El Estado Islámico, un cáncer por extirpar

Las atrocidades perpetradas estas últimas semanas por el grupo yihadista ISIS, autodenominado Estado Islámico, devuelve el foco sobre lo odioso que es el terrorismo y confirma una vez más que sus barbaridades no tienen límites, ni siquiera los esenciales de respeto hacia la vida humana. Las brutales ejecuciones en masa, las crucifixiones y la reciente decapitación del periodista estadounidense James Foley, todas ellas hechas públicas por el propio grupo extremista, son solo unas pocas de las múltiples manifestaciones de la crueldad que impregna las operaciones del Estado Islámico. Son muestras del radicalismo más repugnante. Este grupo terrorista, aún más radical que el propio Al Qaeda en los métodos utilizados, asesina a quienesquiera que no compartan sus mismas creencias religiosas, e incluso a los que sí lo hacen pero no son igual de radicales, así como a quienes discrepen de sus ideologías políticas.

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Uno de los mayores desafíos del mundo actual, que supone una grave amenaza para la paz y la seguridad internacionales, es, sin lugar a dudas, el terrorismo. Se trata de una nueva estrategia de combate, de una lucha estructurada en la cual el enemigo es prácticamente invisible porque se encuentra muchas veces infiltrado en la población civil y, por consiguiente, combatirlo puede ser un verdadero rompecabezas. Aun así, no difiere de las demás formas de combate en la necesidad de recursos humanos y materiales. La solicitud de un rescate de 100 millones de dólares a la familia de James Foley y al medio de comunicación para el que trabajabaprueban que les hacen falta recursos económicos para seguir su horrorosa lucha. Por otra parte, la captación de jóvenes de diferentes países para que se unan a los frentes de combate confirma que también existe una necesidad de recursos humanos. La noticia de la detención en España de dos jóvenes que iban a incorporarse a los frentes en Siria corrobora dicha necesidad.

Los bombardeos efectuados por los Estados Unidos para impedir el avance del Estado Islámico no dejan de ser una medida paliativa, porque la lucha contra estos grupos terroristas tiene que ser estructural. Es obvio que para llevar a cabo estos combates hay que disponer de armamento y munición; por tanto, la obstaculización de la llegada de dicho armamento y de los canales de suministro de la munición, o como mínimo la identificación de las fuentes, resultan claves. ¿Quiénes les suministran armas y munición, en este último caso con aún más frecuencia? Sin municiones, la lucha está controlada y destinada a desintegrarse.

Por otra parte, la decisión de armar a facciones de un país para que luche contra otra todavía más radical es una opción muy arriesgada por la que urge dejar de apostar. Se debe evitar armar a la población civil tal como viene haciendo desde hace tiempo la comunidad internacional —o, mejor dicho, las grandes potencias— por ejemplo en Siria, dado el eventual uso futuro de estas mismas armas para cualquier otra causa ilegítima. Y, en caso de armar a las fuerzas militares de los países, como acaban de hacer los Estados Unidos y la Unión Europea respecto del ejército kurdo en Irak, ha de procederse a ello, como mínimo, con condiciones de retorno de los materiales bélicos.

La comunidad internacional debe hacer uso de todos los medios tecnológicos y los mecanismos legales existentes para poner coto al terrorismo. Al tratarse de un grave riesgo para la seguridad de todos los países, los estados deben legislar sin concesiones contra la incitación, la participación o el intento de participación o cualquier apoyo al terrorismo y a las ideas más radicales, y educar e informar sobre los riesgos que supone unirse a estas luchas resaltando el menosprecio hacia la vida humana que caracteriza la actuación de estos grupos, del cual también pueden ser víctimas.

Para combatir el terrorismo hace falta una comunidad internacional sólida, responsable, consciente de los peligros que la acechan, pero sobre todo ágil en sus decisiones. Una comunidad internacional convencida de que no está hecha de la suma de países con intereses totalmente independientes, sino de países con intereses comunes por parte de los cuales son imprescindibles respuestas colectivas. La ONU como organización para mantener la paz y la seguridad se ha de reconsiderar. El derecho de veto de determinados países del Consejo de Seguridad debe ser reformado.

¿Para quiénes la expansión territorial del Estado Islámico no constituye un peligro considerable? La vulneración sistemática de los derechos humanos por el Estado Islámico y su total desprecio hacia la vida humana son la respuesta. En este sentido, no creo que pueda haber mucha discrepancia sobre la declaración de Barack Obama en que se califica al Estado Islámico como un cáncer que deber ser extirpado. Desconozco si ésta es la persona más adecuada para decirlo, pero no por ello deja de ser verdad.
¿Guerra santa? De santa no tiene nada.

Entrada en El Periódico de Catalunya

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