El copiloto asesino y la prensa

Entrada censurada en El Huffington Post

Es obvio y entendible que casi todos necesitamos disponer de la máxima cantidad de informaciones posible sobre cualquier acontecimiento. Además, es recomendable que la prensa informe sobre todos los extremos de las noticias para que los ciudadanos podamos, libremente, formarnos una opinión crítica que ayude a la sociedad a reflexionar y a tomar las decisiones más sensatas de cara al futuro. No obstante, la prensa no puede ser ingenua y servir de transmisora de mensajes de asesinos despiadados. Estrellar voluntariamente un avión por el motivo que sea es un acto criminal que, como mucho, merece desprecio. En este sentido, cada vez que veo la foto del copiloto en un medio de comunicación, y sobre todo en la portada de cualquier periódico del mundo, siento y sé que ha conseguido su objetivo: que el mundo le conozca y se acuerde él aunque sea por su cinismo, por su sangre fría al arrebatarles la vida a 149 personas que confiaban en él para que las llevara a su destino.

 No es la primera vez que hechos similares copan las portadas de varios periódicos en el mundo: desde los tiroteos asesinos en los Estados Unidos hasta este grotesco siniestro en los Alpes franceses. Tampoco es la primera vez que voces críticas disienten de la decisión de los periódicos de resaltar en primera plana estas barbaridades. Bastaría relatar los hechos con las únicas y mínimas informaciones necesarias sin darles la mínima publicidad gratuita a los asesinos. A la hora de cometer sus repugnantes crímenes, estos asesinos deben saber que al mundo no le interesa saber quiénes son o eran; que a nadie le importan sus nombres sino a las autoridades para que investiguen y se haga justicia. Debemos dejar claro a todos los asesinos con ganas de heroísmo y de fama, cuanto antes mejor, que la prensa no es el camino adecuado ni para hacerse famoso ni para convertirse en héroe. No es la vía por la que un vil asesino pueda intentar cambiar ningún sistema.

 Estos actos no hacen sino evidenciar que el egoísmo humano franquea aun los límites más insospechables. Cuando ya no nos podemos fiar de un piloto para llegar sanos y salvos a nuestro destino o al menos estar seguros de que hará todo lo posible para ello, podemos, con razón, empezar a preocuparnos. Y si con razón perdemos la confianza en los demás, volvemos paulatina pero seguramente al estado del todos contra todos de la manera más encubierta: volvemos al caos. La publicidad gratuita a asesinos es letal para la sociedad. La prensa no puede hacerles el trabajo sucio a asesinos descerebrados. Estrellar un avión de forma voluntaria con 149 pasajeros a bordo es un acto criminal, pero sobre todo miserable, y debe ser tratado como tal.

 Señor copiloto, no te haré el grato favor de citar tu nombre. Además, me desentiendo de todos y cada uno de tus posibles motivos y de tus supuestos problemas psicológicos como causa de tu decisión. Tu acto ha sido premeditado. Tú no has sido valiente frente a la vida; tampoco lo has sido frente a la muerte. Tú eres una de esas muchas personas que no aceptan sus propias condiciones cuando son incapaces de cambiarlas. No nos interesa entenderte. No nos interesan ni tu nombre ni tu cara. Es más, tu acto solo puede servir para recordarnos que la estupidez humana no tiene límites. Ninguno.

Entrada censurada en El Huffington Post

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