Archivo de la categoría: Elecciones europeas

Carta abierta a Martin Schulz: por un verdadero Estado Europeo

Estimado Sr. Schulz:

Hace dos años tuvimos la oportunidad de participar con usted en un debate organizado por El Periódico de Catalunyaque tuvo lugar en Barcelona unos meses antes de las elecciones europeas. Durante aquel encuentro, usted supo responder a todas nuestras preguntas sobre la crisis, la relación entre los distintos países europeos y la función de la Unión Europea. Después, tras las elecciones de mayo de 2014, decidió, paradójicamente, pactar con el Partido Popular Europeo para apoyar el nombramiento de Juncker -claro defensor de la austeridad en el sur de Europa- como presidente de la Comisión Europea y el suyo como presidente del Parlamento Europeo. Ahora, tras dos años de su nombramiento, nos surgen nuevas dudas acerca del funcionamiento de la Unión Europea.

En estos últimos cinco años, hemos presenciado cómo los dos primeros rescates a Grecia, que han ido acompañados de medidas de austeridad impuestas por la Troika, no han servido sino para incrementar todavía más el grueso de la deuda soberana griega y estancar, al mismo tiempo, su productividad económica, repercutiendo de forma directa en el aumento de la tasa de desempleo hasta cifras más que preocupantes. Este mismo año hemos visto de cerca la posible salida de Grecia del euro (Grexit) y la presión por parte del Eurogrupo al Gobierno heleno para que aceptase finalmente una tercera ayuda que ha ido acompañada nuevamente por un paquete de reformas. Este nuevo programa, que pareció un duro castigo tras la celebración del referéndum, incluye la subida del IVA, un aumento de privatizaciones y reformas en sus pensiones. Le hemos escuchado instantes antes del referéndumamenazar a Grecia con su salida del euro y posteriormente le hemos leído en El Huffington Post felicitándose por lograr el acuerdo de este tercer programa de ayuda a Grecia. Pero ¿qué tiene de diferente este tercer programa de rescate para no fracasar como lo han hecho los dos anteriores y asfixiar todavía más la economía griega? ¿Cómo puede un país pagar una deuda, reconocida como insostenible por el FMI, si destina la mayor parte del rescate a pagar las deudas con bancos extranjeros en lugar de invertir en su propio modelo productivo? ¿No sería más lógico que aquellos países con superávit como Alemania destinasen sus excedentes para estimular la economía en los países deficitarios como Grecia, España o Portugal, como propone el economista Varoufakis, sin la necesidad de asfixiar su economía con las duras reformas impuestas? ¿Qué función tiene el Banco Europeo de Inversiones (BEI)?

Es muy preocupante que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP).

Siempre que tratamos de comparar el funcionamiento de la Unión Europea con el de Estados Unidos llegamos a la conclusión de que no existe una verdadera unión política en Europa que gobierne por encima de los intereses propios de los Estados de forma independiente. Da la impresión de que la canciller Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble disponen de más poder que el propio Parlamento Europeo, institución que goza de una legitimación democrática directa, en la toma de decisiones financieras europeas. Esto preocupa, pues parece que Alemania se ha beneficiado gracias a la crisis griega con una bajada de los intereses de su deuda segúnun reciente informe del Instituto Halle para la Investigación Económica o con la concesión de catorce aeropuertos griegos privatizados, rentables económicamente, a empresas alemanas como condición del tercer rescate. Al final, todo acaba resumiéndose en el dominio de los poderes financieros en forma de bancos inversores que prevalecen frente al bienestar de los ciudadanos europeos. ¿No da la sensación de que se ha comenzado la casa por el tejado con la unión monetaria en la construcción de este gran Estado Europeo? ¿Acaso no se debería haber comenzado por asentar primero unos valores de solidaridad y fraternidad europea, cimentar las bases de una estrategia política y económica común? ¿No es hora de hacer autocrítica, asumir los errores estructurales en la Unión Europea y tratar de corregirlos?

También es más que preocupante el hecho de que una institución supuestamente democrática como la Unión Europea negocie con tan poca transparencia el Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP). ¿Acaso no tenemos derecho a estar informados y debatir públicamente un tratado tan relevante en la vida de los europeos?

Por último, nos inquieta la falta de reacción de la Unión Europea ante la masiva llegada de refugiados que piden asilo en Europa. Mientras en Europa se debate sobre las cuotas de refugiados asignadas a cada uno de los Estados europeos, a las costas del Mediterráneo siguen llegando cuerpos sin vida. ¿Qué planes tiene la Unión Europea ante esta situación de emergencia? ¿No debería ofrecer más asistencia de ayuda humanitaria a las personas que llegan de forma masiva a las fronteras europeas?

Como puede ver, en estos dos años nos han surgido nuevas preguntas que nos gustaría que nos contestase. Esperamos su respuesta.

Un cordial saludo.

Esta carta ha sido escrita conjuntamente y firmada por Manuel Souto, Eli Dimitry Zetrenne, Paola Lloret, Daniel Pérez, Laura Berbel, Nil Bertran, Ayrin Islam y Azahara Cavanillas.

Carta en El Periódico de Catalunya

Carta en El Huffington Post

Anuncios

Francia: el voto del miedo

Con más de cuatro millones de votos, la extrema derecha francesa, liderada por Marine Le Pen, se ha impuesto en las elecciones europeas como la primera fuerza política de Francia. Dicho en otros términos, se cuentan por millones los ciudadanos franceses que han visto en la xenofobia, el populismo y el ultranacionalismo una solución para salir de la crisis en la que se encuentra estancado el país. La instrumentalización tendenciosa de ciertos colectivos por determinados sectores y la manipulación de informaciones tanto por políticos como por ciertos medios de comunicación son factores claves para entender esta victoria más bien histórica del Frente Nacional francés.

Lamentablemente, parece imposible evitar que la historia se repita, incluso en sus etapas más trágicas. No olvidemos que una situación similar se vivió en Alemania hace menos de un siglo, cuando Adolf Hitler llegó a la presidencia mediante unas elecciones democráticas. No obstante, nadie en su sano juicio discute hoy el alto precio que la humanidad tuvo que pagar por sus ideas: ni más ni menos que un holocausto, uno de los acontecimientos más abominables de nuestra historia. La decepción de que se vuelvan a cometer los mismos errores es aún mayor cuando proviene de un país como Francia, con un perfil más bien respetado históricamente, cierto; aunque manchado con la sangre de millones de seres humanos esclavizados, sobrexplotados y tratados como meros objetos. Oh, la France ! ¡Qué recuerdos los de aquellos tiempos!

El discurso del miedo ha acabado imponiéndose en un contexto de desesperación de la ciudadanía francesa, desilusionada por la inoperancia práctica de sus partidos más representativos. François Hollande no ha estado a la altura de su presidencia, y ha roto innumerables promesas e ilusiones de un país cansado de la política de austeridad de su antecesor, Nicolas Sarkozy. Hollande, que en su campaña defendió contrarrestar la política de austeridad impulsada principalmente por Alemania, una vez en el Elíseo cedió casi automáticamente ante los designios de Berlín y hoy apoya las mismas políticas que tan enérgicamente rechazó en su campaña, base de los votos y el apoyo recibidos. Así fue como cayó rendido a los pies de quien realmente decide: Angela Merkel (y compañía).

La victoria de la extrema derecha en Francia es una de las consecuencias más graves de las promesas rotas por políticos que engañan a su población o que no han sabido defenderla debidamente y, por ende, plantarle cara a un sistema que casi reduce a los jefes de Estado a meros títeres. Sinfonía total en la política impuesta. El riesgo es que la población desesperada y frustrada se refugie pidiendo ayuda a lobos disfrazados de defensores, totalmente dispuestos a vulnerar sistemáticamente los derechos humanos. El hecho de buscar un chivo expiatorio en un colectivo que no sabe especular para eludir a los verdaderos responsables de la crisis económica ya se ha convertido en una constante, cuando todos sabemos quiénes son los verdaderos responsables.

Frente a esta realidad, creo oportuno reivindicar —y reivindico— una nueva separación de poderes y una nueva forma de organización del Estado moderno, para evitar que situaciones como esta se reproduzcan. La prensa, siempre que sea libre, debe constituirse como un cuarto poder, junto con el ejecutivo, el legislativo y el judicial, encargado este último de controlar la transparencia en materia de informaciones comunicadas para evitar que se distorsionen y lleven a situaciones de engaño de la sociedad entera. La prensa debe poder investigar a los responsables de los demás poderes e incluso a otros actores políticos, que están obligados a comunicar información veraz bajo pena de incurrir en la comisión de algún delito. Una prensa cuyos miembros sean votados por los ciudadanos, independientemente de la actividad de los medios privados existentes tanto nacionales como internacionales.

La desesperación, la venta de promesas a bajo precio y el discurso del miedo son fundamentales para entender la victoria de la extrema derecha en Francia. Esta victoria es un revés a la sensatez, y significa la culminación del engaño a gran escala. Hay que alertar del riesgo de que la extrema derecha se imponga en los países del entorno porque, al menospreciar la dignidad de colectivos enteros, es imposible que pueda contribuir al desarrollo de una sociedad moderna y libre.

Todo apunta a que la próxima Francia de Marine Le Pen será muy atractiva, a juzgar por las recientes declaraciones de su presidente de honor, Jean-Marie Le Pen, sobre la enfermedad del Ébola en África. A seguir, pues, construyendo este proyecto haciendo acopio, a la vez, de toda la tinta necesaria para escribir nuevas páginas de la historia pasando por encima de quien haga falta. Y dentro de algunos años, con un poco de conciencia, a pedir perdón por las barbaridades cometidas, como hizo Nicolas Sarkozy sobre las atrocidades perpetradas por la Francia esclavista durante siglos. La France! Cada día más atrayente.

Entrada en El Periódico de Catalunya

Votar es fácil con los ojos cerrados

Votar es fácil con los ojos cerrados

El próximo 25 de mayo se celebrarán las elecciones europeas, en las que podremos elegir a los cincuenta y cuatro eurodiputados españoles y, de forma indirecta, al presidente del Parlamento Europeo. Votar en estas elecciones puede ser una buena oportunidad de manifestar cuál es el camino que queremos que tome Europa, además de una tarea sencilla si tenemos en cuenta el esfuerzo físico que supone: basta con desplazarse hasta el colegio electoral correspondiente, escoger una de las papeletas e introducirla en la urna. Ejercer nuestro derecho a voto solo puede resultar un poco más complicado si queremos ser conscientes de qué es lo que estamos votando y cuáles serán las consecuencias de nuestra elección, aunque la realidad demuestra que el esfuerzo no solo merece la pena, sino que además es necesario.

Sin ir más lejos, en España, muchos de los votantes del Partido Popular se sorprendieron y se indignaron al darse cuenta de que la reforma de la ley del aborto se incluía, aunque tratada de manera muy imprecisa, en el programa electoral presentado para las elecciones generales de 2011. Muy probablemente, la mayoría de estos votantes indignados desconocían en su momento la propuesta de reformar la ley porque no habían leído siquiera el resumen del programa. Al descartar como motivo de nuestra elección la información proporcionada por el partido, únicamente podemos votar basándonos en la imagen e impresión que tengamos de los políticos, influidos por lo que nos digan familiares y amigos o por lo que escuchemos en radio y televisión.

Si nos dejamos guiar por lo que vemos y oímos en los medios de comunicación corremos el riesgo de votar por inercia a los partidos mayoritarios, que son los que gozan de mayor visibilidad mediática y disponen de más recursos para gastar en las campañas electorales. Es por ello por lo que los partidos políticos destinan elevadas cantidades de dinero a propaganda, publicidad y marketing durante las campañas electorales, conscientes del gran efecto que causan en los potenciales electores y de los montones de votos que pueden conseguir mediante una buena estrategia publicitaria. En este sentido, llama la atención que los partidos que han celebrado primarias abiertas para presentarse a las próximas elecciones europeas, como EquoPartido-X o Podemos, apenas hayan tenido repercusión mediática, mientras que aquellos que recurren al famoso ‘dedazo’ para elegir a sus candidatos son los que ocupan diariamente las portadas de los periódicos.

“Votar sin informarse es como cruzar la calle sin mirar”. Este fue el mensaje transmitido por el Jurado Nacional de Elecciones en Perú en una campaña para concienciar a la ciudadanía y pedir a los limeños que votaran responsablemente. Que un camión nos atropelle por votar a un partido cuyo programa electoral no hemos leído es bastante improbable, pero si no nos preocupamos ni nos esforzamos por informarnos sobre lo que votamos puede que acabe por arrollarnos el presente que estamos viviendo. Debemos ser conscientes de que votar sin estar bien informados puede ser tan improductivo (y, por qué no, contraproducente) como intentar montar un mueble sin consultar el manual de instrucciones, o tan peligroso como tomar un medicamento sin leer antes el prospecto. Ahora que disponemos de una herramienta tan útil como internet es sencillo saber un poco más acerca de las elecciones europeas y de cuál es nuestra situación respecto a otros países europeos, contrastar las diferentes alternativas políticas y elegir la que mejor se adecue a nuestras preferencias. No esperemos a que la información venga a nosotros, demos nosotros el paso hacia ella. En nuestras manos está la responsabilidad de elegir el rumbo que queremos para esta nave llamada Europa. La opción de lanzarnos por la borda ya quedó atrás. Ahora nos toca evitar que este barco continúe navegando a la deriva indefinidamente.

Bipartidismo

Entrada en El Periódico de Catalunya 

Europa: o todo o nada

Las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina, pero bien poca resonancia parecen tener entre gran parte de la ciudadanía que las relega a un segundo plano como si en absolutamente nada la concerniesen. La desafección política está consumada; es un hecho. La impasibilidad de que dan muestra los ciudadanos frente a las próximas elecciones parece encontrar su explicación en la creencia de que son prácticamente incapaces de cambiar el rumbo de la atestada nave en la que viajan millones de europeos. Los protagonistas indiscutibles de las elecciones europeas son los políticos, que se nos presentan como los únicos que realmente tienen algo que ganar. La indiferencia de gran número de ciudadanos es una clara manifestación de este sentimiento. Ante esta realidad, se impone una pregunta urgente: ¿hacia dónde vamos? O mejor dicho: ¿hacia dónde queremos ir?

La elevadísima tasa de paro en España, que afecta sustancialmente a los jóvenes, sigue dando escalofríos, y la inmediatez de las perspectivas de mejora no está a la altura de las necesidades de la mayoría de los ciudadanos. ¿De qué ha servido Europa en esta situación de crisis que con tanta dureza golpea a ciertos países de la Unión, entre ellos España? El deber de solidaridad se ha esfumado y ha dejado lugar a intereses nacionales encubiertos en aras de un interés colectivo cada día más desbaratado. Las políticas de austeridad supuestamente aplicadas por y para Europa están empujando a los ciudadanos al borde del peligroso abismo del peor de los desamparos. La solución —dicen— pasa por no gastar, y ello implica recortar gastos a cualquier precio. Sí, a cualquier precio. Y la moral de los ciudadanos se desmorona ante las acuciantes e insostenibles medidas impuestas, que los dejan al margen de las decisiones adoptadas y los someten a las soluciones más drásticas, habida cuenta de las consecuencias sociales que llevan aparejadas.

Muestra de esta falta de solidaridad son las recientes propuestas del Gobierno de Angela Merkel consistentes en expulsar de Alemania a todos los ciudadanos comunitarios que no encuentren trabajo en un plazo de seis meses, que resultan indignantes, o cuando menos preocupantes, por cuanto vulneran los principios fundamentales de la Unión Europea. Restringir estos derechos a los inmigrantes comunitarios, que no buscan sino mejorar sus condiciones de vida, es un claro síntoma de que, a estas alturas, la solidaridad en la Unión no es más que una ficción al servicio de unos pocos según les conviene. Al fin y al cabo, ¿quiénes dirigen desde Europa?, y ¿para quiénes? Por todo ello, permanecer impasible ante las próximas elecciones es un error. Es necesario apostar por aquellas opciones que velan de verdad por la mejora de la situación de los ciudadanos y, si no las hay, crear la alternativa necesaria.

Por otra parte, el riesgo de desmantelamiento de la Unión Europea desde dentro, de resultas del resurgimiento de ciertos partidos políticos claramente antieuropeístas, debe llevar a la ciudadanía a participar en las elecciones para ceder el timón a los que creen en un proyecto común para Europa, pero sobre todo a quienes dan prioridad a los ciudadanos, no solo antes de las elecciones sino también después; un trabajo que, pese a requerir tiempo, es perfectamente factible además de altamente aconsejable. ¿Quiénes están dispuestos a pelear por los derechos de la ciudadanía, a fomentar y, en su caso, a exigir solidaridad y reciprocidad dentro de la Unión? ¿Quiénes no toleran que los ciudadanos, las principales víctimas, sean los que realmente paguen el precio de la crisis? ¿Quiénes son capaces de luchar por una verdadera justicia social en Europa? Los ciudadanos deben exigir mecanismos de control más efectivos, que consisten en poder intervenir en las decisiones o, en su caso, en supervisar la gestión de los dirigentes con mayor frecuencia, tanto en los ámbitos nacionales como en el comunitario.

Así pues, los representantes de la Unión Europea deben asumir ciertos sacrificios en beneficio de la solidaridad y entender que los intereses colectivos europeos tienen que prevalecer sobre los suyos propios, porque esta Europa a varias velocidades solo es dignamente viable si está compensada por una buena dosis de fraternidad. Y es que la instrumentalización de la Unión Europea para enmascarar los verdaderos intereses de unos cuantos en detrimento de los colectivos es inadmisible. En este sentido, los ciudadanos europeos tienen en las elecciones una oportunidad única de hacer oír sus voces y de marcar el paso hacia la Europa que quieren; de lo contrario, corren el riesgo de seguir siendo víctimas de tantas y tan graves contradicciones como la que irónicamente aventura el periodista Iñaki Gabilondo: “terminarán obligándonos a fumar”.

Europa: o todo o nada. La regla es sencilla, y tiene que ser esta.

Entrada en El Periódico de Catalunya