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Carta abierta a Martin Schulz: por un verdadero Estado Europeo

Estimado Sr. Schulz:

Hace dos años tuvimos la oportunidad de participar con usted en un debate organizado por El Periódico de Catalunyaque tuvo lugar en Barcelona unos meses antes de las elecciones europeas. Durante aquel encuentro, usted supo responder a todas nuestras preguntas sobre la crisis, la relación entre los distintos países europeos y la función de la Unión Europea. Después, tras las elecciones de mayo de 2014, decidió, paradójicamente, pactar con el Partido Popular Europeo para apoyar el nombramiento de Juncker -claro defensor de la austeridad en el sur de Europa- como presidente de la Comisión Europea y el suyo como presidente del Parlamento Europeo. Ahora, tras dos años de su nombramiento, nos surgen nuevas dudas acerca del funcionamiento de la Unión Europea.

En estos últimos cinco años, hemos presenciado cómo los dos primeros rescates a Grecia, que han ido acompañados de medidas de austeridad impuestas por la Troika, no han servido sino para incrementar todavía más el grueso de la deuda soberana griega y estancar, al mismo tiempo, su productividad económica, repercutiendo de forma directa en el aumento de la tasa de desempleo hasta cifras más que preocupantes. Este mismo año hemos visto de cerca la posible salida de Grecia del euro (Grexit) y la presión por parte del Eurogrupo al Gobierno heleno para que aceptase finalmente una tercera ayuda que ha ido acompañada nuevamente por un paquete de reformas. Este nuevo programa, que pareció un duro castigo tras la celebración del referéndum, incluye la subida del IVA, un aumento de privatizaciones y reformas en sus pensiones. Le hemos escuchado instantes antes del referéndumamenazar a Grecia con su salida del euro y posteriormente le hemos leído en El Huffington Post felicitándose por lograr el acuerdo de este tercer programa de ayuda a Grecia. Pero ¿qué tiene de diferente este tercer programa de rescate para no fracasar como lo han hecho los dos anteriores y asfixiar todavía más la economía griega? ¿Cómo puede un país pagar una deuda, reconocida como insostenible por el FMI, si destina la mayor parte del rescate a pagar las deudas con bancos extranjeros en lugar de invertir en su propio modelo productivo? ¿No sería más lógico que aquellos países con superávit como Alemania destinasen sus excedentes para estimular la economía en los países deficitarios como Grecia, España o Portugal, como propone el economista Varoufakis, sin la necesidad de asfixiar su economía con las duras reformas impuestas? ¿Qué función tiene el Banco Europeo de Inversiones (BEI)?

Es muy preocupante que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP).

Siempre que tratamos de comparar el funcionamiento de la Unión Europea con el de Estados Unidos llegamos a la conclusión de que no existe una verdadera unión política en Europa que gobierne por encima de los intereses propios de los Estados de forma independiente. Da la impresión de que la canciller Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble disponen de más poder que el propio Parlamento Europeo, institución que goza de una legitimación democrática directa, en la toma de decisiones financieras europeas. Esto preocupa, pues parece que Alemania se ha beneficiado gracias a la crisis griega con una bajada de los intereses de su deuda segúnun reciente informe del Instituto Halle para la Investigación Económica o con la concesión de catorce aeropuertos griegos privatizados, rentables económicamente, a empresas alemanas como condición del tercer rescate. Al final, todo acaba resumiéndose en el dominio de los poderes financieros en forma de bancos inversores que prevalecen frente al bienestar de los ciudadanos europeos. ¿No da la sensación de que se ha comenzado la casa por el tejado con la unión monetaria en la construcción de este gran Estado Europeo? ¿Acaso no se debería haber comenzado por asentar primero unos valores de solidaridad y fraternidad europea, cimentar las bases de una estrategia política y económica común? ¿No es hora de hacer autocrítica, asumir los errores estructurales en la Unión Europea y tratar de corregirlos?

También es más que preocupante el hecho de que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP). ¿Acaso no tenemos derecho a estar informados y debatir públicamente un tratado tan relevante en la vida de los europeos?

Por último, nos inquieta la falta de reacción de la Unión Europea ante la masiva llegada de refugiados que piden asilo en Europa. Mientras en Europa se debate sobre las cuotas de refugiados asignadas a cada uno de los Estados europeos, a las costas del Mediterráneo siguen llegando cuerpos sin vida. ¿Qué planes tiene la Unión Europea ante esta situación de emergencia? ¿No debería ofrecer más asistencia de ayuda humanitaria a las personas que llegan de forma masiva a las fronteras europeas?

Como puede ver, en estos dos años nos han surgido nuevas preguntas que nos gustaría que nos contestase. Esperamos su respuesta.

Un cordial saludo.

Esta carta ha sido escrita conjuntamente y firmada por Manuel Souto, Eli Dimitry Zetrenne, Paola Lloret, Daniel Pérez, Laura Berbel, Nil Bertran, Ayrin Islam y Azahara Cavanillas.

Carta en El Periódico de Catalunya

Carta en El Huffington Post

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La herencia recibida y los retos del nuevo Gobierno valenciano

PRIMERA REUNIÓN DEL PSPV, COMPROMÍS Y PODEMOS

Tras unas semanas de mucha incertidumbre, finalmente PSPV, Compromís y Podemos llegaron a un pacto de gobierno en la Comunidad Valenciana firmando el acuerdo del Botànic poco después de la constitución de las nuevas Corts Valencianes. Se abre así un nuevo ciclo político con nuevo Gobierno a cuyos miembros les espera el desafío de reconstruir una comunidad devastada económicamente (una deuda cercana a los 40.000 millones de euros, el 37.9 % de su PIB) y arrasada por la lacra de la corrupción y el despilfarro.

Detener la sangría de la corrupción en la Tierra de Saqueo. Si de algo se puede sentir satisfecho el PP en estos últimos años es de haber conseguido que todo el mundo asocie la palabra corrupción con la Comunidad Valenciana. Como se relata en el libro de Sergi Castillo, la Tierra de Saqueo se ha visto salpicada por la mayoría de las grandes tramas de corrupción (Gürtel, Brugal, Nóos, Emarsa) y ha conseguido superar el número de 100 políticos imputados por corrupción, entre los que destacan nombres como los de Carlos Fabra, Ricardo Costa, Sonia Castedo, Juan Cotino,Alfonso Rus, Alfonso Grau o Serafín Castellano. Sin lugar a dudas, el PP valenciano ha sido una máquina a la hora de generar políticos corruptos. Quizás el caso más desagradable y vergonzoso sea el del exconsejero Rafael Blasco, condenado finalmente a seis años de cárcel por desviar fondos destinados a proyectos de cooperación al desarrollo en Nicaragua. ¿Existe algo más inmoral que robar dinero destinado a hacer llegar agua potable y promover la agricultura en comunidades rurales del Tercer Mundo para adquirir y reformar inmuebles propios? El nuevo Gobierno valenciano tendrá que garantizar, mediante mecanismos de transparencia eficaces, que no vuelva a suceder lo mismo, y deberá acabar con la impunidad de los responsables del saqueo de las arcas públicas valencianas que ha tenido lugar en estos años.

Del despilfarro a un modelo productivo sostenible. Se estima que si sumásemos todo el dinero saqueado en los casos de corrupción y los fondos derrochados en grandes eventos y obras faraónicas se superarían los 12 500 millones de euros, una tercera parte de la deuda actual. El colectivo periodístico Xarxa Urbana estuvo organizando en Valencia las conocidas «Rutas del Despilfarro», un recorrido a través de todos los fenómenos de derroche de los fondos públicos valencianos. Eventos de grandes costes y que apenas revertieron en el pueblo valenciano, como la visita del Papa o el fiasco de la Fórmula 1; construcciones ruinosas abocadas al fracaso, como el aeropuerto de Castellón, la Ciudad de la Luz o Terra Mítica; la quiebra de las cajas de ahorros CAM y Bancaja, o el descalabro de Radio Televisión Valenciana. La joya de la corona quizás sea el Museo de las Artes y las Ciencias, diseñado por el pluridemandado Calatrava, que costó cuatro veces lo presupuestado, cuenta con varios errores de construcción y únicamente da pérdidas, por lo que tuvo que despedir a media plantilla en 2012. Otro ejemplo de cómo empezar la casa por el tejado lo encontramos en el Centro de Investigación Príncipe Felipe, donde se gastaron una fortuna en instalaciones que no se utilizaron en años para posteriormente tener que despedir a la mitad de la plantilla tras sufrir un ERE en 2011. Puede que el mejor resumen de lo ocurrido en esos años lo encontremos en el programa Resacón en Levante, de La Sexta Columna. Políticos que malgastaron y se beneficiaron de nuestro dinero por encima de sus posibilidades gracias a un modelo productivo basado fundamentalmente en la construcción y especulación inmobiliaria que hubiese continuado en barrios como el del Cabanyal, salvado finalmente tras la marcha de Rita Barberá. El actual Gobierno valenciano tendrá que apostar por un nuevo modelo productivo que sea sostenible y genere beneficios a largo plazo invirtiendo en sectores basados en el conocimiento, la investigación y la innovación. También sería buen momento para realizar una auditoría ciudadana de la deuda generada y considerar su legitimidad. ¿Acaso tenemos que pagar nosotros el capricho y la avaricia de unos insensatos?

De los recortes al rescate ciudadano. Y, mientras tanto, ¿qué ha sacado de provecho el pueblo valenciano tras estos años de saqueo y derroche? Recortes.Recortes en educación que han dejado sin calefacción a varios institutos y han obligado a los alumnos a llevar mantas de casa; recortes en sanidad por los que se ha catalogado a la Comunidad Valenciana como la peor en asistencia sanitaria; recortes en investigación que han dejado este sector bajo mínimos, y recortes en dependencia que le han valido a la comunidad la consideración de ser la peor en gestión y aplicación de las ayudas a las personas dependientes. Recortes que, finalmente, se han traducido en que una de cada cuatro familias valencianas viva por debajo del umbral de la pobreza, en que el 36 % de los niños valencianos se hallen en riesgo de pobreza y exclusión, según un informe de Unicef, y en que la tasa de desigualdad haya crecido el 10 % entre 2008 y 2012. Ante esta situación de emergencia social, el nuevo Gobierno deberá garantizar a los valencianos derechos básicos como los de vivienda, alimentación y educación, priorizando la lucha contra la pobreza infantil.

De la imagen de Barberá y Camps en un Ferrari descapotable en 2007 a la de este último sentado en el banquillo en 2011 y la de la exalcaldesa renunciando a su acta de concejal para evitar asistir a la investidura del nuevo alcalde, Joan Ribó. Símbolos del desvarío político, de una gestión nefasta y de un Gobierno que bien puede considerarse antisistema, ya que literalmente ha destrozado todo lo que ha tocado. El mayor reto que tiene el nuevo Gobierno es enterrar aquel Levante retratado en las novelas de Chirbes y plantar los cimientos de una nueva tierra que devuelva la dignidad al pueblo valenciano. Ahora que está todo derruido hay que empezar a construir de nuevo.

Entrada en El Huffington Post

Sueños, deseos y compromisos

Guanyem Valencia

 

Xosé M. Souto González. Profesor de didáctica de las ciencias sociales en la Universitat de València y participante en Guanyem València.

Cuando las situaciones de vida más precarias desaparecen de las noticias o se vuelven tales convertidas en elementos dramáticos y espectaculares sospechamos que hay algo bajo la apariencia de normalidad. Sabemos que existen desigualdades sociales basadas en el dominio de unas pocas personas sobre una gran mayoría que vende su esfuerzo, su trabajo, por un escaso salario. E incluso intuimos que otras personas ni siquiera tienen derecho a un trabajo, ni a vivienda, ni pueden acceder a una buena alimentación y cultura. Sencillamente vagan como sombras invisibles en un mundo de apariencias.

En estos momentos, nos rebelamos o consentimos la dominación. Hace cuatro años, en un mes de mayo agitado por las emociones compartidas de la búsqueda de la dignidad perdida, se denunciaron injusticias que nos acosaban. Encontramos a otras personas que compartían con nosotros la rebelión contra un poder que se decía anónimo: los mercados. Y personificamos la ira y la rabia en sus mandarines políticos, esos que gobiernan para que otros manden. Pasada la inicial respuesta vivida y sentida, la mayoría se fue adaptando otra vez a la sumisión y obediencia ante lo irremediable: nada se podía cambiar. Cada uno era responsable de sus actos y habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, como se repetía una y otra vez desde las instituciones del poder político.

Sin embargo, en estos primeros meses de 2015 resurge la esperanza de poder cambiar la situación. Pero cambiar ¿qué? Se hace alusión a un sueño, al anhelo de una emancipación popular y de echar a los corruptos. Para que podamos mudar la situación de injusticias es preciso que seamos conscientes de los problemas cotidianos. Estos no se originan en los sueños ni en estados del inconsciente; son reales y nos acechan en forma de paro, de condiciones laborales precarias, de tener que pagar para disponer de un cuidado sanitario, de la ausencia de becas que compensen las desigualdades sociales, de vernos empujados a emigrar para buscar trabajo y derechos sociales fuera del lugar donde hemos nacido. Necesitamos mudar los sueños en deseos colectivos. Pensar sin miedo y con confianza en nuestros amigos, compañeras, vecinos. Y eso empieza por uno mismo en sociedad.

Empieza por organizarse en sociedad sin tabúes ni prejuicios, pero también denunciando a quienes manipulan para solo alcanzar el poder simbólico: el poder político-administrativo. Los deseos colectivos son algo más que juegos de palabras, por muy bonitas que sean las metáforas. Crecen desde el interior de los sentimientos y las reflexiones individuales y toman cuerpo en una ciudadanía compartida. Y ello supone romper con las barreras del individualismo, algo difícil de alcanzar cuando la comunicación se halla en un limbo espacial y no miramos a los ojos, sino a una pantalla publicitaria.

Los deseos colectivos se construyen desde la escucha de las voces de las emociones personales, que consiste en saber percibir las miradas de otras personas, los ecos de los problemas que surgen en los barrios, en los centros sanitarios, en las escuelas… Y para esto hay que conocer cómo funciona la sociedad y cómo viven las personas. Se trata de superar el sueño individual para alcanzar el compromiso ciudadano. La ciudadanía se basa en compartir derechos y deberes en una sociedad construida desde el diálogo y el debate. Supone saber convivir con los diferentes, con los que no tienen las mismas emociones, ideas y habilidades, pero comparten la dignidad de ser ciudadanos; personas con derechos y deberes.

Esta manera de enfocar la ciudadanía es la que han desarrollado algunas personas y colectivos desde aquel 15M y ya antes en otros movimientos asociativos, y, por qué no, algunos sindicatos y partidos. Movimientos sociales de distinta índole que permitieron alcanzar importantes cuotas de bienestar en la defensa de los derechos cívicos. Urge recuperar la organización colectiva para no sucumbir en la idealidad de la saturación de palabras, mensajes y otras jergas que se ocultan bajo las voces en las que hay negocio y emoción. Deslindar ambas no siempre es fácil en la sociedad actual. Mi experiencia en la construcción del movimiento político Guanyem-Volem de Valencia me anima a participar en foros como este para animar a otras personas a ofrecer sus puntos de vista sobre actuaciones semejantes.

No obstante, los foros sirven para eso: compartir ilusiones, proyectos. Después es preciso trabajar con constancia para que dichos proyectos se transformen en acciones emancipadoras. En primer lugar, para romper las cadenas de la invisibilidad de quienes viven ocultos en la espesa niebla de las noticias que no se publican. Después, en hacernos conscientes de los elementos que definen un espacio público, aquel donde los beneficios financieros quedan relegados a la consecución de un bien ético, que sepa definir las condiciones materiales de la comunidad social. Y eso se construye cara a cara. Tengo mis dudas de que con el botón de «Me gusta» se pueda elaborar una acción concreta que modifique la existencia de una persona y un colectivo. Porque cuando miramos a la cara a otra persona buscamos su complicidad en la comunicación, o bien la descartamos por ser contraria a nuestros intereses.

No quiero impugnar las ventajas de una comunicación telemática e instantánea, pero sí cuestionar las falacias de una democracia comunicativa que se ciñe a palabras frías en las pantallas de productos empresariales. Me agrada la comunicación sincera y honesta, esa que no se oculta bajo un nick o alias. Para ello es preciso participar políticamente en contacto con las personas allí donde están y sienten. Eso sí es una política nueva.

Información de usar y tirar

Portadas Periódicos Banco Santander

En esta sociedad de inmediatez y exceso informativo, resulta curioso observar cómo las noticias que encontramos en los medios digitales tienden a ser cada vez más breves, sintéticas y superficiales. Es decir, a pesar de que ahora disponemos de mayor cantidad de información, parece que los contenidos se han vuelto menos sustanciosos. En medio de la avalancha de noticias que recibimos diariamente, tratamos de asimilar como podemos los titulares que nos parecen más relevantes, los ojeamos de manera fugaz y dispersa en nuestros dispositivos móviles e intentamos economizar al máximo el tiempo invertido en procesarlos, sin permitirnos, en muchas ocasiones, contrastar todo lo que leemos. Debido a la imposibilidad de filtrar y retener toda la fast-information que gobierna en esta sociedad líquida, nuestro cerebro se ve forzado a digerir rápidamente todo lo que encuentra en los medios para procesarlo e inmediatamente vomitarlo, liberando espacio para la cabida de nueva información.

Ante la continua demanda de primicias rápidas y atractivas, los grandes medios de comunicación compiten en busca de nuevas exclusivas que logren cautivar a nuevos lectores. En esta guerra de medios, donde suele primar la novedad sobre la rigurosidad, parece que resulta rentable publicar una exclusiva todavía por confirmar, si con ello se consigue aumentar las ventas o contentar a determinadas influencias políticas que se esconden detrás de los medios, y rectificar posteriormente con una nota a pie de página que no dañe la credibilidad del periódico. Últimamente, hemos presenciado algunos casos en los que medios de tirada nacional se han visto obligados a rectificar sobre noticias que han ocupado las portadas durante varios días, como El Mundo sobre el caso Cuadrifolio, La Razón sobre el padre de Tania Sánchez o El País sobre el currículum de Monedero.

El pasado mes vimos cómo el banco Santander, en una clara demostración de poder, fue capaz de comprar las portadas de los principales periódicos españoles en un mismo día. Una semana más tarde, las portadas de estos diarios ignoraban o apenas daban relevancia a la noticia de la lista Falciani, que revelaba que la familia Botín ocultaba cerca de 2000 millones de euros en paraísos fiscales. Esta aparente coincidencia no deja de ser fruto de la profunda crisis, tanto económica como de credibilidad, que está sufriendo buena parte de la prensa tradicional en España, probablemente asociada con el descenso del número de ventas en los últimos años. Cuando un medio percibe la mayor parte de su financiación a través de la publicidad, la libertad de un periódico y la capacidad de realizar investigaciones independientes de intereses empresariales o políticos pueden verse mermadas por las presiones internas de aquellas empresas privadas que proporcionan sus principales ingresos publicitarios. Como confesaba Iñaki Gabilondo en su entrevista con Pablo Iglesias, «cuando un periódico entra en bolsa, se suicida». Si, por ejemplo, un periódico está en manos de una empresa cuyos principales accionistas son los bancos, puede que no le interese dejar en buen lugar a opciones políticas que estén en contra de los intereses de estos bancos. La alternativa, en estos últimos tiempos, a la decadencia de la prensa tradicional se constituye en nuevos proyectos de periodismo profesional e independiente que intentan minimizar la dependencia económica de la publicidad como Eldiario.es, Infolibre, la revista Alternativas económicas o La Marea, y espacios donde los ciudadanos de a pie pueden expresar sus opiniones, como el ofrecido por El Huffington Post.

En una sociedad tan dependiente de la información, es indiscutible que los medios de comunicación tendrán un papel decisivo en este año electoral. Es por ello por lo que debemos permanecer alerta ante cualquier tipo de manipulación informativa y tratar siempre de filtrar, contrastar y retener cualquier noticia que llegue a nuestros oídos. Recordemos que la manipulación no se limita únicamente al contenido que se incluye o excluye en la noticia, sino que concierne también a la visibilidad que se le da en función de su relevancia. Por otra parte, desde el punto de vista de la ética periodística, la aparición de nuevos medios libres e independientes y de espacios de periodismo ciudadano que garanticen una información contrastada, plural y sin censura, además de transparencia en sus formas de financiación, es hoy más necesaria que nunca. El futuro del periodismo en España se intuye incierto a la espera de una revolución en los medios. Puede que, al igual que está sucediendo con los partidos políticos, a los medios de comunicación les viniese bien un buen lavado de cara.

Entrada en El Huffington Post

Rescatemos a los autónomos

Rescatemos a los autónomos

Con una tasa de desempleo juvenil que alcanza el 53,8%, un servicio público que continúa colapsado y las grandes empresas escudándose en la crisis para seguir precarizando a sus trabajadores, el autoempleo se perfila como una de las pocas opciones profesionales para buena parte de los jóvenes españoles. Sin embargo, adentrarse en la aventura emprendedora en este país puede convertirse en una verdadera carrera de obstáculos que el trabajador por cuenta propia tendrá que sortear solo para empezar, lo cual no garantiza -ni mucho menos- la viabilidad económica de la empresa a largo plazo.

Ante todo, el autónomo debe enfrentarse a los trámites burocráticos que requiere la creación de una nueva empresa o la declaración de inicio de una actividad económica profesional. A pesar de que España ascendió el año pasado desde el paupérrimo puesto 142 hasta el 33 en facilidad para crear empresa según un informe del Banco Mundial, todavía estamos por debajo de la mayoría de los países de la zona euro, y son necesarios seis procedimientos y 13 días de media para que una empresa eche a andar. Unos trámites que a menudo deben realizarse presencialmente y a los que hay que sumar, una vez iniciada la actividad, la farragosa burocracia periódica y las lamentables condiciones impuestas por la Administración, según las cuales los errores o los descuidos solo se pagan caros cuando los comete el autónomo.

Sin embargo, la verdadera odisea emprendedora comienza al afrontar las elevadas cuotas de cotización a la Seguridad Social en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos: unos 265 € mensuales sobre la base mínima. Esto es: más de 3000 € de gastos fijos anuales solo en cotizaciones, que no incluyen, entre otras, la prestación por desempleo. Ante esta realidad, las medidas propuestas por el Gobierno en su habitual política parchista pecan de precipitadas y están pensadas únicamente a corto plazo, y demoran y tapan con lodo el problema de fondo en lugar de solucionarlo. A la cacareada tarifa plana de 50 € para fomentar el autoempleo es difícil acogerse debido a las numerosas limitaciones e incompatibilidades, y en todo caso se aplica solo durante seis meses, tiempo a todas luces insuficiente para asentar la actividad económica de cualquier empresa. Mientras tanto, en países vecinos como Francia o Portugal, las cotizaciones se calculan en función de los ingresos reales, una fórmula proporcional que permite afrontar con más facilidad los primeros años de establecimiento del negocio. Recientemente, la revista Forbes ha publicado una lista comparativa con las condiciones, cuotas y pagos que corresponden a los autónomos en distintos países europeos que deja en evidencia las carencias -y la tremenda desproporción- del sistema de cotización en España.

Además de abonar la cuota mensual de 265 €, el autónomo debe hacer frente a las declaraciones trimestrales del IVA y retenerse un porcentaje mínimo del 15% a cuenta del IRPF en las facturas, lo que merma considerablemente su liquidez. Por una parte,el rotundo fracaso del IVA de caja, un criterio de pago reclamado por los autónomos durante muchos años, arroja aún más luz a la estremecedora realidad económica de un Estado en gran medida financiado -a coste cero y en condiciones envidiables- por sus trabajadores por cuenta propia. Por otra parte, el sistema tributario español actual está diseñado para favorecer a las grandes fortunas mediante una estructura impositiva regresiva gracias a las sucesivas reformas del IRPF impulsadas durante los últimos años, que han ido reduciendo la presión fiscal sobre las rentas más elevadas a expensas de la ejercida sobre la clase media. Por si fuera poco, no contentas con las ventajas fiscales que benefician a las grandes compañías, ciertas multinacionales -entre ellas el 95% de las empresas del Ibex 35facturan en España pero pagan sus impuestos en paraísos fiscales, y lo hacen amparadas por la ley. Como se recuerda en el episodio «Emperdedores» de Salvados, Google tributa el 40% en Estados Unidos y el 4% en el resto de los países. Así, mientras las pequeñas economías se asfixian y muchas de ellas se ven obligadas a sumergirse para subsistir, las grandes empresas nadan a sus anchas como tiburones en la superficie y presionan para imponer sus propias condiciones amenazando con trasladar sus capitales a otros países.

Las dificultades burocráticas, las desproporcionadas cuotas de cotización de los autónomos y las injustas contribuciones fiscales suponen una inmensa barrera para los jóvenes -y no tan jóvenes- que quieren emprender en este país. Cada día aparecen nuevas peticiones para exigir cuotas más asequibles y proporcionales a la facturación efectuada o una legislación fiscal empresarial que sea justa y equilibrada. Si queremos fomentar la cultura emprendedora y la creación de nuevas empresas para reactivar la economía española, habrá que empezar por plantearse si las condiciones para ello resultan las más adecuadas. O cambiamos las reglas del juego o los autónomos están condenados a perder antes siquiera de empezar la partida. Rescatemos a los autónomos. Todavía estamos a tiempo.

Entrada en El Huffington Post

La política como necesidad

2014-12-17-Lapolticacomonecesidad

Si los ciudadanos aspiramos a cambios reales y duraderos en la sociedad, la política deja de ser automáticamente una opción cualquiera. Por más que lo parezca, la política no es el arte de marear la perdiz. Hacer política es decidir: apostar por anteponer determinados intereses a otros cuando son claramente incompatibles, o cuando los consideramos sencillamente ilegítimos. En este sentido, la desafección política en una sociedad es un suicidio ciudadano colectivo, por lo que el divorcio de esta con aquella -bajo el riesgo de que seamos constantemente víctimas del «cambiémoslo todo para que todo siga igual»- no debe tardar en consumarse a fin de que podamos aspirar a una sociedad mejor: aquella en la que caben todos los colectivos con sus reivindicaciones en condiciones de igualdad.

Si creemos que el Estado debería invertir más en sanidad, educación, I+D y cultura; que los derechos de los ciudadanos peligran en muchos ámbitos, como el laboral, y deberían ser blindados; que los recortes en sanidad son ataques frontales al derecho a la vida de numerosísimas personas; que es insultante que el rescate de la banca se haga con dinero público mientras sus beneficios son exclusivamente privados; que los jueces no son suficientemente independientes; que la televisión pública está supeditada a intereses particulares; que los bancos han estafado impunemente y de forma descarada con las preferentes; que la corrupción es una plaga que hay que erradicar, y contra la cual hay que legislar sin concesiones; que el indulto es uno de los instrumentos más antidemocráticos en las sociedades democráticas de hoy en día, y hay que suprimirlo o, cuando menos, limitarlo a contadas circunstancias, y que, a estas alturas, es imprescindible una reforma constitucional, entonces necesitamos hacer política.

Si pensamos que la desigualdad social en España es preocupante; que los derechos de las personas con discapacidad física son innegociables; que hay todavía mucho por hacer para conseguir la igualdad efectiva entre hombres y mujeres; que la política no puede servir para promocionar intereses privados en detrimento de los públicos; que es un total sinsentido que los intereses de la deuda prevalezcan sobre cualquier derecho o interés de los ciudadanos; que un Gobierno en una situación de crisis económica como la actual debería, para garantizar el derecho a la vivienda digna, restringir las condiciones para desahuciar a familias enteras; que la dignidad humana es el primer límite al poder político…; y si nos negamos a aceptar que España no es país para jóvenes; si sostenemos que la libertad de prensa no debería ser coartada; que la ley mordaza es una ofensiva contra los derechos de los ciudadanos a defender libre y legítimamente sus reivindicaciones; en definitiva, si creemos que la política debe estar al servicio de la ciudadanía, debemos hacer política.

La política es indisociable de todos los cambios estructurales necesarios para la construcción de la sociedad a la que aspiramos. Es la herramienta idónea para redefinir una sociedad capaz de garantizar los derechos de los ciudadanos y resistir la tiranía de los poderes financieros, que esclavizan cada vez más a los Estados. Es más que obvio que la renovación de la clase política y estos cambios no se conseguirán únicamente a golpe de tuit, sino que hace falta una implicación ciudadana directa. O somos los ciudadanos quienes decidimos, u otros decidirán hasta lo impensable por nosotros. Queramos admitirlo o no, la política es una necesidad. Más aún: es el verdadero campo de batalla.

Entrada en El Huffington Post

Resignados y antisistema

“Si según vosotros vuestra época merece ser salvada, entonces mejor comenzad a nadar u os hundiréis como una piedra.” Bob Dylan, The Times They Are A-Changin’.

Últimamente parece que algunos políticos y medios de comunicación se empeñan en seguir utilizando el término antisistema, en general con un sentido peyorativo, para tratar de calificar a todos aquellos jóvenes que se muestran disconformes con el sistema en el que viven y a quienes se atribuye la autoría de la mayoría de los incidentes violentos ocurridos en las manifestaciones. Pero ¿por qué seguir recurriendo en estos casos al términoantisistema, que debería referirse a cualquier persona con una ideología contraria al orden sociopolítico establecido, y no utilizar otros adjetivos más apropiados como pirómano, violento o salvaje para definir a aquellos que queman contenedores en las calles?

Quizás esta asociación de ideas (antisistema = peligroso) no tenga otro objetivo que el de reprimir un pensamiento libre e independiente, oprimir el espíritu crítico y querer hacernos creer que este sistema es inamovible, inmutable y el único posible, y que, por tanto, todo aquel que se oponga a él e intente cambiarlo es violento y peligroso. Sin embargo, cuesta imaginar a una persona con convicciones morales que no pretenda mejorar el sistema del que forma parte si este no funciona o es insostenible. Como decía Salvador Allende, ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi hasta biológica.

En contraposición a los antisistema (nos referimos aquí a quienes buscan promover un cambio, sin connotaciones negativas) se encuentran los indignados resignados, para quienes la desafección política, generada sobre todo por la avalancha de casos de corrupción, se ha acabado convirtiendo en frustración, conformismo y escepticismo ante cualquier tipo de cambio. Este pensamiento general de que no se puede hacer nada por cambiar las cosas ha sido aprovechado por quienes están interesados en que todo siga igual, utilizando la incertidumbre que provoca lo desconocido para inducir el miedo a que cualquier tipo de cambio resulte un desastre o nos lleve a una situación mucho peor. Un ejemplo ilustrativo lo podemos encontrar en los políticos que se aferran a la Constitución como si se tratase de un libro sagrado que no se puede modificar (a menos que exista un interés mayor), cuando la historia nos ha enseñado que la evolución es imparable y nada permanece inalterable con el paso del tiempo.

Desde mayo de 2011 hasta ahora hemos visto como buena parte de la sociedad indignada ha convertido su resignación en activismo, participación e involucración en diversas plataformas políticas o movimientos ciudadanos. Si bien el 15M no produjo un cambio real a escala política, sí consiguió despertar nuevas conciencias, y mentalizó y convenció a toda una generación de que no podemos desentendernos de la política y de que es necesario intervenir si no queremos volver a cometer los mismos errores. Esta necesidad de reaccionar y organizarse ante una situación de crisis política, económica y social se ha visto materializada en la formación de nuevas organizaciones políticas creadas a partir de redes ciudadanas, como Podemos, Partido-X o, más recientemente, la iniciativa municipal Guanyem Barcelona.

Mutaciones, Proyecciones 15M
Ahora nos movemos sobre un punto de inflexión, para algunos una posible segunda transición, en el que la irrupción de la ciudadanía en la arena política genera un nuevo debate que virará no tanto en torno al eje de abscisas, donde siempre tendemos a situar a los partidos a la izquierda o a la derecha, como en el eje de ordenadas, donde se tendrá que medir la separación entre los de arriba y los de abajo, es decir, entre la clase política y los ciudadanos. Este aumento de participación, compromiso e implicación de la sociedad será necesario y fundamental, y deberá permanecer constante si queremos que derive en una verdadera regeneración democrática, una mayor transparencia en todas las instituciones y un mayor control por nuestra parte en la toma de decisiones importantes.

La sociedad española actual parece destinada a seguir dividida, ahora entre quienes intentan cambiar el sistema y quienes permanecen resignados al que hay. En estos últimos tiempos, hemos visto cómo la situación de crisis actual, la desorbitada tasa de desempleo y los continuos casos de corrupción han originado la apertura de la política a una ciudadanía cada vez más concienciada, implicada y participativa. De ahora en adelante, el compromiso, la perseverancia y el nivel de organización en las redes ciudadanas (en las que las nuevas tecnologías son de gran utilidad) serán los retos que tener en cuenta para que finalmente se consolide un verdadero cambio en el sistema democrático actual. Mientras tanto, habrá que esperar a ver si cada vez son más los indignados que convierten su resignación en compromiso e involucración, y no al revés. Pues, como dijo Albert Einstein, el mundo no será destruido por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que lo miran sin hacer nada. O dicho de otro modo, si uno no es parte de la solución, es parte del problema. Y para terminar, una última reflexión para los amantes del término antisistema: ¿no será que el sistema ya está cambiando debajo de sus pies y ustedes, sin ni siquiera darse cuenta, se han convertido en los verdaderos antisistema?

Ciudadano Normal

Entrada en El Periódico de Catalunya