

Sin ir más lejos, en España, muchos de los votantes del Partido Popular se sorprendieron y se indignaron al darse cuenta de que la reforma de la ley del aborto se incluía, aunque tratada de manera muy imprecisa, en el programa electoral presentado para las elecciones generales de 2011. Muy probablemente, la mayoría de estos votantes indignados desconocían en su momento la propuesta de reformar la ley porque no habían leído siquiera el resumen del programa. Al descartar como motivo de nuestra elección la información proporcionada por el partido, únicamente podemos votar basándonos en la imagen e impresión que tengamos de los políticos, influidos por lo que nos digan familiares y amigos o por lo que escuchemos en radio y televisión.

Si nos dejamos guiar por lo que vemos y oímos en los medios de comunicación corremos el riesgo de votar por inercia a los partidos mayoritarios, que son los que gozan de mayor visibilidad mediática y disponen de más recursos para gastar en las campañas electorales. Es por ello por lo que los partidos políticos destinan elevadas cantidades de dinero a propaganda, publicidad y marketing durante las campañas electorales, conscientes del gran efecto que causan en los potenciales electores y de los montones de votos que pueden conseguir mediante una buena estrategia publicitaria. En este sentido, llama la atención que los partidos que han celebrado primarias abiertas para presentarse a las próximas elecciones europeas, como EquoPartido-X o Podemos, apenas hayan tenido repercusión mediática, mientras que aquellos que recurren al famoso ‘dedazo’ para elegir a sus candidatos son los que ocupan diariamente las portadas de los periódicos.

“Votar sin informarse es como cruzar la calle sin mirar”. Este fue el mensaje transmitido por el Jurado Nacional de Elecciones en Perú en una campaña para concienciar a la ciudadanía y pedir a los limeños que votaran responsablemente. Que un camión nos atropelle por votar a un partido cuyo programa electoral no hemos leído es bastante improbable, pero si no nos preocupamos ni nos esforzamos por informarnos sobre lo que votamos puede que acabe por arrollarnos el presente que estamos viviendo. Debemos ser conscientes de que votar sin estar bien informados puede ser tan improductivo (y, por qué no, contraproducente) como intentar montar un mueble sin consultar el manual de instrucciones, o tan peligroso como tomar un medicamento sin leer antes el prospecto. Ahora que disponemos de una herramienta tan útil como internet es sencillo saber un poco más acerca de las elecciones europeas y de cuál es nuestra situación respecto a otros países europeos, contrastar las diferentes alternativas políticas y elegir la que mejor se adecue a nuestras preferencias. No esperemos a que la información venga a nosotros, demos nosotros el paso hacia ella. En nuestras manos está la responsabilidad de elegir el rumbo que queremos para esta nave llamada Europa. La opción de lanzarnos por la borda ya quedó atrás. Ahora nos toca evitar que este barco continúe navegando a la deriva indefinidamente.

Bipartidismo

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