Archivo del Autor: Eli Dimitry Zetrenne

‘Moving Minds’: jóvenes juristas acercan el mundo del Derecho a la sociedad

2016-11-20-1479662768-4336607-Antonio.jpg

Antonio Rodríguez, co-fundador de Moving Minds. Es un joven abogado de Barcelona apasionado por la comunicación y la emprendeduría. Una de sus máximas es “no dejar escapar las oportunidades que te brinda la vida y ser feliz”.
Moving Minds es una asociación pionera en España que pretende revolucionar el mundo educativo a través de la difusión del Derecho y sus valores sociales. Fundada en 2014 por Marc Delgado, Bárbara Prieto, Sara Kamo y Antonio Rodríguez, colabora con ESADE desde ese mismo año.

¿Qué es Moving Minds?

¿Tu casa es tuya?

Sí, claro. ¿Qué tiene esto que ver?

¿Y tú puedes hacer lo que quieras con ella, dentro de lo razonable?

Sí, claro, pero aún no entiendo a dónde quieres llegar.

¿Y por qué tienes tan claro que puedes hacer lo que quieras?

Pues porque es mía. Soy su propietario.

Exacto. ¿Sabías que el concepto de propiedad privada, hoy recogido como un derecho constitucional, fue la base de la formación del Estado como tal, ideado por pensadores como Hobbes, Locke o Rosseau?

Bueno… como jurista, algo me suena, sí.

Sin embargo, la propiedad privada está muy cuestionada. De hecho, se ha publicado que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, quiere multar al propietario de un inmueble por haberlo tenido vacío durante dos décadas. Quizás entonces ya no podrías hacer lo que quisieras libremente. La concepción de la propiedad puede cambiar, lo cual implicaría, tal vez, reformular la idea que tenemos de Estado moderno.

¿Reformular la idea que tenemos de Estado moderno?.

Y no es para menos. A donde quería llegar es que este debate, por ejemplo, es el que nos gusta promover en Moving Minds, y es el que para nosotros estimula el pensamiento de nuestro público.

Moving Minds es la búsqueda de respuestas de cariz jurídico y social a todo lo que nos rodea, porque en el Derecho se encuentran la mayoría de respuestas a todo lo que nos sucede y creemos que es fundamental que todo el mundo lo conozca y sea consciente de ello. Piensa por ejemplo en por qué casi vamos a unas terceras elecciones, qué es en realidad la corrupción o el blanqueo, por qué pagamos impuestos, por qué los jueces no pueden inventarse las leyes, hasta dónde llegan tus derechos a cualquier cosa… Y así podría seguir día y noche durante mucho tiempo.

La respuesta a todo lo anterior se encuentra en el sistema de Derecho que tenemos, y este sistema, a su vez, es así porque la sociedad lo pide.

¿Y por qué lo pide?

Porque tiene necesidades que cubrir y ha de establecer reglas para asegurar la convivencia y la supervivencia. Por lo tanto, no podemos concebir el Derecho sin la sociedad.

Muy interesante. ¿Y cómo lleváis a cabo esta búsqueda de conocimiento y respuestas?

A través de clases, charlas o ponencias dirigidas a personas ajenas al mundo del Derecho. Precisamente ahí está lo bonito, que tenemos vocación universal. Aprendemos todos de todos. Al final es un trabajo en equipo en el que, junto a los alumnos, impartimos las distintas lecciones.

Me llama la atención que digas junto a los alumnos y no para los alumnos. ¿No sois vosotros los profesores?

Está claro que sí, o como me gusta decir, somos unos guías que llevamos a nuestros alumnos o público hasta los puntos concretos que queremos que aprendan. Y esto lo hacemos mediante un sistema eminentemente participativo de preguntas, respuestas y debates. ¡Y muy importante! De una forma fresca, joven y dinámica.

Piensa que al principio me has preguntado qué era Moving Minds y ¿cómo te he contestado? A través de un juego de preguntas y respuestas

El método socrático.

Ni más ni menos.

¿Cómo surge Moving Minds?

Surge de forma unilateral en cada uno de los fundadores, Marc, Bárbara, Sara y yo. Un año después de acabar la carrera, sería mediados de 2013, decidimos hacer algo para devolver a la sociedad lo que el destino nos había dado. Nos apasiona la comunicación y la docencia, así que pensamos que una buena forma sería dar clases de Derecho para personas sin recursos por el mero afán de formarlas, ya que para nosotros, la base de la sociedad es la educación.

A nivel personal, siempre cuento una divertida historia que representa muy bien el motivo por el que creía y creo en lo que hacemos. Yo tendría 18 años, ya hacía segundo de carrera, y en una peluquería la chica que me cortaba el pelo me afirmó que el Rey podía meterme en la cárcel. ¡No tenía sentido!

Vaya afirmación…

Pero no es su culpa, sino de la educación o, mejor dicho, de la no educación que ha recibido.
Por eso es fundamental que se enseñen cosas que entendemos como necesarias y cuyas respuestas se encuentran en el Derecho. Es muy injusto que por no estudiar esta carrera no sepamos diferenciar, por seguir con los ejemplos, una denuncia de una demanda, y que en la prensa usen estos términos indistintamente.

Tienes mucha razón. Has mencionado que vuestro público y alumnos son personas ajenas al mundo del Derecho. ¿Podrías concretar a qué te refieres?

Para ser más concretos, impartimos nuestras clases y ponencias en colegios, organizaciones no lucrativas, tenemos programas para hospitales y hemos dado charlas en empresas.

¿En colegios también?

¡Sí! Para mí, el sitio que más me gusta y al que más acudimos. Es un despropósito que en bachillerato estudiemos economía y contabilidad básica y no estudiemos introducción al Derecho, cuando como he dicho es la “ciencia social” que explica el funcionamiento de nuestra sociedad.

¿Cuál es vuestra situación actual?

A día de hoy tenemos muchísimas clases programadas. Desde el inicio del curso llevaremos unas 30, por toda España. Aunque de momento nos centramos básicamente en Cataluña debido a los recursos que tenemos y a nuestros trabajos. Tenemos un equipo que ha crecido mucho. Alumnos de las distintas carreras de Esade se han interesado en nuestra iniciativa y les enseñamos y damos la oportunidad de impartir nuestras clases. Otro reto apasionante.

Ahora que has mencionado Esade. He leído que colaboráis con esta universidad.

Sí, efectivamente. Desde hace dos cursos, y este de 2016-2017 será el tercero, colaboramos con Esade. La universidad nos apoya en todo lo que necesitamos porque también cree en nosotros, lo cual nos enorgullece que una institución de tal prestigio haya apostado por Moving Minds. Para concretar, nos da acceso a su red de colegios e institutos y gestiona la publicidad de nuestros servicios en dicha red.

Para ir acabando. ¿Qué próximas metas tenéis?

Este curso se presenta increíble. Aparte de que tenemos un montón de clases programadas por toda España, y eso que justo acaba de empezar noviembre y el programa docente lo sacamos hace un mes, estamos dando un giro de tuerca para ir más allá. Tenemos entre manos un proyecto muy ambicioso que pasa incluso por salir de nuestras fronteras pero, por ahora, me vas a permitir que no desvele nada.

Por último. ¿Te atreverías dar algún consejo a los jóvenes de esta sociedad?

No tengo categoría para aconsejar a nadie. Pero si he de decir algo, luchad por aprender y por saber comunicar.

 

Trump: ¿democracia o decadencia?

2016-11-15-1479212185-9730394-636145866600140271.jpg
Foto: EFE

Este artículo ha sido escrito conjuntamente con Roberta Chianese, máster en Ciencias Políticas por la Università degli Studi di Napoli L’Orientale y máster en Relaciones Internacionales por el Institut Barcelona d’Estudis Internacionals – IBEI. 

Son pésimos tiempos para los amantes de la democracia; sobre todo, para los que realmente creemos en la dignidad humana como activo innegociable dentro de toda sociedad que se considere moderna. El asalto de Trump a la Casa Blanca es, sin lugar a dudas, un golpe difícil de encajar para gran parte de los que creemos y apostamos por la democracia como sistema de gobierno. Y, como defensores de los derechos humanos, nos negamos rotundamente a callar y asentir.

Aparte de la enorme complejidad de los fenómenos sociales, si hay algo que el resultado de estas elecciones ha dejado sobradamente claro es que la democracia, como sistema de gobierno que pretende que los Estados sean gobernados por y para (el bien de) los ciudadanos, debe ser, cuando menos, reconsiderada. Es obvio que este sistema falla cuando una persona, sin ninguna experiencia en el mundo de la política y acérrima respecto a los derechos de las minorías, puede asaltar el poder en el país más poderoso del planeta.

Un país es una suma de intereses que se tienen que integrar desde el respeto, la diversidad y la dignidad.

Por otra parte, resulta inevitable analizar estos resultados electorales desde una perspectiva europea. En una región del mundo donde el apoyo popular a los partidos de extrema derecha sigue en aumento y donde el perjuicio y el miedo al otro persisten, la victoria de Trump ofrece vía libre a ideologías racistas y aislacionistas. En este sentido, su elección representa una seria amenaza para los progresos logrados y los que están todavía por alcanzar en el ámbito de los derechos humanos.
Por si fuera poco, tener como presidente a un candidato abiertamente apoyado por el movimiento supremacista blanco no puede sino agravar la situación de determinados colectivos ya sitiados por una policía empeñada en sus constantes excesos. Si con Obama la violencia policial contra los afroamericanos ha sido constante y ha dejado en evidencia que queda todavía mucho camino por recorrer, cabe esperar que con Trump sea muchísimo peor. Desde luego, su figura otorga legitimidad a toda clase de ataques y agresiones.
Un país es una suma de intereses que se tienen que integrar desde el respeto, la diversidad y la dignidad. En consecuencia, un voto que se desentiende de todos los potenciales daños que de él se derivan dentro de esa misma sociedad, e incluso fuera, es un voto irrespetuoso e incívico. Debería preocuparnos que 59,4 millones de personas hayan visto en un Trump racista, machista, misógino y cínico la solución a sus retos diarios. Con todo, el hecho de que millones de personas apuesten por una opción no la hace moralmente defendible. Un voto que niega la paz, la dignidad, la seguridad y el respeto a los demás no es un voto respetable. ¡Solo faltaría!

Refugiados: ¿quién tiene realmente la culpa de las muertes en el Mediterráneo?

2016-10-28-1477650948-1343392-Capturadepantalla20161028alas12.35.23.jpg
Foto: EFE/Orestis Panagiotou

Por más que los refugiados hayan dejado de copar las portadas de diversos medios de comunicación, lo cierto es que su situación sigue siendo tan alarmante como antes. El estreno de Astral, hace poco más de una semana, no ha hecho sino confirmar lo que todos ya sabíamos o, cuando menos, sospechábamos: el Mediterráneo, lamentablemente, se ha convertido en una fosa común para hombres, mujeres y niños de todas las edades, cuyo único pecado parece ser aspirar a una vida mejor; una vida digna.

En este sentido, Astral es la incómoda crónica de la pasividad e indiferencia de todo un continente frente a la desesperación de millones de personas que ―para escapar de la miseria, de la guerra, del terrorismo y de todo tipo de desgracias― han decidido arriesgar la vida en busca de otra mínimamente digna. La imagen, en medio del Mediterráneo, de barcos atestados de personas con los pies descalzos y las manos vacías es todo un símbolo de una Unión Europea ausente, inhumana; que ha decidido desentenderse, sin más, de sus compromisos en materia de derechos humanos.

No cabe la más mínima duda de que los gobernantes estarían mucho más dispuestos a implicarse en esta crisis si los ciudadanos se lo exigiéramos.

Ahora bien, ¿quién tiene realmente la culpa de que el Mediterráneo se haya convertido en este gran cementerio? La respuesta es mucho más sencilla de lo que parece: la culpa la tenemos nosotros mismos, los ciudadanos. Es obvio que en un Estado democrático, criticable o no, los gobernantes están supeditados a la voluntad de la población (expresada en las urnas). Por lo cual, no les da absolutamente igual lo que piensa u opina la mayor parte de su electorado. Dicho esto, si la población se opone, directa o indirectamente, a la llegada de refugiados, o le es indiferente su situación, no es difícil entender que los gobernantes ni los rescaten ni les den amparo alguno; aún menos si saben que hacerlo les pasará factura en las próximas elecciones. Sin ir más lejos, resulta particularmente difícil no vincular de alguna manera el desplome de Merkel en las últimas elecciones con su gestión de la crisis de los refugiados. Todo apunta a que ha sido castigada por su política de puertas abiertas, en el marco de la cual millones de refugiados han encontrado amparo y protección internacional en Alemania.

No cabe la más mínima duda de que los gobernantes estarían mucho más dispuestos a implicarse en esta crisis si los ciudadanos se lo exigiéramos, o si supieran que, como mínimo, hacerlo es clave para poder ganar ―o volver a ganar― las elecciones. Mientras la población siga vedando la entrada de refugiados (considerados «terroristas infiltrados»), los gobernantes no solo prohibirán, tanto legalmente como de facto, su entrada al territorio, sino que no harán absolutamente nada para poner coto a toda esta barbaridad. En este sentido, cobra especial relevancia la labor de concienciación de ONG, asociaciones, particulares y organismos de todo tipo para conseguir que las poblaciones empaticen con esta causa; con estas personas. Más que nunca resulta decisivo hacer frente a las tergiversaciones de esta crisis por parte de la extrema derecha y acólitos, cuyo único objetivo es sacar rédito electoral.

La pasividad de todo el continente frente a la situación no hace sino desvelar la otra cara de instituciones y ciudadanos que, instalados en su relativo confort, pretenden desentenderse del grito de desesperación de millones de personas que ―en el intento de escapar de toda suerte de desgracias― se ahogan cada día en el Mediterráneo. Es más, la indiferencia de Europa es otro síntoma más de la decadencia y, cuando menos, el reflejo del deterioro de sus valores y, sobre todo, de su fuerte compromiso con los derechos humanos. En definitiva, un auténtico despropósito. No hay derecho.

Este artículo ha sido escrito conjuntamente con Roberta Chianese, Máster en Ciencias Políticas por la Università degli Studi di Napoli L’Orientale y Máster en Relaciones Internacionales por el Institut Barcelona d’Estudis Internacionals – IBEI.

No soy racista, tengo un amigo negro

GRA100. MÁLAGA, 15/08/2016.- El actor galego de origen dominicano Will Shephard posa para Efe en la rotonda del Marques de Larios, tras denunciar discriminación racial en una caseta del Real de la Feria de Málaga. Shephard, conocido por su papel en la serie Mar de Plástico, ha denunciado que los porteros de una caseta de la feria de Málaga no le dejaron pasar a él y a varios allegados por ser latinos, y ha confiado en que la denuncia de esta discriminación racial sirva para concienciar a la sociedad. EFE/Carlos Díaz

El contenido del comunicado difundido por los responsables de la caseta acusada de discriminar al actor de origen dominicano Will Shephard -a raíz de la denuncia del propio actor por unos hechos ocurridos durante la feria de Málaga- es, por sí solo, motivo suficiente para reabrir un serio debate sobre el racismo en España y, sobre todo, sobre su normalización. Los responsables de la caseta parecen no entender cómo se puede tildar a su personal de racista si cumple con todos los maravillosos requisitos del manual básico antirracista de todo racista. Es decir, tener empleados o amigos que son parte de la comunidad de la persona presuntamente discriminada.

Todo el mundo está en su legítimo derecho de defenderse contra cualquier clase de acusaciones, pero los motivos esencialmente alegados por los responsables de la caseta -como razones de peso para contrarrestar dichas acusaciones- no son más que meras nimiedades. Y es, cuando menos, lamentable que sea así. Es más, los principales argumentos plasmados en dicho comunicado siguen las mismísimas pautas que la respuesta de Donald Trump a todos los que le acusan de machista: ¡cómo va a ser machista si tiene una mujer y una hija maravillosas e incluso ha colaborado con mujeres a lo largo de su carrera como empresario! ¡No tiene sentido! Pues sí, una cosa no tiene nada que ver con la otra.

El personal de la caseta puede ser perfectamente racista, por más que tuviera a su servicio a un millón y medio de empleados de distintos orígenes. Tener amigos o empleados de distintos orígenes no otorga patente de corso ni carta blanca para actuar y no ser tildado nunca de racista si uno resulta serlo. La historia, en este sentido, es inequívoca. Durante el colonialismo -en un país como Haití, por ejemplo-, los principales encargados de azotar a los esclavos negros para obligarlos a trabajar en condiciones inhumanas eran esclavos negros como ellos pero con una sutil y a la vez fundamental diferencia: habían sido nombrados jefes, y era su trabajo.

“No soy racista, tengo un amigo negro” y “soy racista y tengo un amigo negro”, además de parecerse fonéticamente, no dejan de ser lo mismo. Por cierto, Trump tampoco es racista porque en sus mítines veo negros y latinos. Y me asusto.

En todo caso, este artículo no sirve para corroborar la versión del actor, ya que esta labor recae de forma exclusiva en los tribunales, que son los primeros y últimos garantes de los derechos de todos los ciudadanos. Pero es obvio que refugiarse en la presunta diversidad de origen de los que trabajan para uno mismo para rechazar unas acusaciones de esta gravedad resulta, a estas alturas, totalmente incomprensible. Ni que estuviéramos a mediados del siglo pasado. Por lo tanto, es necesario abrir un debate sobre cómo, en España, el racismo se ha ido institucionalizando con el paso del tiempo y se ha normalizado con las prácticas del día a día.

Sin ir más lejos, sigue habiendo restaurantes y bares que, en función de los rasgos físicos del cliente, parecen estar legitimados para someterlo a todo un interrogatorio o pasarle lo que vendría a ser una suerte de test de solvencia antes de habilitarle una mesa. Ni que decir tiene que mi solidaridad con cualquiera que, de alguna forma, se sienta discriminado por su origen o sus rasgos físicos, es total. Urge denunciar estos casos por todos los medios posibles.

Hay quienes todavía intentan convencerme de que no hay realmente racismo en España, tal como se está pregonando, y de que se trata más bien de meras construcciones mentales e inseguridades personales de muchas personas. Si fuera cierto, la labor de organizaciones y asociaciones tales como SOS Racismo yMovimiento contra la Intolerancia, entre otros, no tendría la más mínima razón de ser. En todo caso, creo que bastaría, si fuera posible, con dejarles mi piel durante una semana para que pudieran luego hablar del tema con conocimiento de causa.

“No soy racista, tengo un amigo negro” y “soy racista y tengo un amigo negro”, además de parecerse fonéticamente, no dejan de ser lo mismo. Por cierto, Trump tampoco es racista, porque en sus mítines veo negros y latinos. Y me asusto.

Entrada en El Huffington Post

“El ‘brexit’ ha demostrado que los ciudadanos pueden cambiar las cosas”

2016-08-09-1470760901-8862541-victorSantanaHuff

Víctor Santana (Pontevedra, 1988) es experto en relaciones internacionales, graduado en Administración y Gestión Pública y máster en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos. Actualmente es asesor en el grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos en el Parlamento Europeo. Se considera a sí mismo un apasionado de Europa, pero no de la Unión Europea.

Contra todo pronóstico, en junio pasado la mayoría de los ciudadanos del Reino Unido decidieron votar por abandonar la Unión Europea. ¿Crees que era necesario el brexit? ¿Por qué?

Yo creo que lo necesario no era el brexit como tal, sino más bien el mensaje que transmite. El brexit no es sino una forma de decirle a la gente que siempre hay una manera de cambiar las cosas. Como recordatorio, sirve para abrir el debate sobre si nosotros, los ciudadanos europeos, queremos seguir avanzando en la UE en la que hoy estamos y con las instituciones que hoy tenemos. El brexit era necesario porque lo que necesitábamos era darnos cuenta de que nada es irreversible y siempre podemos volver a recuperar lo que se nos ha ido quitando desde hace años -sobre todo, desde Maastricht-, que se llama democracia.

El brexit nos ha demostrado que hay países que pueden abandonar la UE, cuando decían que no podía ser. En todo caso, más allá de la soberanía, más allá de la capacidad de los países de volver a tener relaciones comerciales con terceros países, elbrexit nos ha enseñado, como está pasando en muchos países, que los ciudadanos pueden cambiar el rumbo de las cosas. Y creo que es algo muy importante, algo que los 500 millones de ciudadanos teníamos un poco olvidado.

El brexit ganó con el 52% de los votos. Eso quiere decir que el 48% restante de la población estuvo a favor de la permanencia en la UE. ¿Qué te sugieren estos datos? ¿Crees que este resultado es una piedra en el zapato de los que tienen que negociar el brexit?

Ante todo, creo importante hacer dos apuntes: primero, son 17 millones y medio de personas las que salieron a votar en contra de seguir en la UE; y segundo, es la vez que más personas votan secundando una idea en la historia del Reino Unido. Dicho esto, es cierto que hay un 48% de la población británica que votó en contra del brexit, y es un dato que hay que tener en cuenta.

Desde el mismo día del resultado del referéndum, muchísimos líderes de la campaña del brexit salieron a la calle diciendo: “Sí, hemos ganado, ya que el 52% votó a favor del brexit. No obstante, hay un 42% de la población, y sobre todo dos regiones que fundaron el Reino Unido, que han votado por seguir en la Unión. Entonces, antes de pedir nada o de activar el artículo 50 del Tratado de la Unión, tenemos que sentarnos todos -todas las personas del Reino Unido- para marcar una hoja de ruta, porque obviamente hay una parte importante de la sociedad, casi la mitad, que ha votado quedarse”.

Por eso ahora mismo se están tratando muchos temas dentro del Reino Unido; se está dialogando sobre cuál es el camino por tomar. Por ejemplo, se está dialogando muchísimo con Escocia, donde más del 60% de la población votó a favor de la permanencia en la UE.

En todo caso, no cabe la menor duda de que va a haber brexit, pero con una serie de condiciones -o, al menos, es lo que va a pedir el Reino Unido- en las que se respeten la mayoría de los acuerdos ya firmados por la UE para que la vida de la gente no cambie o cambie lo mínimo. Creo que veremos al Reino Unido activar el artículo 50 en los primeros tres o cuatro meses del 2017.

La mayoría de los ciudadanos británicos que votaron “no” al brexit eran jóvenes. ¿Por qué crees que los jóvenes votaron “no” al brexit?

Con esta pregunta te estás refiriendo a los datos que dicen que el 73% de las personas de entre 18 y 25 años votaron a favor de la permanencia del Reino Unido en la UE, pero estos no son datos oficiales. Lo cierto es que no hay manera de conocer si esas personas realmente votaron a favor de quedarse, porque obviamente el voto es secreto. Y lo que te dice una persona después de haber votado puede ser cierto o no.

Lo que sí sabemos con certeza es que, entre la población de 18 y 25 años, solo el 36% ha ido a votar. Y eso es un hecho; es una realidad, porque eso sí que queda contabilizado. Ahora bien, ¿crees que el 70% de esta población votó a favor de quedarse? Yo creo que en un referéndum de este tipo no se consiguen 17 millones y medio de votos sin contar con la participación de los jóvenes. Nosotros, en la campaña oficial, contábamos con muchísima gente joven.

¿Qué impacto tendrá el brexit sobre la gente?

Yo creo que el brexit no cambiará nada para la gente. Para las personas que hemos viajado al Reino Unido o en algún momento hemos buscado trabajo allí, o los que hemos querido ir de erasmus a uno de sus territorios, no va a cambiar nada.

Dicho de otra forma, vamos a poder seguir yendo allí de visita, de viaje, a buscar trabajo; vamos a poder seguir pidiendo una beca Erasmus para irnos a estudiar en una universidad del Reino Unido: todas estas cosas no van a cambiar. A lo mejor el tiempo me da una bofetada, pero creo que nada de todo eso cambiará. De hecho, esa es la intención del nuevo Gobierno del Reino Unido: que nada se altere.

Ahora bien, sí va a cambiar para muchas grandes compañías, multinacionales y políticos que han invertido durante muchísimos años dinero en Bruselas para tener una influencia que ahora van a perder, porque no es lo mismo hacer lobby en Bruselas que en Londres. Va a cambiar para grandes compañías de coches; va a cambiar para los grandes bancos. Para estas compañías y multinacionales, van a cambiar muchas cosas.

¿A qué te refieres cuando dices que las grandes compañías son las que se verán perjudicadas? ¿Hablas de tipos impositivos?

Cuando digo que las cosas van a cambiar para las grandes compañías, me refiero a la manera en que hacen lobby. En cuanto a los tipos impositivos, vamos a ver cómo el Reino Unido los baja; seguramente la mayor bajada será para las empresas, las sociedades. También veremos cómo el Reino Unido se convierte en un país mucho más competitivo ahora frente al resto de los países de la UE, que tienden a ir subiendo sus tipos impositivos y a armonizarlos a favor de Alemania y Francia.

¿Por qué estas empresas se van a ver perjudicadas, no todas, pero sí la mayoría de ellas? Pues porque estas empresas llevan 20 o 30 años en Bruselas haciendo lobbypara ganar competitividad en los despachos, cuando saben que no pueden ser competitivas frente a otras empresas que vienen de fuera de la UE. A esto es a lo que me refiero. Y estas cosas son las que vamos a ver cambiar en el Reino Unido en los próximos años: habrá empresas que tendrán que innovar o cambiar radicalmente para ser más competitivas porque no van a poder jugar con la legislación igual que lo hacían en la UE.

Muchos lamentaron que el referéndum sobre el brexit acabara siendo un referéndum sobre la inmigración. ¿Qué pasará con los inmigrantes, o la inmigración en general, en el Reino Unido?

No es verdad. El tema de la inmigración estaba realmente en los medios y era central para ellos, pero en ningún caso lo era para las campañas oficiales. No era central para los políticos que pertenecían a las campañas oficiales. El tema de la inmigración fue llevado como estandarte por la campaña de UKIP, que no consiguió ser la campaña oficial. Y su líder, Nigel Farage, es una persona que no tiene ninguna responsabilidad actualmente en las negociaciones del brexit ni en el Gobierno. Es una persona que estuvo siempre fuera de la línea de la campaña oficial. Siempre ha dicho exactamente lo que le ha dado la gana. Es más, creo que Nigel Farage no quería la victoria del brexit porque esto significa automáticamente la muerte del partido que él ayudó a crear, y el final de su carrera.

En lo que se refiere a la inmigración, el voto al brexit no era un voto para cerrarse dentro de sus fronteras, un voto nacionalista, un voto como el del Frente Nacional, por ejemplo. El voto al brexit fue un voto, y se dijo así desde la campaña oficial, con el que derrumbar las fronteras que la UE nos ha obligado a poner y que impiden a los países de la Unión conectar con el resto del mundo. No es que el Reino Unido quiera dejar de tener inmigrantes, sino derribar sus fronteras y poder atraer a personas del resto del mundo, sobre todo de su expansión tradicional como la Commonwealth.

El mismo día de la victoria del brexit, las búsquedas en línea sobre sus consecuencias crecieron el 250%. ¿No crees que la gente votó sin conocimiento de causa o que, de alguna forma, hubo un voto irresponsable?

Lo cierto es que tampoco sabemos quiénes lo buscaron. A lo mejor lo hicieron las personas que votaron a favor de quedarse en la UE y, puesto que les habían vendido que era imposible que el brexit ocurriese, no se informaron. Son 16 millones de personas las que votaron quedarse: a lo mejor son ellas las que han motivado este incremento. De todas maneras, y asumiendo que fuesen los que apoyaron el brexit las personas que se informaron sobre sus consecuencias ese día, me niego a pensar que la gente es estúpida.

Creo que las personas son responsables y que, cuando votan una determinada opción, lo hacen por una razón. Nosotros, en la campaña, dimos un montón de información; se escribieron libros, se escribieron panfletos; se hicieron vídeos explicativos. Se hizo una película. Y estamos convencidos de que nuestra información llegó a la mayoría de los votantes del brexit. Es más, estamos convencidos de que el mayor porcentaje de personas que apoyaron el brexit lo hicieron pensando y habiendo leído toda la información que pusimos a su disposición.

Daniel Hannan, eurodiputado británico, escribió un libro titulado Why vote leave en el que se explican todas y cada una de las razones por las que se debería votar leave. Su publicación ha sido un bestseller en el Reino Unido. Dicho esto, es importante dejar claro que muchísimas personas se informaron sobre por qué tenían que votar a favor de abandonar la UE. Seguramente hay muchísimas personas que pensaban votar a favor de la permanencia en la UE pero, después de leer toda la información que pusimos a disposición de la sociedad, cambiaron de opinión y votaron por elbrexit.

La libra ha caído y las previsiones del Fondo Monetario Internacional respecto al Reino Unido no son particularmente buenas. ¿Son datos que tienen que preocupar?

Yo creo que es importante ver lo que dice el Fondo Monetario Internacional, al igual que hay que ver lo que dicen todas las agencias de rating. Además, es importante estar pendiente de lo que está pasando con la Bolsa en toda Europa. No obstante, se decía que el brexit iba a ser la catástrofe para la libra, para la economía británica, y por ahora, donde hemos visto la mayor catástrofe es en la Bolsa italiana. Es obvio que la libra ha caído y, hasta ahora, no ha conseguido tener el valor que tenía antes del referéndum, pero se está recuperando.

Hemos visto cómo grandes multinacionales y compañías, que antes del referéndum amenazaban con cambiar sus sedes a otros países de la UE, ya han dicho que no se van a mover. Es cierto que el brexit ha afectado la economía porque se ha rebajado las expectativas de crecimiento. No obstante, el mismo FMI acaba de reconocer que el Reino Unido sí va a crecer; menos de lo que se tenía pensado, pero que lo va a hacer. Por cierto, ¿acaso todos estos organismos siempre han acertado hasta ahora?

A propósito del referéndum, Cataluña se asoma. ¿Crees que el Estado central debería llegar a un pacto con Cataluña sobre la posibilidad de convocar un referéndum y decidir sobre su futuro?

Yo creo que los referéndums son una cosa sanísima y útil para decidir casos importantísimos como este. Ahora bien, encuadrar la realización de un referéndum solo en una comunidad autónoma en el marco constitucional español actual es muy difícil.

Pero mi respuesta a la pregunta de si estoy a favor de que la gente y los pueblos se manifiesten y decidan su futuro es un sí rotundo. Creo que nadie querría vivir en un país que no permite que sus ciudadanos se expresen. En todo caso, creo que con voluntad sí que se podría hacer, porque al final las leyes se pueden cambiar. De todas maneras, si en algún momento vemos un referéndum en Cataluña, yo estaré intentando convencer a la gente para que se quede.

Entrevista en El Huffington Post

Anna Martínez-Millán: “Hay que romper con los prejuicios del ‘modelo occidental universal correcto”

2016-04-29-1461953529-1921420-Capturadepantalla20160429alas20.11.26

Anna Martínez-Millán (Sabadell, 1987)  es graduada en Antropología Social y Cultural y Máster en Investigación en Educación con especialidad en Desigualdades, Investigación y Acción educativa, ambos por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Especializada en antropología de la educación, infancia y migraciones desde 2014, forma parte de la junta directiva deKali Zor, asociación gitana activista y de intervención social de Badalona, donde desempeña tareas de comunicación, redacción y coordinación de proyectos europeos.

Antes que nada, ¿crees que es posible acabar con la discriminación hacia el colectivo gitano o, al menos, gran parte de ella, a medida que la sociedad avanza?

Yo creo que sí. Además, si no lo creyera, ¿entonces cómo encontraría yo la motivación para dedicarme a Kali Zor? En todo caso, reconozco que es un proceso complicado, que pasaría por cambiar el paradigma de pensamiento en general. Es decir, requeriría que dejáramos de pensar desde un punto de vista etnocéntrico: dejar de juzgar en función de nuestros parámetros; dejar de ver la diversidad como un obstáculo y empezar a entenderla como un valor en sí mismo. Dicho esto, hay que romper con los prejuicios del ‘modelo occidental universal correcto’ a partir del cual todo lo que no se adecúa resulta ser un problema, y empezar a actuar sobre nuevas bases. ¿Se trata de un proceso complejo? Sí, pero creo que es una lucha que vale la pena, y quiero participar activamente en ella.

¿De dónde nace tu interés por el activismo gitano?

Los libros y artículos que he leído sobre el tema y, sobre todo, mi participación en Budapest, en un programa de Intensive Erasmus sobre los genocidios gitano y judío llevados a cabo por el régimen nazi, despertaron en mí un enorme interés por la defensa de la causa gitana. Después de ese encuentro de doce días en Cracovia, me ofrecieron la posibilidad de ser voluntaria de TERNYPE, una red de asociaciones gitanas europea, para organizar un evento internacional en Cracovia en el verano de 2014. En ese encuentro, conocí a politólogos y antropólogos gitanos que acabaron de suscitar en mí este interés por el activismo gitano. Al verano siguiente asistí en Rumanía a otro evento, que es donde conocí al presidente de Kali Zor, Alfonso Amaya. Me comentó que la asociación se había constituido hacía poco y me propuso ayudarlos. A mi vuelta me reuní con ellos y comenzamos a trabajar juntos.

¿Quién hay detrás de Kali Zor, además de ti? ¿Qué haces exactamente en la asociación?

Somos cinco en total en la junta directiva: Alfonso Amaya, que es el presidente; Vicente Rodríguez, que es el responsable de las relaciones internacionales (un gitano que empezó vendiendo calcetines, pero que ahora sale en la lista Forbes); Gemma Casanova, que se encarga de la página web; David Sarroca, que es el director de proyectos, y yo, que soy la responsable de comunicación, pero además redacto proyectos y coordino… Por más que cada uno tenga encomendadas unas tareas específicas, en lo que se refiere a los proyectos, todos intentamos implicarnos y trabajar juntos.

¿Cómo se financian los proyectos de Kali Zor? ¿Facilitan las subvenciones la unión con las comunidades gitanas de otros lugares de Europa?

Los encuentros juveniles internacionales se financian con subvenciones del programa Erasmus+. Nosotros presentamos el proyecto y, si se aprueba, el programa pone a nuestra disposición los recursos económicos necesarios para su realización. Hicimos un proyecto sobre deporte y gitanos, en el que participaron tanto gitanos como no gitanos de distintos países de Europa practicando distintos deportes, impartiendo talleres y conferencias, etc.

Ahora vamos a presentar otro, sobre gitanos y educación, que consiste en invitar a gitanos de distintos países de Europa con trayectoria de éxito académico (en este caso, de Albania, Rumanía y Hungría) a Sant Roc, en Badalona, donde hay un grave problema de absentismo escolar: el 80 % aproximadamente, decían los medios de comunicación muy recientemente; de este porcentaje, la mayoría son gitanos y, en su mayoría, chicas. La idea es que vengan gitanos de diferentes países que puedan servir de referentes, ya que en el barrio de Sant Roc casi no hay referentes positivos. Queremos aprovechar la posibilidad que da Erasmus+ en materia de financiación para abrir las puertas del barrio y demostrar a este colectivo que el éxito también es posible para ellos.

¿Cuáles son vuestros proyectos a corto y a largo plazo?

A corto plazo, tenemos previsto un evento sobre educación y gitanos al que asistirá Michael Simmons, un referente en la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en los Estados Unidos que formaba parte de las Panteras Negras y también trabaja con gitanos. Darán una charla Vicente Rodríguez y Michael Simmons en el centro cívico Pati Llimona, como cierre de este acto de gitanos y educación. Tenemos programado otro evento de circo que se celebrará en agosto. Con más continuidad, llevamos una escuela de fútbol con dos equipos femeninos y uno masculino y editamos una revista.

La cultura gitana se considera bastante machista. ¿Cuál es la posición de Kali Zor sobre este aspecto?

Kali Zor no se ha posicionado hasta el momento sobre ningún tema que tenga que ver con el género, pero, desde un punto de vista personal, diría que es feminista. Ahora bien, si decimos que la cultura gitana es machista, también lo tenemos que decir de la paya, que de hecho lo es, pero a un nivel más sutil. Conozco bastantes casos de corresponsabilidad entre parejas gitanas. En todo caso, no son machistas por ser gitanos, sino porque vivimos en una sociedad patriarcal y el machismo está presente en todas las minorías que forman parte de una sociedad patriarcal.

Se expresa de distintas maneras: en el caso de los gitanos, tienen formas que chocan con las nuestras y nos llaman particularmente la atención, por eso creemos que son especialmente machistas. Dicho esto, el machismo existe en la misma medida que en la sociedad en general en tanto en cuanto somos grupos que vivimos en una sociedad patriarcal. Aquí entra mi yo personal: hay prácticas como la de la prueba del pañuelo que, como antropóloga, respeto, porque las entiendo en su contexto, pero con las que, como mujer paya feminista, tengo que lidiar. Yo definiría Kali Zor como feminista por cuanto apuesta por la igualdad de género. Como prueba simbólica de ello, tenemos dos equipos [de fútbol] femeninos, mientras que solo hay uno masculino.

¿Hay algún tema que preocupe particularmente a Kali Zor en estos momentos?

La crisis actual en España azota doblemente a los grupos más vulnerables; entre ellos, el colectivo gitano. La situación económica actual empuja a los servicios sociales a llevarse a los niños de las familias gitanas, que no saben qué hacer en estos casos. En Kali Zor nos preocupa bastante esta situación, e intentaremos aportar cierto asesoramiento jurídico a este colectivo sobre el problema; un asesoramiento, evidentemente, gratuito. Creemos que es un asunto en el que tendríamos que tomar cartas.

Entrevista en El Huffington Post

El escándalo de los papeles de Panamá: crónica de un crimen

Stand, sun, sea, palm beach chair. So one imagines a tax haven.

Si bien no me atrevería a sentenciar, bajo ningún concepto, que el escándalo de los papeles de Panamá es la crónica de un «crimen organizado», no tendría ningún reparo en señalar que se trata, a todas luces, del resultado de un innegable flirteo entre las élites económicas y políticas; todo ello ante los ojos de una ciudadanía incomprensiblemente pasiva. Es más, hasta podría reseñar la existencia de cierto beneplácito por parte de los poderes públicos, que no abordan esta compleja problemática con toda la seriedad que requiere. En este sentido, la implicación de casi dos mil españoles en este escándalo debe llevarnos, como mínimo, a reflexionar sobre las siguientes consideraciones.

Recordemos, en primer lugar, que la Constitución española prevé que todos los ciudadanos contribuyan al sostenimiento de los gastos públicos en condiciones de igualdad, de acuerdo con su capacidad económica. Ello impone a los poderes públicos el deber de promover las condiciones requeridas para que la igualdad de los ciudadanos sea real y efectiva. Es más, en las primeras afirmaciones de la Carta Magna se destaca la necesidad de garantizar la convivencia democrática conforme a un orden económico y social justo. Es por ello por lo que los papeles de Panamá importan, y mucho, porque evidencian la injusta quiebra, por parte de algunos, de una igualdad imprescindible en la contribución al sostenimiento de los gastos públicos, con una carga consecuentemente mayor sobre quienes menos recursos económicos tienen. Y lo que es peor: perjudica a los servicios públicos garantes de bienes jurídicos tan importantes como la educación y la sanidad pública, que hace aún más deficientes en una situación de crisis económica grave con recurrentes recortes millonarios. Es obvio que si los impuestos sirven para garantizar los gastos públicos, eludir su pago implica, en términos prácticos, el desmantelamiento de los servicios públicos. Además de hacer pagar a los más pobres una parte sustancial de lo que corresponde a los más ricos: el sumun del sinsentido.

Si eludir las responsabilidades tributarias tiene un impacto tan nefasto tanto en la igualdad entre los ciudadanos como en los propios servicios públicos necesarios en un estado de bienestar, el estricto cumplimiento de las normas deviene una imperiosa urgencia. Frente a una situación similar, un Estado de derecho debe recurrir a su mejor aliado, que son las normas que garantizan el cumplimiento de otras. El Código Penal español, en su exposición de motivos, reconoce que puede contribuir a la igualdad real y efectiva entre los ciudadanos. Y eso es justo lo que se ha de exigir: que el Código Penal, en la medida de lo posible, ayude a avanzar en este camino. Por ello, los delitos económicos deberían ser castigados con penas de cárcel no sustitutivas por multas económicas, a fin de disuadir a cualquier persona de sustraerse de sus obligaciones tributarias.

En conclusión, incumbe a la sociedad la obligación de dotarse de las herramientas necesarias y suficientes para hacer frente a uno de sus mayores retos: el fraude fiscal. Quiero pensar, quizá con razón, que recurrir al derecho penal debe ser el revulsivo de los estados democráticos y de derecho cuando el de las élites económicas consiste en agrandar aún más la brecha de la desigualdad. Es una cuestión de decencia.

Entrada en El Huffington Post