Por qué no ver el próximo clásico

3. 1. Manel Fontdevila. Tadiciones que se pierden

Imagínense que el fútbol estuviese prohibido, una España sin fútbol. Imagínense que el Gobierno aprobase una ley «antifútbol» que condenase la visualización de los partidos, ya fuera por los recientes escándalos de corrupción que salpican al mundo del fútbol o por la situación económicamente insostenible en la que se encuentran numerosos clubes con equipos en primera y segunda división. Imagínense algo parecido a lo que ocurrió en Somalia durante el pasado mundial. ¿Se imaginan qué es lo que sucedería? Es fácil adivinarlo.

Centenares de miles de personas, tal vez millones, ocuparían las calles protestando contra la implantación de la nueva ley. Manifestaciones encabezadas por periodistas deportivos, hosteleros, representantes de jugadores y puede que hasta por algún que otro futbolista. Quizá se concentraría más gente en las calles que durante las protestas contra la guerra tras el 11M. Posiblemente habría más personas en las plazas que durante la celebración del mundial que ganó la selección española de fútbol en 2010. ¿Cómo sería posible que la sociedad española se indignase y protestase más por la prohibición del fútbol que por los recortes presupuestarios en investigación, sanidad y educación?

Puede que la respuesta esté en que el fútbol es capaz de transmitirnos una sensación única, esa mezcla de emoción y pasión que vivimos cuando nuestro equipo marca un gol determinante o la tensión liberada a modo de adrenalina cuando el árbitro pita el final del partido. Puede que la magia del fútbol resida en la alegría compartida con nuestros amigos al disfrutar de un buen partido y al conseguir que olvidemos nuestros problemas y pensemos que todo lo demás no importa. O puede incluso que el fútbol nos atraiga porque desde pequeños ya estamos condicionados a tenerlo siempre presente en las conversaciones y a verlo continuamente en los medios de comunicación, en los que ocupa un tercio de los informativos televisivos.

Puede también que el fútbol haya transmitido a la sociedad ciertos valores de compañerismo y solidaridad mediante, por ejemplo, partidos benéficos. Sin embargo, el fútbol nos debe más a nosotros que nosotros a él. Para empezar, sin nosotros, los consumidores, el fútbol no podría concebirse como espectáculo. Imaginen a los futbolistas jugando en un estadio vacío con un silencio absoluto. Por otra parte, los equipos de primera y segunda división acumulan deudas con Hacienda que ascienden a casi seiscientos millones de euros, e incluso hay clubes que han tenido que ser rescatados por gobiernos autonómicos. Dicho esto, pensemos en todo el dinero que hemos gastado en fútbol, no solo en entradas, camisetas y prensa deportiva, sino también como contribuyentes.

Así pues, el fútbol está en deuda con nosotros. Pidámosle algo a cambio, démosle al fútbol un nuevo uso. Utilicémoslo como arma política, como un medio de protesta. El Racing de Santander ya lo ha hecho recientemente. ¿Están ustedes satisfechos con las medidas de austeridad que está imponiendo el Gobierno mientras mantiene deudas fiscales con numerosos clubes de fútbol? ¿Están conformes con los continuos casos de corrupción asociados al ámbito político y futbolístico? Si la respuesta es no, apaguen el televisor y la radio y no consulten ningún otro medio de comunicación deportivo durante la retransmisión del partido que disputarán el Real Madrid y el F. C. Barcelona el próximo 23 de marzo. No acudan a los bares con sus amigos para ver el encuentro. Permanezcan pasivos ante el clásico. Imaginemos el efecto mediático que supondría toda una sociedad española que ignora completamente el partido que para muchos es el más importante del año. Imaginemos las consecuencias que supondría paralizar el sistema durante un instante. Inventemos nuevas formas de protesta, seamos creativos. No nos limitemos a salir a la calle una vez cada cuatro meses y a firmar cartas virtuales. Aprovechemos nuestro poder mediático como espectadores. En definitiva, ¿están dispuestos a sacrificar el fútbol para mejorar sus vidas?

Apaga el Clásico

Entrada en El Periódico de Catalunya 

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2 pensamientos en “Por qué no ver el próximo clásico

  1. Pingback: Yo no veré el clásico | ValenciaDigital

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