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“El ‘brexit’ ha demostrado que los ciudadanos pueden cambiar las cosas”

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Víctor Santana (Pontevedra, 1988) es experto en relaciones internacionales, graduado en Administración y Gestión Pública y máster en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos. Actualmente es asesor en el grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos en el Parlamento Europeo. Se considera a sí mismo un apasionado de Europa, pero no de la Unión Europea.

Contra todo pronóstico, en junio pasado la mayoría de los ciudadanos del Reino Unido decidieron votar por abandonar la Unión Europea. ¿Crees que era necesario el brexit? ¿Por qué?

Yo creo que lo necesario no era el brexit como tal, sino más bien el mensaje que transmite. El brexit no es sino una forma de decirle a la gente que siempre hay una manera de cambiar las cosas. Como recordatorio, sirve para abrir el debate sobre si nosotros, los ciudadanos europeos, queremos seguir avanzando en la UE en la que hoy estamos y con las instituciones que hoy tenemos. El brexit era necesario porque lo que necesitábamos era darnos cuenta de que nada es irreversible y siempre podemos volver a recuperar lo que se nos ha ido quitando desde hace años -sobre todo, desde Maastricht-, que se llama democracia.

El brexit nos ha demostrado que hay países que pueden abandonar la UE, cuando decían que no podía ser. En todo caso, más allá de la soberanía, más allá de la capacidad de los países de volver a tener relaciones comerciales con terceros países, elbrexit nos ha enseñado, como está pasando en muchos países, que los ciudadanos pueden cambiar el rumbo de las cosas. Y creo que es algo muy importante, algo que los 500 millones de ciudadanos teníamos un poco olvidado.

El brexit ganó con el 52% de los votos. Eso quiere decir que el 48% restante de la población estuvo a favor de la permanencia en la UE. ¿Qué te sugieren estos datos? ¿Crees que este resultado es una piedra en el zapato de los que tienen que negociar el brexit?

Ante todo, creo importante hacer dos apuntes: primero, son 17 millones y medio de personas las que salieron a votar en contra de seguir en la UE; y segundo, es la vez que más personas votan secundando una idea en la historia del Reino Unido. Dicho esto, es cierto que hay un 48% de la población británica que votó en contra del brexit, y es un dato que hay que tener en cuenta.

Desde el mismo día del resultado del referéndum, muchísimos líderes de la campaña del brexit salieron a la calle diciendo: “Sí, hemos ganado, ya que el 52% votó a favor del brexit. No obstante, hay un 42% de la población, y sobre todo dos regiones que fundaron el Reino Unido, que han votado por seguir en la Unión. Entonces, antes de pedir nada o de activar el artículo 50 del Tratado de la Unión, tenemos que sentarnos todos -todas las personas del Reino Unido- para marcar una hoja de ruta, porque obviamente hay una parte importante de la sociedad, casi la mitad, que ha votado quedarse”.

Por eso ahora mismo se están tratando muchos temas dentro del Reino Unido; se está dialogando sobre cuál es el camino por tomar. Por ejemplo, se está dialogando muchísimo con Escocia, donde más del 60% de la población votó a favor de la permanencia en la UE.

En todo caso, no cabe la menor duda de que va a haber brexit, pero con una serie de condiciones -o, al menos, es lo que va a pedir el Reino Unido- en las que se respeten la mayoría de los acuerdos ya firmados por la UE para que la vida de la gente no cambie o cambie lo mínimo. Creo que veremos al Reino Unido activar el artículo 50 en los primeros tres o cuatro meses del 2017.

La mayoría de los ciudadanos británicos que votaron “no” al brexit eran jóvenes. ¿Por qué crees que los jóvenes votaron “no” al brexit?

Con esta pregunta te estás refiriendo a los datos que dicen que el 73% de las personas de entre 18 y 25 años votaron a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE, pero estos no son datos oficiales. Lo cierto es que no hay manera de conocer si esas personas realmente votaron a favor de quedarse, porque obviamente el voto es secreto. Y lo que te dice una persona después de haber votado puede ser cierto o no.

Lo que sí sabemos con certeza es que, entre la población de 18 y 25 años, solo el 36% ha ido a votar. Y eso es un hecho; es una realidad, porque eso sí que queda contabilizado. Ahora bien, ¿crees que el 70% de esta población votó a favor de quedarse? Yo creo que en un referéndum de este tipo no se consiguen 17 millones y medio de votos sin contar con la participación de los jóvenes. Nosotros, en la campaña oficial, contábamos con muchísima gente joven.

¿Qué impacto tendrá el brexit sobre la gente?

Yo creo que el brexit no cambiará nada para la gente. Para las personas que hemos viajado al Reino Unido o en algún momento hemos buscado trabajo allí, o los que hemos querido ir de erasmus a uno de sus territorios, no va a cambiar nada.

Dicho de otra forma, vamos a poder seguir yendo allí de visita, de viaje, a buscar trabajo; vamos a poder seguir pidiendo una beca Erasmus para irnos a estudiar en una universidad del Reino Unido: todas estas cosas no van a cambiar. A lo mejor el tiempo me da una bofetada, pero creo que nada de todo eso cambiará. De hecho, esa es la intención del nuevo Gobierno del Reino Unido: que nada se altere.

Ahora bien, sí va a cambiar para muchas grandes compañías, multinacionales y políticos que han invertido durante muchísimos años dinero en Bruselas para tener una influencia que ahora van a perder, porque no es lo mismo hacer lobby en Bruselas que en Londres. Va a cambiar para grandes compañías de coches; va a cambiar para los grandes bancos. Para estas compañías y multinacionales, van a cambiar muchas cosas.

¿A qué te refieres cuando dices que las grandes compañías son las que se verán perjudicadas? ¿Hablas de tipos impositivos?

Cuando digo que las cosas van a cambiar para las grandes compañías, me refiero a la manera en que hacen lobby. En cuanto a los tipos impositivos, vamos a ver cómo el Reino Unido los baja; seguramente la mayor bajada será para las empresas, las sociedades. También veremos cómo el Reino Unido se convierte en un país mucho más competitivo ahora frente al resto de los países de la UE, que tienden a ir subiendo sus tipos impositivos y a armonizarlos a favor de Alemania y Francia.

¿Por qué estas empresas se van a ver perjudicadas, no todas, pero sí la mayoría de ellas? Pues porque estas empresas llevan 20 o 30 años en Bruselas haciendo lobbypara ganar competitividad en los despachos, cuando saben que no pueden ser competitivas frente a otras empresas que vienen de fuera de la UE. A esto es a lo que me refiero. Y estas cosas son las que vamos a ver cambiar en el Reino Unido en los próximos años: habrá empresas que tendrán que innovar o cambiar radicalmente para ser más competitivas porque no van a poder jugar con la legislación igual que lo hacían en la UE.

Muchos lamentaron que el referéndum sobre el brexit acabara siendo un referéndum sobre la inmigración. ¿Qué pasará con los inmigrantes, o la inmigración en general, en el Reino Unido?

No es verdad. El tema de la inmigración estaba realmente en los medios y era central para ellos, pero en ningún caso lo era para las campañas oficiales. No era central para los políticos que pertenecían a las campañas oficiales. El tema de la inmigración fue llevado como estandarte por la campaña de UKIP, que no consiguió ser la campaña oficial. Y su líder, Nigel Farage, es una persona que no tiene ninguna responsabilidad actualmente en las negociaciones del brexit ni en el Gobierno. Es una persona que estuvo siempre fuera de la línea de la campaña oficial. Siempre ha dicho exactamente lo que le ha dado la gana. Es más, creo que Nigel Farage no quería la victoria del brexit porque esto significa automáticamente la muerte del partido que él ayudó a crear, y el final de su carrera.

En lo que se refiere a la inmigración, el voto al brexit no era un voto para cerrarse dentro de sus fronteras, un voto nacionalista, un voto como el del Frente Nacional, por ejemplo. El voto al brexit fue un voto, y se dijo así desde la campaña oficial, con el que derrumbar las fronteras que la UE nos ha obligado a poner y que impiden a los países de la Unión conectar con el resto del mundo. No es que el Reino Unido quiera dejar de tener inmigrantes, sino derribar sus fronteras y poder atraer a personas del resto del mundo, sobre todo de su expansión tradicional como la Commonwealth.

El mismo día de la victoria del brexit, las búsquedas en línea sobre sus consecuencias crecieron el 250%. ¿No crees que la gente votó sin conocimiento de causa o que, de alguna forma, hubo un voto irresponsable?

Lo cierto es que tampoco sabemos quiénes lo buscaron. A lo mejor lo hicieron las personas que votaron a favor de quedarse en la UE y, puesto que les habían vendido que era imposible que el brexit ocurriese, no se informaron. Son 16 millones de personas las que votaron quedarse: a lo mejor son ellas las que han motivado este incremento. De todas maneras, y asumiendo que fuesen los que apoyaron el brexit las personas que se informaron sobre sus consecuencias ese día, me niego a pensar que la gente es estúpida.

Creo que las personas son responsables y que, cuando votan una determinada opción, lo hacen por una razón. Nosotros, en la campaña, dimos un montón de información; se escribieron libros, se escribieron panfletos; se hicieron vídeos explicativos. Se hizo una película. Y estamos convencidos de que nuestra información llegó a la mayoría de los votantes del brexit. Es más, estamos convencidos de que el mayor porcentaje de personas que apoyaron el brexit lo hicieron pensando y habiendo leído toda la información que pusimos a su disposición.

Daniel Hannan, eurodiputado británico, escribió un libro titulado Why vote leave en el que se explican todas y cada una de las razones por las que se debería votar leave. Su publicación ha sido un bestseller en el Reino Unido. Dicho esto, es importante dejar claro que muchísimas personas se informaron sobre por qué tenían que votar a favor de abandonar la UE. Seguramente hay muchísimas personas que pensaban votar a favor de la permanencia en la UE pero, después de leer toda la información que pusimos a disposición de la sociedad, cambiaron de opinión y votaron por elbrexit.

La libra ha caído y las previsiones del Fondo Monetario Internacional respecto al Reino Unido no son particularmente buenas. ¿Son datos que tienen que preocupar?

Yo creo que es importante ver lo que dice el Fondo Monetario Internacional, al igual que hay que ver lo que dicen todas las agencias de rating. Además, es importante estar pendiente de lo que está pasando con la Bolsa en toda Europa. No obstante, se decía que el brexit iba a ser la catástrofe para la libra, para la economía británica, y por ahora, donde hemos visto la mayor catástrofe es en la Bolsa italiana. Es obvio que la libra ha caído y, hasta ahora, no ha conseguido tener el valor que tenía antes del referéndum, pero se está recuperando.

Hemos visto cómo grandes multinacionales y compañías, que antes del referéndum amenazaban con cambiar sus sedes a otros países de la UE, ya han dicho que no se van a mover. Es cierto que el brexit ha afectado la economía porque se ha rebajado las expectativas de crecimiento. No obstante, el mismo FMI acaba de reconocer que el Reino Unido sí va a crecer; menos de lo que se tenía pensado, pero que lo va a hacer. Por cierto, ¿acaso todos estos organismos siempre han acertado hasta ahora?

A propósito del referéndum, Cataluña se asoma. ¿Crees que el Estado central debería llegar a un pacto con Cataluña sobre la posibilidad de convocar un referéndum y decidir sobre su futuro?

Yo creo que los referéndums son una cosa sanísima y útil para decidir casos importantísimos como este. Ahora bien, encuadrar la realización de un referéndum solo en una comunidad autónoma en el marco constitucional español actual es muy difícil.

Pero mi respuesta a la pregunta de si estoy a favor de que la gente y los pueblos se manifiesten y decidan su futuro es un sí rotundo. Creo que nadie querría vivir en un país que no permite que sus ciudadanos se expresen. En todo caso, creo que con voluntad sí que se podría hacer, porque al final las leyes se pueden cambiar. De todas maneras, si en algún momento vemos un referéndum en Cataluña, yo estaré intentando convencer a la gente para que se quede.

Entrevista en El Huffington Post

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El derecho al asilo y la marca Europa

Lo que está ocurriendo estas últimas semanas en las fronteras húngaras es sencillamente una vergüenza. Dudo que haya una palabra que lo pueda calificar mejor. Después de que el mar Mediterráneo se haya convertido, estos últimos meses, en un cementerio para miles de personas que escapaban de todo tipo de desgracias, la búsqueda de asilo en territorio europeo presenta una de sus peores caras: la práctica pasividad de los países europeos frente a la violación masiva de derechos humanos por parte del Gobierno húngaro. La decisión de la Unión Europea o de los países europeos de acoger a miles de refugiados no es ―y, por tanto, no debe ser considerado― ningún acto de caridad. Acoger a estas personas atrapadas en un éxodo totalmente entendible y justificado por la situación de guerra insostenible en Siria es cumplir con una obligación internacional: la de hacer efectivo un derecho reconocido en muchos instrumentos internacionales, a saber, el derecho al asilo. Por lo tanto, estas personas tienen derecho a ser tratadas con dignidad en el ejercicio de su derecho: el de poder encontrar amparo en otro territorio en situaciones, como esta, en que sus vidas peligran en sus países de origen.

La Europa abanderada de los derechos humanos debe demostrar que no son un negocio que solo hay que tener en cuenta de forma estratégica, y ha de unirse para proporcionar una solución efectiva a la situación actual. En este sentido, mientras sigue con la famosa política de las cuotas obligatorias y las discusiones con quienes se quieran desentender, totalmente o en parte, de esta crisis humanitaria, debe pararle los pies al cinismo del Gobierno húngaro, cuya máxima preocupación parecen ser las bases cristianas de Europa. Unas bases que considera en la cuerda floja si no se reprimen o se cierran las barreras a este colectivo, castigado por una inestabilidad política que la misma Europa, quizás, entienda mejor que los propios refugiados. La hemeroteca no perdona y es el mejor aliado de estos refugiados; es asimismo el peor enemigo de muchos de estos países que ahora consideran o abordan esta situación como una lacra. Lo cierto es que hay quienes estaban dispuestos a armar a grupos rebeldes para derrocar a al-Asad, y hasta los hay que se planteaban atacar en solitario en Siria.

La doble moral de Europa sigue siendo la norma: condenar a algunos países por no ser democráticos y mantener luego toda clase de relaciones con los que no lo son. La crisis de refugiados en Europa es el resultado de este tipo de políticas, que tarde o temprano pasan factura. La doble vara con la que se mide en Europa me hace dudar que se pida resolutivamente a Hungría lo mismo que a Venezuela: que respete los derechos humanos; que, en su caso, respete el derecho al asilo de los refugiados reconocido tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, entre otros. Hay que exigir, sin más consideraciones, el respeto por los derechos humanos en las fronteras húngaras en el más breve plazo posible. Por otra parte, es curioso constatar que el titular de la única institución democrática de la Unión Europea, Martin Schulz, no ha contestado a la última carta abierta, publicada en dos medios de comunicación y a la que seguramente ha tenido acceso, que le ha sido dirigida por ocho jóvenes preocupados por el funcionamiento de la Unión Europea en temas tan serios como este.

Que conste que si hay un favor que hacer a los refugiados no es, en todo caso, el de acogerlos por cierto sentido de caridad o humanidad, sino más bien el de respetar sus derechos; entre ellos, el inminente al asilo. De la pasividad frente a la vergonzosa escena de innumerables muertes en el Mediterráneo a la militarización de las fronteras en Hungría para reprimir «delincuentes», me quedo aún con más ganas de seguir leyendo estos «papeles mojados» en que se reconocen derechos y derechos y que, en la práctica, parecen depender de cada gallo, del capricho de cada Estado.

Entrada en El Huffington Post

Carta abierta a Martin Schulz: por un verdadero Estado Europeo

Estimado Sr. Schulz:

Hace dos años tuvimos la oportunidad de participar con usted en un debate organizado por El Periódico de Catalunyaque tuvo lugar en Barcelona unos meses antes de las elecciones europeas. Durante aquel encuentro, usted supo responder a todas nuestras preguntas sobre la crisis, la relación entre los distintos países europeos y la función de la Unión Europea. Después, tras las elecciones de mayo de 2014, decidió, paradójicamente, pactar con el Partido Popular Europeo para apoyar el nombramiento de Juncker -claro defensor de la austeridad en el sur de Europa- como presidente de la Comisión Europea y el suyo como presidente del Parlamento Europeo. Ahora, tras dos años de su nombramiento, nos surgen nuevas dudas acerca del funcionamiento de la Unión Europea.

En estos últimos cinco años, hemos presenciado cómo los dos primeros rescates a Grecia, que han ido acompañados de medidas de austeridad impuestas por la Troika, no han servido sino para incrementar todavía más el grueso de la deuda soberana griega y estancar, al mismo tiempo, su productividad económica, repercutiendo de forma directa en el aumento de la tasa de desempleo hasta cifras más que preocupantes. Este mismo año hemos visto de cerca la posible salida de Grecia del euro (Grexit) y la presión por parte del Eurogrupo al Gobierno heleno para que aceptase finalmente una tercera ayuda que ha ido acompañada nuevamente por un paquete de reformas. Este nuevo programa, que pareció un duro castigo tras la celebración del referéndum, incluye la subida del IVA, un aumento de privatizaciones y reformas en sus pensiones. Le hemos escuchado instantes antes del referéndumamenazar a Grecia con su salida del euro y posteriormente le hemos leído en El Huffington Post felicitándose por lograr el acuerdo de este tercer programa de ayuda a Grecia. Pero ¿qué tiene de diferente este tercer programa de rescate para no fracasar como lo han hecho los dos anteriores y asfixiar todavía más la economía griega? ¿Cómo puede un país pagar una deuda, reconocida como insostenible por el FMI, si destina la mayor parte del rescate a pagar las deudas con bancos extranjeros en lugar de invertir en su propio modelo productivo? ¿No sería más lógico que aquellos países con superávit como Alemania destinasen sus excedentes para estimular la economía en los países deficitarios como Grecia, España o Portugal, como propone el economista Varoufakis, sin la necesidad de asfixiar su economía con las duras reformas impuestas? ¿Qué función tiene el Banco Europeo de Inversiones (BEI)?

Es muy preocupante que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP).

Siempre que tratamos de comparar el funcionamiento de la Unión Europea con el de Estados Unidos llegamos a la conclusión de que no existe una verdadera unión política en Europa que gobierne por encima de los intereses propios de los Estados de forma independiente. Da la impresión de que la canciller Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble disponen de más poder que el propio Parlamento Europeo, institución que goza de una legitimación democrática directa, en la toma de decisiones financieras europeas. Esto preocupa, pues parece que Alemania se ha beneficiado gracias a la crisis griega con una bajada de los intereses de su deuda segúnun reciente informe del Instituto Halle para la Investigación Económica o con la concesión de catorce aeropuertos griegos privatizados, rentables económicamente, a empresas alemanas como condición del tercer rescate. Al final, todo acaba resumiéndose en el dominio de los poderes financieros en forma de bancos inversores que prevalecen frente al bienestar de los ciudadanos europeos. ¿No da la sensación de que se ha comenzado la casa por el tejado con la unión monetaria en la construcción de este gran Estado Europeo? ¿Acaso no se debería haber comenzado por asentar primero unos valores de solidaridad y fraternidad europea, cimentar las bases de una estrategia política y económica común? ¿No es hora de hacer autocrítica, asumir los errores estructurales en la Unión Europea y tratar de corregirlos?

También es más que preocupante el hecho de que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP). ¿Acaso no tenemos derecho a estar informados y debatir públicamente un tratado tan relevante en la vida de los europeos?

Por último, nos inquieta la falta de reacción de la Unión Europea ante la masiva llegada de refugiados que piden asilo en Europa. Mientras en Europa se debate sobre las cuotas de refugiados asignadas a cada uno de los Estados europeos, a las costas del Mediterráneo siguen llegando cuerpos sin vida. ¿Qué planes tiene la Unión Europea ante esta situación de emergencia? ¿No debería ofrecer más asistencia de ayuda humanitaria a las personas que llegan de forma masiva a las fronteras europeas?

Como puede ver, en estos dos años nos han surgido nuevas preguntas que nos gustaría que nos contestase. Esperamos su respuesta.

Un cordial saludo.

Esta carta ha sido escrita conjuntamente y firmada por Manuel Souto, Eli Dimitry Zetrenne, Paola Lloret, Daniel Pérez, Laura Berbel, Nil Bertran, Ayrin Islam y Azahara Cavanillas.

Carta en El Periódico de Catalunya

Carta en El Huffington Post

Los poderes financieros y el postureo ciudadano (Grecia y España)

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La noticia del tercer rescate de Grecia, a raíz de una teatralización de las negociaciones con el Eurogrupo y la posterior aceptación de las condiciones impuestas, así como la fractura interna del partido político heleno, Syriza, nos debe llevar directamente al rincón de pensar. Es obvio que la fractura interna de Syriza no hace sino evidenciar la lucha, tan intensa como contradictoria, de un partido político portador de un conjunto de exigencias de una ciudadanía harta de pagar todos los platos rotos de una crisis que parece tener como blanco solo a los ciudadanos, convertidos en responsables de una situación económico-social totalmente insostenible. Dicha fractura dentro de este partido es síntoma de la situación de quienes dicen apostar por el cambio, pero no están, decididamente, dispuestos a pagar el precio: hay quienes quieren hacer una tortilla habiéndose impuesto, paradójicamente, la línea roja de no romper ni un huevo. La verdad es que el cambio tiene un precio y solo lo merecen y experimentarán quienes estén dispuestos a asumir su coste, los que osen librar la batalla, que no deja de ser una de sentido común, ya que no podemos persistir en una misma política en un determinado país si resulta ser claramente incapaz de proporcionar soluciones satisfactorias a la situación que preocupa.

Si bien casi todos los acontecimientos de nuestro entorno político de estos últimos meses parecen refrendar la famosa cita «Dadme la moneda de un país y no me importará quién hace las leyes», ya va siendo hora de reconocer que los poderes financieros están sobrevalorados. En este sentido, no estaría de más una suerte de revisionismo pragmático para arrojar luz sobre lo que parece estar encaminado a ser considerado no ya una opinión, cuando menos verosímil, sino un hecho, resignadamente irrefutable. No obstante, si hay algo totalmente cierto es que el poder político no es ni tampoco se puede permitir la desgracia de ser esclavo de la máquina financiera. De hecho, no tiene por qué temerla, ni mucho menos aceptar sus diktats, ya que en ningún momento ha dejado de ser lo que es: el poder institucional que decide a todos los niveles.

Los poderes financieros utilizan el poder político como herramienta para preservar y proteger sus intereses, y hacen de las instituciones el espacio que permite a la clase económicamente dominante convertirse en la políticamente dominante. Hoy en día, la dimensión donde esta premisa tiene más contundencia es la Unión Europea, organización internacional de integración en la que los Estados ceden aspectos propios de su soberanía para una gestión común. Así, por lo tanto, queda definido el campo donde el establishment compone un espacio idóneo para el ejercicio de sus intereses.

Los poderes financieros utilizan el poder político como herramienta para preservar y proteger sus intereses, y hacen de las instituciones el espacio que permite a la clase económicamente dominante convertirse en la políticamente dominante…

Frente a la osadía y el chantaje de los poderes financieros no solo hay que resistir, sino también dejar en evidencia su cinismo, su desprecio por la dignidad de colectivos enteros y su carencia del más mínimo sentido de justicia. A este respecto, la mejor resistencia es la alternativa construida, promovida e impulsada desde, por y para los ciudadanos. La idea de que siempre hemos jugado ingenuamente al juego de estos magos financieros esperando una paradójica victoria mientras respetamos torpe y escrupulosamente todas y cada una de sus reglas es un hecho: nos hemos animado a entrar en un sinfín de partidas amañadas a conciencia, con las reglas ya definidas y en las que todo está ya atado y bien atado. Los trucos siguen siendo los mismos: hacernos creer que no hay alternativas posibles a la situación actual. Pero ¿quién dijo que tenemos que jugar todos a lo mismo, y que no podemos, bajo ningún concepto, redefinir las reglas?

Cuando la necesidad de cambio nos rezuma por cada poro de la piel y se seca con el primer viento que sopla en contrasentido; cuando la comodidad de lo inseguro bien seguro nos ata a los pies del inmovilismo político y social, es justo cuando el poder financiero descansa y se impone sin piedad. Por lo cual, solo un mandato político lo suficientemente claro a llevar una política de reafirmación de la soberanía de los pueblos es capaz de provocar un cambio estructural real. En esta dura lucha que requiere constancia sobra el postureo ciudadano, porque no tiene cabida en ningún plan serio de cambio. Hace falta apostar, de forma resolutiva y sin más consideraciones, por unas políticas claras de justicia, igualdad y bienestar ciudadano.

Cuando la necesidad de cambio nos rezuma por cada poro de la piel y se seca con el primer viento que sopla en contrasentido, es justo cuando el poder financiero descansa y se impone sin piedad

Actualmente, gracias a las redes sociales, los ciudadanos –a la vez que usuarios– gozamos de mayor capacidad comunicativa y organizativa, y disponemos de un entramado comunicativo inmediato, a distancia y con características expansivas ilimitadas. La disponibilidad de medios comunicativos por parte de la ciudadanía debilita el poder de imposición discursiva que ha formado parte de la actuación tradicional de los poderes económicos y, por lo tanto, crea espacios de empoderamiento para la lucha social. Dentro de la censura actual, aún queda cierto margen para la movilización ciudadana. Las próximas elecciones deben ser el toque de partida del cambio, un punto de inflexión en la corrupción que carcome el poder político y la afirmación de que apostamos por una nueva forma de hacer política, por y para los ciudadanos: sin diktats. Estamos todavía a tiempo de reaccionar, y de evitar así hacer lo mismo mientras esperamos, paradójicamente, resultados diferentes.

Este artículo ha sido escrito conjuntamente con José Miguel Resina

Entrada en El Huffington Post

El secretismo del TTIP: el misterioso acuerdo entre la UE y los EEUU

Todo parece recordar a una película de misterio, pero es la cruda realidad: unos documentos clasificados sobre un tratado de libre comercio ―conocido como TTIP― entre la Unión Europea y los Estados Unidos permanecen custodiados dentro de una caja fuerte en una sala secreta de seis metros cuadrados ubicada en una de las dependencias del Parlamento Europeo. Solamente se ha podido conocer parte de estos documentos gracias a la filtración que se produjo mediante la plataforma Filtrala.org (el wikileaks español) en junio del año pasado, en la que se revelaban parte de las negociaciones. Los eurodiputados son los únicos que disponen de acceso limitado a esta sala ―hasta hace poco, solo lo tenían 150 de ellos―, donde se pueden consultar los documentos durante apenas dos horas y bajo una vigilancia permanente.El eurodiputado español Ernest Urtasun (ICV) ha relatado su desagradable experiencia al acceder a la reading room y consultar los papeles, para lo que tuvo que desprenderse incluso de su bolígrafo y firmar un acuerdo de confidencialidad de 14 páginas. El negociador por parte de la Unión Europea, Ignacio García Bercero, asegura que los documentos relacionados con las negociaciones estarán cerrados durante 30 años. El 92 % de las reuniones que la Comisión ha celebrado a puerta cerrada han sido con lobbies empresariales. Los medios, por su parte, apenas dan relevancia a la opacidad con la que se está gestionando el proceso de negociación, por lo que no existe un debate público acerca de las ventajas y los inconvenientes del TTIP a pesar de las profundas consecuencias que pueda tener en nuestras vidas. Parece una película de conspiraciones, pero es lo que está sucediendo ahora mismo. ¿Por qué hay tanto secretismo y oscurantismo en torno al TTIP? ¿Qué es lo que contienen estos documentos?

El Acuerdo Transatlántico para el Comercio e Inversión (conocido por sus siglas en inglés, TTIP) es un tratado entre la UE y los EEUU actualmente en proceso de negociación para tratar de instaurar el mayor mercado libre del mundo entre ambos bloques económicos. Sus dos principales objetivos son eliminar las barreras arancelarias y armonizar la regulación relativa a su circulación. Es decir, homogeneizar (a la baja) aquellas leyes de protección social, laboral o medioambiental que puedan obstaculizar el comercio libre entre los distintos marcos normativos. Algunos de los puntos más conflictivos que se están debatiendo y negociando son la posible entrada de productos transgénicos a la UE, la expansión del fracking, la regulación de los derechos laborales o los efectos en el sector sanitario. En las viñetas creadas por los Amigos de la Tierra, se resumen algunas de las peores posibles consecuencias de la implantación del TTIP.

Me parece inadmisible que en los tiempos que corren se esté negociando en Bruselas un tratado de tal relevancia con tanta opacidad y de espaldas a una ciudadanía que cada vez tiene más motivos para desconfiar de las instituciones europeas. La transparencia y la información de lo que se debate en los parlamentos deberían ser dos de los pilares fundamentales de una verdadera democracia. Ante el secretismo del tratado, numerosas organizaciones e iniciativas como Stop TTIP, ATTAC o Ecologistas en Acción han hecho un llamamiento para participar este 18 de abril en la jornada internacional de protesta contra el TTIP (el Día Global de Acción) con el fin de detener los acuerdos de libre comercio e inversiones. Entre los eurodiputados más críticos con el tratado se encuentran Marina Albiol (IU), Lola Sánchez (Podemos) o Florent Marcellesi (Equo), quienes han participado en este vídeo alertando sobre los peligros del TTIP y animando a que la gente se movilice el sábado en las calles. Porque el mejor antídoto contra el TTIP es precisamente alertar e informar a la ciudadanía de las posibles consecuencias del tratado. Como dijo Susan George, una de las cabezas más conocidas en la lucha contra el TTIP, al que bautizó como el «tratado vampiro», «Si sacamos el vampiro a la luz del día, retrocede y se muere».

Entrada en El Huffington Post