El curioso caso de Marcos Benavent

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La fascinación que ha generado Marcos Benavent, el hombre clave en la Operación Taula gracias a los centenares de grabaciones que ha sacado a la luz, se debe no sólo a la transformación física radical que ha sufrido en estos últimos tiempos, sino también a la supuesta revelación mística que le ha llevado a desenmascarar la citada trama de corrupción valenciana. El arrepentido Benavent, exgerente de Imelsa y hombre de confianza de Alfonso Rus, alcanzó su particular nirvana después de viajar a la selva amazónica de Ecuador, a Japón y a Ámsterdam a principios del año pasado. Fue durante esos viajes cuando se reencontró consigo mismo haciendo, por ejemplo, talleres de agricultura biodinámica, yoga y tantra, a los que se dedica desde entonces.

“Yo era un yonqui del dinero; me he llevado de todo”, reconoció Benavent ante las cámaras delante del juzgado en mayo de 2015, tras su regreso después de cuatro meses desaparecido. “Me he equivocado; asumiré lo que tenga que asumir”. Al escenificar su redención pidiendo perdón públicamente ante los periodistas, el que era mano derecha de Rus pretende categorizar la corrupción como una supuesta enfermedad o adicción (como el alcoholismo o drogadicción) de la que, después de alcanzar la luz y vislumbrar el camino del bien, todo parece indicar que el paciente enfermo por el dinero está recuperándose.

“Va a salir mierda a punta pala”, advirtió Benavent después de declarar por primera vez ante el juez, en mayo del año pasado. Y así ha sido. Gracias a sus aportaciones, hemos podido escuchar la grabación de Alfonso Rus en 2006 contando “los dos millones de pelas” de un dinero que supuestamente procede del pago de comisiones, a cambio de amañar un concurso de viviendas de protección oficial. Otros documentos han revelado cómo el Ayuntamiento de Valencia contrataba servicios con empresas vinculadas al sobrino de Rita Barberá, o cómo la exconcejala María José Alcón negociaba con Benavent para adjudicar diferentes contratos para la Mostra del Cinema del Mediterrani.

Poco a poco, la mierda ha ido saliendo y todo el grupo del PP valenciano ha sido imputado por blanqueo de dinero para la caja b del partido, lo que ha dejado a Rita Barberá en la cuerda floja mientras resiste gracias a su aforamiento por ser senadora. Además, todo parece indicar que Barberá utilizó las comisiones del 3% por la adjudicación de obras y servicios para financiar su campaña de las municipales de mayo de 2015.

En estas últimas semanas, hemos escuchado al que fuera vicealcalde de Valencia con Rita Barberá, Alfonso Grau, insinuar que Rita Barberá era consciente de la financiación irregular del PP y calificar a Benavent de psicópata por grabar durante diez años “a todo bicho viviente”. Es muy probable que en los próximos días salgan nuevos “bichos vivientes” a la superficie.

Sin lugar a dudas, lo atípico del caso Benavent no es su personalidad extravagante, sino el hecho de ver a una persona corrupta en el pasado asumiendo ahora sus errores, pidiendo perdón por ellos y mostrando arrepentimiento delante de las cámaras. Sólo él sabe realmente si la reconversión de su persona viene precedida de un arrepentimiento sincero o existen otros intereses particulares. En cualquier caso, si se demuestra mínimamente que existe una posible relación entre los talleres de yoga y tantra que realiza Benavent con su profundo cambio de moral, puede que fuese más que aconsejable que todo el PP valenciano comenzase a asistir a talleres similares para desintoxicarse de su adicción al dinero.

Entrada en El Huffington Post

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